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La insolencia de ver lo prohibido de quien detenta el poder se castiga. Teresías, el atrevido, vio la desnudez de Atenea, la virgen guerrera hija del todopoderoso Zeus, mientras esta se bañaba. El pecado de ver desnuda a la poderosa es imperdonable. Sin pensarlo dos veces la diosa indignada condenó a Teresías a la oscuridad y ciego lo dejó.

El foco impertinente de la prensa, el que sabía de autocensura, de actuar medido, siempre consciente de la posibilidad de ser exonerado por ser insolente con la elite política de un lado y de otro, este año se desmadró. El acuerdo cruzado de no agresión se rompió. Con las redes sociales como aliadas poco se tardó en diseminar lo insólito: estaban cayendo los intocables, delante de todos, por más encumbrados que estuvieran en el panteón.

Cayó estrepitosamente Rodrigo Peñailillo, niño símbolo de los G-90, el ministro mejor evaluado, el primus inter pares, el favorito, la mejor carta para asegurar el recambio generacional de la política progresista. Entregó información incompleta en momentos de crisis y hoy espera que los tribunales den un veredicto sobre su responsabilidad en financiamiento ilegal de la campaña de la Presidenta.

En junio de este año, un grupo de militantes de la Juventud Socialista, valientes y desfachatados, le piden al Tribunal Supremo del Partido Socialista investigar vínculos del senador Rossi con SQM. El tribunal se toma su tiempo y solo el 23 de septiembre desestima investigar al respecto. Rossi a esas alturas ya había congelado su militancia. Justicia interna lenta en la casa de Allende, los tribunales de justicia fueron más rápidos.

Pizarro es apuntado con el dedo por el don prodigioso de su hijo de realizar “asesorías verbales”, pagadas con boletas a honorarios vinculadas al caso Penta, en la arista de Soquimich. Terminó el senador de sepultar su prestigio viajando al mundial de rugby, mientras su zona padecía los azotes de la naturaleza. Indolente, el senador defendió su actuar. La ciudadanía y la militancia de base de la DC se hizo escuchar.

Jovino Novoa, el intocable, el admirado, aquel a quien tanto le debe el partido popular, recibe una sanción judicial impensada hasta hace un tiempo, siendo condenado a tres años de presidio menor en su grado medio, suspendiéndole además sus derechos para ejercer cargos públicos mientras dure su condena. La gente de bien, el padre del gremialismo, el hijo ilustre de la casa de estudios del Cristo con los brazos abiertos, ex Subsecretario General de Gobierno del general sangriento, no llega a esas instancias: eso no es bien visto. La sanción tiene un valor por sobre todo simbólico, pues bien sabemos que en nuestra tierra es más grave piratear cds. Eso sí merece la cárcel.

Ezzati y sus mails revelan el modus operandi que implementa la Iglesia para enfrentar al deslenguado. Alguien ve los mails y los publica pensando que tal vez eso no estaría bien ante los ojos del santísimo. Ezzati se enfrentó a Cruz a través de los medios. La propia Presidenta Bachelet, ante el caso Caval, dice con fuerza que nadie está por sobre la ley y se está a la espera de lo que los tribunales diriman, aunque la prensa ya crucificó y elucubró hasta el cansancio.

Este año quedará probablemente registrado en la historia de nuestro país como un hito importante en el quiebre de los pactos de silencio, los cuales suelen señalarse como un acto propio de las Fuerzas Armadas, sin embargo, la trama del poder, tanto en la derecha como en los sectores progresistas, también se sostiene en base a “pactos de silencio”. ¿O usted me va a decir que nadie sabía en el PS de las relaciones impropias que sostenía el senador Rossi con SQM o que nadie sospechó del uso de boletas falsas de Novoa? ¿Usted de verdad cree que estos son solo hechos aislados?

Cuando la clase política señala que se “informó por la prensa”, o que “no estaba al tanto de lo sucedido”, resulta evidente que alguien, que hasta ahora se quedaba callado presenciando aquello poco decoroso, decidió hablar. Esto obviamente no va solo asociado a la virtuosa condición humana de defender la verdad, pues en general lo que se busca es, a partir de la evidencia del acto torcido, restar prestigio para disputar una posición de poder. Lo bueno es que quien busca ocupar esa vacante sabrá que le van buscar con lupa la basurita, la cochinada y aquello podría actuar como efecto disuasivo.

La desconfianza instalada es una oportunidad para que la ciudadanía se atreva por fin a hacer a la clase política esas preguntas “incómodas” que nunca antes se le ocurriría haber hecho, como por ejemplo, profundizar sobre el origen del patrimonio económico del político o de su familia. La misma situación enfrentan las bases de los partidos políticos que han sido principalmente “carne de campaña” desde que volvió la democracia. Seguidoras ciegas del candidato que las bendice si recuerda su nombre, si se toma un té en su casa y más aún si al demostrar esa devoción ciega, les concede ese puestito tan codiciado en la municipalidad o en el ministerio que está en mano de los suyos.

Poco a poco se instala la posibilidad de interpelar, de no creer a ciegas, de no tragarse el argumento laxo, y eso es bueno, a pesar de los costos que se han tenido que pagar. Ya se teme menos a quedar ciego como el insolente Teresías por mirar lo prohibido que ocultaba el poderoso. La casta política, hija de Atenea, sabe perfectamente que todos están esperando verla en pelotas.

*Ex jefa de gabinete
de Sebastián Dávalos