Mourinho

En la temporada que se presumía iba a ser la de la consagración del proyecto de José Mourinho en el Chelsea, el entrenador portugués abandonó el club por la puerta de atrás después de un inicio penca en lo deportivo y tras haber acumulado multas, sanciones, suspensiones y mucha polémica.

Las nueve derrotas en 16 partidos de liga, la temprana eliminación en la Capital One Cup a manos del Stoke y los rumores sobre un vestuario fragmentado parecen haber colmado la paciencia del dueño del club, el magnate ruso Róman Abramóvich, a quien no le ha temblado la mano para deshacerse del luso.

Pese a haber firmado hace cuatro meses una millonaria renovación hasta 2019 -con un sueldo de 250.000 libras semanales- y de contar con el apoyo mayoritario de los aficionados ‘Blues’, Abramóvich ha puesto este jueves fin a la segunda etapa del luso en Londres.

El autodenominado ‘Special One’ (El especial) se va de los ‘Blues’ por segunda vez sin haber logrado el principal objetivo que le marcó el dueño a su llegada en 2013, ganar la Liga de Campeones, y dejando al equipo a un punto del descenso.

Las cosas se le empezaron a torcer al de Setúbal en la jornada inaugural de la temporada, marcada no por el sorprendente empate en casa contra el Swansea (2-2), sino por el conflicto público que tuvo con la médico del club, Eva Carneiro.

En los instantes finales del duelo, Carneiro y el fisioterapeuta del equipo, John Fearn, salieron a toda velocidad del banquillo para tratar a Eden Hazard, aquejado de un fuerte golpe en el estómago. La rápida reacción de éstos enfadó a Mourinho, que no les había dado autorización para entrar en el terreno de juego y reprochó la incursión de ambos en el campo.

El portugués tildó a Carneiro de “impulsiva e ingenua” y la criticó duramente en rueda de prensa: “Estoy descontento con mi cuerpo médico. Todos en el club tienen que saber entender el juego, ya seas el utilero, el médico o el delegado de campo”, dijo entonces Mourinho.

Las críticas a la médico inundaron los medios de comunicación y sumaron al club en una situación de tensión permanente, que se acrecentó por los pobres resultados en el terreno de juego y sus quejas sobre los árbitros prácticamente cada semana.

La eliminación en la Copa del la Liga, las dudas en la Champions y las continuas derrotas en la Premier League, unidas a las multas y a las suspensiones por las críticas a los árbitros precipitaron el cese del técnico.

En octubre, Mourinho fue sancionado con un partido de suspensión y una multa de 50.000 libras (69.500 euros) por criticar a la Federación Inglesa de Fútbol (FA). El luso afirmó que los árbitros tenían “miedo” de señalar penaltis a favor de su equipo tras caer 1-3 en Stamford Bridge con el Southampton.

Un par de semanas después volvió a ser castigado con una multa de 40.000 libras (55.600 euros) y otro partido por su “conducta” -fue a hablar con el árbitro durante el descanso- en la derrota a manos del West Ham (2-1).

A estas polémicas se le sumó la rebelión de un vestuario descontento con el técnico. Los rumores sobre la fragmentación en seno de la plantilla afloraron en la prensa, que aseguraba que futbolistas como John Terry, Nemanja Matic, Diego Costa, Cesc Fàbregas o Eden Hazard buscaban la destitución del luso.

En su último partido liguero (derrota 2-1 con el Leicester), Mourinho cargó contra sus jugadores, con los que dijo sentirse “frustrado y traicionado”, lo que volvió a encender los rumores sobre su inmediato cese.

“Siento que mi trabajo ha sido traicionado. Tengo que mirar a los ojos a algunos jugadores y preguntarles si sienten al Chelsea como lo siento yo”, dijo el luso visiblemente molesto.

“Una posibilidad es que la temporada pasada hiciera un trabajo asombroso y llevara a los jugadores a un nivel que no es el suyo y que ahora no pueden mantener”, insistió Mourinho, en la que a la postre fue su última conferencia como entrenador del club.