bastian

Ese día, el 8 de diciembre del 2010, Marcela Arriagada tomó una micro temprano para ir a desayunar con su hijo. No había visto la televisión antes de salir. Llevaba una bolsa con encargos y comida. En el camino conversó con otra madre que iba a visitar a su hijo en la Cárcel de San Miguel. El tuyo, ¿por qué cayó? -Por vender discos piratas y no ir a firmar, lleva pocos días, le contestó, Marcela. -Puff, qué tontera, replicó la mujer. Ambas se bajaron y caminaron en dirección a la cárcel. Había olor a quemado, pero Marcela nunca imaginó lo que había pasado en la madrugada al interior de la torre 5, donde dormía su hijo, Bastián Arriagada.

Otra mujer que venía desde la cárcel, se acercó corriendo a ellas y gritó: “están muertos, se quemaron vivos los reos”. Marcela comenzó a correr, no podía creer lo que había escuchado hasta que llegó a las puertas de la cárcel y vio a la policía, los familiares desesperados, las cámaras. Aún incrédula y shockeada, estaba segura que su hijo estaba a salvo. Que a él no le había pasado nada.

“Al principio no había información. Siempre tuve la esperanza que él estaba bien. Luego comenzaron a llamar por megáfono a los familiares de los heridos y no me mencionaron, de ahí, como a las 13:00 hrs., vino el turno de los fallecidos. Me hicieron entrar, me dijeron que mi hijo estaba muerto, gente de blanco me ofreció pastillas. No las acepté, después no me acuerdo mucho. Me fui a negro”, recuerda Marcela sobre ese día.

Bastián Arriagada, 22 años, era vendedor ambulante de San Bernardo. No era un criminal. Vendía películas piratas para ganarse la vida. Terminó el segundo medio y dejó el colegio. Ya de chico era buen comerciante, entre sus compañeros vendía golosinas. Las mismas que solía devorar. Camilo, como le decían en su casa, era conocido en su barrio como “el guatón”. Pesaba 110 kilos y medía 179 mts. Su mamá cuenta que era el rey del completo y los chocolates.

Era un reo primerizo, antes solo había estado con reclusión nocturna por el mismo delito. El 8 de diciembre llevaba 27 días en la cárcel de San Miguel y le quedaban 34 para salir. Fue condenado a cárcel efectiva por infracción a la ley de propiedad intelectual, un delito menor. Por eso, Bastián se convirtió en un símbolo de la peor tragedia carcelaria que ha sacudido el país y que costó la vida de 81 reos. San Miguel tiene capacidad para 1100 prisioneros, esa noche había 1924, custodiados por 100 gendarmes que se dividían en tres turnos.

“Era cariñoso, alegre, trabajador. Desgraciadamente tuvo mala suerte. Cuando estaba preso, me pidió que le buscara los papeles porque quería terminar el colegio. Yo lo retaba, le decía que no vendiera películas piratas, que se lo podían llevar detenido, pero no me hizo caso, él repetía que no pasaba nada”, recuerda Marcela.

Según cuenta su madre, Bastián se había cambiado hace poco al cuarto piso de la torre 5, que compartía con criminales de alta peligrosidad y otros primerizos, como él. Se fue ahí en busca de la protección que ofrecía un grupo de evangélicos. Esa noche murió asfixiado. “Nunca me voy a conformar, fue tremendo, tenía ataques de llanto, crisis de pánico, no podía trabajar, estuve yendo al psicólogo, pero eso no me curó la herida. Por las noches lo esperaba y no llegaba, todavía sueño con él”, relata Marcela.

Una vez que el Servicio Médico Legal le entregó el cuerpo a la familia, lo velaron en su casa durante dos días seguidos y tuvo un funeral masivo. “El gobierno nunca me llamó ni me ayudó en nada, ni siquiera me ayudaron a pagar el funeral ni el entierro. Corrimos con todos los gastos. Fue bonito, porque él era muy querido, vino cualquier cantidad de gente, estaba lleno el pasaje. El festejo pasó por el centro de San Bernardo, le tiraban globos blancos y hubo fuegos artificiales. Los únicos que me llamaban eran los abogados buitres que andaban detrás de la indemnización”, recuerda.

marcela

“Los Novoa, los Dávalos, por qué no van presos”

Marcela es madre soltera de cuatro hijos, tres vivos, cuida enfermos para mantener a su familia. Vive en una casa trasera en el barrio de ferrocarriles de San Bernando, una de las comunas más pobres del país. No ha recibido indemnización alguna del Estado, no sabe en qué está la causa judicial y asegura que tampoco le interesa. Ya no cree en los tribunales. “No me interesa la indemnización, con plata no me van a devolver a mi hijo. La vida de Bastián no tiene precio. Nada va a sanar el dolor y el vacío que siento. Mi hijo no debió ir preso, no era un delincuente, lo echo mucho de menos, todos los días pienso en él,” afirma.

Tiene rabia contra la justicia, el juez que llevó la causa de Bastián, Rodrigo Hormazábal, y contra los reos que iniciaron el incendio. Por eso ha preferido mantenerse al margen de la agrupación “81 razones por luchar” que reúne a los familiares de las víctimas. “Ese juez me quitó la mitad de mi vida, no sabe el dolor que dejó en mí. Bastián era culpable de vender películas, ni siquiera las copiaba, se las pasaban, pero no era un peligro para la sociedad, como para que lo metieran preso”, reflexiona Marcela, en el living de su casa. Sobre un mueble que divide el espacio con la cocina, hay un enorme cuadro con la foto de su hijo.

Dice que por estos días, con el desfile de políticos por tribunales cuestionados por el financiamiento irregular de sus campañas y fraude al fisco, ha sentido mucha rabia. “Es injusto, los políticos roban, hacen lo que quieren, hay mucha corrupción, ninguno tiene pena de cárcel. ¿Qué justicia hay para los pobres?, ninguna. En Chile los ricos hacen lo que quieren. Las prisiones son para los pobres. El hijo de la Presidenta qué no hizo y está libre. Dávalos es más corrupto que mi hijo. Hay justicia para unos y para otros no”, acusa.

Sebastián Dávalos ha declarado como imputado ante el Ministerio Público por los posibles delitos de traspaso de información, negociación incompatible y cohecho en torno al millonario negocio del Caso Caval. La firma propiedad de su mujer, Natalia Compagnon y Mauricio Valero, obtuvo un crédito por 6.500 millones sin mayores respaldos en el Banco Chile para adquirir tres predios agrícolas en Machalí, que luego fueron vendidos por 9 mil millones con la promesa que se cambiaría el uso de suelo y podrían desarrollarse proyectos inmobiliarios.

Hace poco su sobrina le mostró a Marcela la imagen que circula en redes sociales de Bastián y Jovino Novoa comparando las condenas de ambos casos. “Me da rabia, ese señor Novoa también, ni un día en la cárcel hacinado, viviendo en la inmundicia. No poh, recluido en su casa. Ellos no van a esas cárceles y si van, se van a las de lujo, como la Yabar. Cuál es la diferencia, que tienen poder. Novoa se merecía ir a la cárcel por ladrón”, dice molesta y cuenta que le cargan los políticos porque solo aparecen para pedir los votos.

El 02 de diciembre el ex senador Jovino Novoa, tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía para ir juicio abreviado, fue condenado a tres años de presidio menor y pagar una multa de 7 millones y medio por delitos tributarios, que incluyen facilitación de facturas y boletas idelógicamente falsas, en el marco del Caso Penta. Desde que estalló el caso, se le apuntó como el recaudador y repartidor de platas para campañas de la UDI. Anteriormente, tras ser formalizado el 6 de julio, estuvo bajo arresto domiciliario, pero la condena final no incluyó pena efectiva.

novoa

Entre 2008 y 2010, Bastián fue detenido seis veces por vender películas piratas en la vía pública, se emitió orden de detención en su contra. Su defensora pública, María Paulina Podlech, lo convenció de presentarse voluntariamente ante el juzgado para regularizar su situación. A la primera audiencia llegó tarde, le fijaron una segunda para el 11 de noviembre de 2010. Ese día el el juez Hormazábal recordó sus anteriores condenas y las firmas que tenía pendiente ante Gendarmería. La Fiscalía pidió que revocara los beneficios, el juez accedió y mandó preso ese mismo día a Bastián. Hormazábal en la audiencia sostuvo: “esto le servirá para que entienda a gravedad de las acusaciones”, según informó la revista El sábado, en 2011.

“No me avisó cuando fue a tribunales porque sabía que yo lo iba a retar. Lo dejaron preso porque no había firmado anteriormente. Me dijo que si pagaba una fianza de 800 mil pesos podía salir, junté la plata y la llevé, pero no me la aceptaron porque me explicaron que la condena la tenía que pagar con cárcel”, sostiene Marcela.

A cinco años de la tragedia que le costó la vida a su hijo, la mamá de Bastián revela que sigue celebrando el cumpleaños de su hijo el 8 de octubre y que no logra superar lo sucedido, menos en estos días que se acercan las fiestas de fin de año que reúnen a su familia. “Todavía le cambio las sábanas a su cama, tengo mis días, a veces estoy tranquila. Estas fechas para las fiestas son difíciles, me desespero y me cuesta controlarme. Es mi hijo y lo extraño mucho. Nunca me voy a conformar”, concluye Marcela.