Ignacio Walker A1

 

“Hay que dejar de gobernar en base a la sorpresa y al secretismo, y volver a gobernar en base a la confianza”, sostiene en entrevista con El Mercurio el senador y expresidente de la DC, Ignacio Walker.

Los dichos del excanciller durante el gobierno de Lagos se enmarcan en el impasse Bachelet-Burgos, tras el viaje secreto de la Mandataria.

Según opina, “ese es el tema de fondo detrás del episodio de La Araucanía”.

“El secretismo siempre es malo. Si alguien aconseja a la Presidenta sorprender al país, o a su propio equipo, cada cierto tiempo, le está dando muy malos consejos. Ahora sorprendieron al propio ministro del Interior, y eso no puede ser”, afirma.

A propósito del secretismo, dice que “hay que cuidar a la persona de la Presidenta, y a la institución de la Presidencia, sobre todo su relación con su equipo político, lo que tiene una fuerza más importante y una formalidad republicana más significativa que el Segundo Piso”.

Walker también habla de lo que considera cierto distanciamiento entre la Presidenta y los partidos.

“Ha existido una cierta percepción, compartida no solo en la DC, sino que en los distintos partidos de la Nueva Mayoría y a veces en el propio Gobierno, de que la Presidenta se ha ido aislando. Esto es malo, porque los liderazgos tienen un componente personal, pero también una dimensión de trabajo colegiado”.

Atribuye el hecho a que quizá tenga que ver con que “le ha tocado un año muy difícil, eso es por lo menos un atenuante”.

Ahora, insiste en que “los episodios que hemos visto dan cuenta de ese desencuentro. Y no podemos conversar con titulares de diarios, con trolleos de Twitter, tenemos que conversar cara a cara con la Presidenta. Es insustituible el propio liderazgo de la Presidenta”.

Para recomponer relaciones, responde que “todos somos responsables, pero quisiéramos sentirla más cercana y quisiéramos que nos sintiera ella más cercanos, para poder realmente tener un rumbo que nos permita ordenar la acción del Gobierno”.

“La cercanía produce un camino virtuoso; y la distancia, los ruidos que hemos conocido. Entiendo que en el segundo tiempo viene un cambio de actitud. El país no tolera un segundo tiempo con la improvisación y desprolijidad del primer tiempo, este es un momento de rectificación, no podemos seguir haciendo más de lo mismo”, sospecha.