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“Se supone que en la milicia no deberían pasar estas cosas”, dice Guido San Martín. El exconscripto forma parte del grupo de 20 soldados que desertaron en agosto de 2015 producto del hostigamiento vivido en el Regimiento de Artillería Nº1 Tacna, luego de denunciar un caso de cobros irregulares de implementos de abrigo por parte de sus superiores, el mayor Rodrigo Manríquez, el capitán Álvaro Recabal y el cabo Francisco Almuna, que hoy son investigados por la Fiscalia Militar acusados de exacción ilegal.

La plata no era mucha, sin embargo, las consecuencias del reclamo les quitarían todo ánimo para seguir su servicio militar.

Junto con denunciar a sus superiores en la fiscalía, el grupo de jóvenes relataron a The Clinic Online una serie de abusos que sufrieron mientras eran parte del Ejército: cachetazos en el cuello y golpes de nudillos en la cabeza y el esternón, además de insultos, amenazas y ejercicios en exceso que terminaban con varios de ellos vomitando.

Por otro lado, el único militar -Rafael Harvey- que los apoyó en sus reclamos por los cobros de uniforme, fue acusado de incitar la deserción de los conscriptos y estuvo en prisión preventiva durante tres semanas. Harvey aún enfrenta ante la justicia militar el proceso en su contra.

A 3 LUCAS LOS GUANTES

El 22 de abril de 2015 las autoridades del Regimiento Tacna reunieron a todos los conscriptos del cuartel, que habían ingresado hace un par de semanas a hacer su servicio militar. Entre ellos, esperaban los 38 soldados de la Tercera Batería de Combate, comandada por el capitán Rafael Harvey.

El capitán Álvaro Recabal Cervantes les informó que cada uno debía pagar, por orden del mayor Rodrigo Manríquez Lerou, por la vestimenta que utilizarían en el servicio: 3 mil pesos por un par de guantes, un gorro y una coipa, especie de pasamontañas. Además de mil 400 pesos por los parches que debían coser en su uniforme. “Pelao que no paga, no sale franco”, dijo Recabal refiriéndose al descanso de los soldados, generalmente durante el fin de semana, según consta en la denuncia que presentó en nombre de diez conscriptos la Oficina de DDHH de la Corporación de Asistencia Judicial de Santiago.

Como detalla el documento, al que tuvo acceso The Clinic Online, el monto reunido en la Tercera Batería de Comabte fue de $167.200, cuyo destino aún es desconocido. Aunque el monto es menor -no para los jóvenes que tuvieron que pagar- las dudas que florecieron en ellos en ese momento no estaban equivocadas. El hecho era irregular y los jóvenes tenían razón. Según confirmó el propio Ejército a este diario, la vestimenta para quienes deciden realizar el Servicio Militar, se entrega gratuitamente. Sin embargo, el grupo de conscriptos -bajo presión- desembolsó el dinero requerido, que fue recolectado por el cabo Francisco Almuna Poblete. Según el relato de Harvey, se le cobró también a los otros militares del regimiento.

Los jóvenes estaban confundidos, pues tenían altas expectativas del mundo militar y el servicio era, para algunos, la manera de asegurarse un futuro. Dentro del grupo que desertó, la mayoría viven en la Región Metropolitana y provienen de comunas como Peñalolén, Maipú, San Bernardo, Buin, entre otras. Casi todos terminaron la educación media, pero muy pocos pensaron en ir a la universidad. Sin excepción, los soldados pretendían hacer carrera en el mundo militar y abrirse camino. “Yo quería hacer algo en la vida”, explica The Clinic Online Mauricio Abarca, uno de los veinte conscriptos que habían ingresado voluntariamente al servicio.

EL INFIERNO DE TACNA

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Meses después de pagar por la vestimenta, en julio, la historia de la venta irregular de implementos se transformaría en una pesadilla. En el regimiento se enteraron de los reclamos de los conscriptos y comenzó una persecución en su contra. Varios jóvenes sufrieron apremios ilegítimos prohibidos en el Ejército, como los “parche rojo”, fuertes cachetazos en el cuello que producto de su fuerza dejan la piel colorada o los “matachancho”, serie de golpes con los nudillos en la cabeza y en el esternón. Algunos de los jóvenes, como Guido Manríquez (19) tuvieron que soportar los abusos más que otros. “El cabo Almuna, que era el que hacía estas cosas, se ensañó conmigo. Una vez me dijo frente a todos que si no tenía el parche del Ejército, me sacaría la chucha. Pero era una cosa más o menos común. Si no les gustaba algo que dijiste o hiciste, se acercaban y te pegaban. Si no, te amenazaban con que no te iban a dejar salir franco o que te iban a dar días de arresto”, cuenta a este diario.

Los jóvenes, según relataron a este medio, aseguran que la teniente Macarena Cabrera Cantellano los amenazó varias veces. Los exconscriptos San Martín, Daniel Espejo y Erick Vergara cuentan que les dijo que si hacían algo contra ella los iba a investigar a todos gracias a que su hermano era de la Policía de Investigaciones. Sin embargo, antes de que se concretara su amenaza, sufrirían otro tipo de abusos. En castigo se los “aporreaba”, término que se refiere a los ejercicios físicos en exceso, incluyendo rutinas como el “trípode”, donde el soldado se coloca de cabeza con las piernas abiertas y con el evidente peligro de sufrir lesiones en la columna. Después de esas intensas sesiones, varios conscriptos vomitaban. Dos de ellos, denunciantes en el caso de los cobros irregulares, terminaron con lesiones en la espalda producto de ellos.

El 10 de julio de 2015, el capitán Rafael Harvey envió un reclamo al Comandante en Jefe de la II División Motorizada, Lázaro Schafik Nazal, a cargo de varios regimientos a lo largo de Chile, entre ellos, el Nº1 de Artillería Tacna. En ese texto explicó la situación del extraño cobro de los implementos de abrigo e informó que el mayor Manríquez y el coronel Masalleras -máxima autoridad del regimiento- conocían la situación luego que él mismo los avisara, sin obtener solución ni explicaciones. Un mes después denunció los abusos y golpes al Comandante del Grupo de Artillería de la II División Motorizada.

A diez días de su reclamo ante el comandante, el 20 de julio pasaron a Harvey a Escalafón de Complemento, medida que es vista por sus abogados Álvaro Aburto y Nelson Caucoto, como un castigo por sus continuas exigencias de transparencia a sus superiores. Esto, a pesar de estar en Lista 1, la mejor calificación para un militar. Semanas después, le informaron que no estaría más a cargo de los muchachos de la Tercera Batería de Combate y en cambio asumiría la Teniente Macarena Cabrera.

Un 18 de agosto en la noche, el militar visitó a los conscriptos para despedirse. Los malos tratos que recibían por haber reclamado los cobros tenían a una buena parte de los muchachos desmoralizados. Ellos le preguntaron qué podían hacer con la situación y el capitán les explicó que les asistía el derecho de denunciarla ante la Fiscalía Militar y en la Oficina de Asistencia al Soldado. Algunos le preguntaron qué pasaba si desertaban y él les explicó que los llamarían de la Fiscalía a declarar. Con el ánimo caldeado, un día después, abandonaron el regimiento cuatro conscriptos de apellidos Barrueto, Muñoz, Guerra y Bustamante. Salieron por la puerta principal cuando nadie atendía la guardia. El resto de la compañía seguía en el “infierno de Tacna”, como alguna vez escucharon que llamaban al regimiento.

LA DESERCIÓN

El viernes 21 de agosto del años pasado, los 38 soldados de la Tercera Batería del regimiento salieron de franco. Tenían el fin de semana libre y debían regresar el domingo 23 en la noche. Sin embargo, trece de ellos no lo hicieron, sumándose a los cuatro que habían escapado del regimiento días antes. Los conscriptos eran: Mauricio Abarca, Ricardo Barraza, Daniel Espejo, Pablo Figueroa, Felipe Muñoz, Josías Navarrete, Jorge Pavez, Ignacio Pozo, Guido San Martín, Eloy Vera, Enrique Salked, Nicolás Donoso y Haniel Machuca.

Entre el lunes 24 y el martes 25 de ese mes, fueron a la Oficina de Asistencia al Soldado Conscripto del Ejército, aconsejados voluntariamente por el exfuncionario del Ejército Cristian Opazo, y a la Fiscalía Militar, para denunciar la situación de los malos cobros y el maltrato. En el tribunal se les tomó testimonio y se abrió una causa. Ese mismo 25 de agosto, producto de su inasistencia al regimiento, el coronel Masalleras los mandó a llamar. Varios de ellos concurrieron a la reunión donde él habría negado saber de los cobros y les exigió que volvieran, que “nada iba a ser como antes”, relatan los jóvenes.
Incluso, les dio un tiempo para pensarlo. Si volvían, debían hacerlo el domingo 30 de agosto.

Pero sólo tres soldados regresaron al regimiento: Machuca, Salked y Donoso. Dos de ellos acusaron presiones para declarar en contra de Rafael Harvey con el objeto acusarlo de organizar la deserción de los conscriptos. Donoso cuenta que el mayor Manríquez Lerou le dijo que podía ir a la cárcel si no contaba “toda la verdad”. Asustado, le dijo que Harvey les habría comentado que en el caso de desertar no tendrían mayores represalias, cosa que descartan los otros soldados denunciantes y el propio capitán. El exconscripto Enrique Salked confirmó a este medio que el mayor le ofreció terminar el servicio en diciembre –meses antes de la fecha oficial- si es que declaraba contra su excapitán. El tercero en regresar, Haniel Machuca, sigue en el regimiento y al ser consultado por este diario negó cualquier tipo de presión y advirtió que informaría de la llamada a sus superiores.

LA DENUNCIA

Los otros diez conscriptos no volvieron al regimiento y días después presentaron un recurso de amparo en la Corte de Apelaciones para no volver al servicio, asesorados por la Oficina de DDHH de la Corporación de Asistencia Judicial, pero este fue rechazado. El 9 de octubre de ese mes, la Corporación interpuso una denuncia formal ante la Cuarta Fiscalía Militar por exacción ilegal, delito tipificado en el Art. 241 del Código Penal, para empleados públicos que exigieren mayores derechos de los que pueden pedir por su cargo. Según la denuncia, ese es el caso del cobro irregular de implementos de los que señala como culpables a Manríquez, el capitán Álvaro Recabal y el cabo Francisco Almuna. En este caso, el mayor es acusado de exigir por medio de los otros funcionarios, “un beneficio económico para sí mismo”.

Ese mismo mes de octubre dejaron el servicio otros tres conscriptos más: Erick Vergara, Óscar Pizarro y Christopher Rojas, producto del hostigamiento de sus superiores.

En tanto, Harvey fue demandado por “sedición impropia” por el Ejército, abriéndose otra causa, donde es acusado de incentivar a los jóvenes a desertar del servicio. Esto, al conducir, supuestamente, a los conscriptos bajo su mando “al desorden, la indisciplina y el incumplimiento del deber militar (…) lo cual tuvo como consecuencia la deserción conjunta y simultánea de trece Soldados Conscriptos”, tal como se lee en el auto del procesamiento contra el capitán.

El “motín” –como también es nombrado en el documento– se habría organizado ese 18 de agosto en que el militar fue a despedirse de sus subalternos. Así, el 26 de septiembre fue detenido y procesado por el citado delito, a petición del fiscal de la Cuarta Fiscalía Militar, Rodrigo Acevedo, que fue inhabilitado en el caso de los conscriptos a petición de los denunciantes por su presunta amistad con el mayor Manríquez. Así, Harvey quedó en prisión preventiva hasta el 13 de octubre, cuando se le concedió la libertad bajo fianza.

Actualmente la causa de los conscriptos está siendo investigada por la Quinta Fiscalía Militar a cargo del fiscal Marcelo Sanhueza y cuenta con el secreto del sumario. Los jóvenes involucrados en la denuncia no quieren volver al regimiento Tacna nunca más, pues temen por las represalias que podrían sufrir por parte de sus superiores. Algunos descartaron seguir en el mundo militar y otros quieren ser destinados a otro lugar para poder continuar con su soñada carrera castrense. Sin embargo, enfrentan la posibilidad de ser acusados con el cargo de deserción, lo que les significaría ser procesados por la Fiscalía.

Consultado por The Clinic Online, el Ejército contestó que la institución “ha ejercido las acciones reglamentarias y legales que corresponden para este caso” detallando que las causas de los conscriptos y la de Harvey se alojan en la justicia militar.