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Toño Fuentes (33), director y dramaturgo talquino, líder de la compañía Teatropello, veía con preocupación que el único festival de teatro que se organizaba en la ciudad solo traía grupos de Santiago. “Nos pusimos de acuerdo con mi papá y mi tío para organizar un festival que partiría una semana después. Todos enganchamos. Lo hicimos al mismo tiempo que ellos, de puro picaos. Llegaron 100 personas a su festival, nosotros tuvimos 300, dejamos la cagá, pero perdimos 500 lucas, jaja”. Así nació la Feria de las Artes Escénicas, hace una década.

“No voy a poder estar en La Feria, pero les traje útiles de aseo”, dice una nota pegada en la puerta del centro cultural Al Margen, sede de Teatropello y de La Feria. Es una de las respuestas a un video que Fuentes colgó en las redes sociales en diciembre, un mes antes del evento. En él le pide de todo a la gente, desde los huevos para el desayuno hasta las sillas para los espectadores. Las demás compañías se sorprenden, nunca habían visto algo así.

Para Patricia Artés, directora de la compañía Teatro Público de Santiago, la experiencia cooperativa que se da en La Feria es un acto político y una garantía de independencia en el escenario. “No estás en Santiago a Mil, no postulas a Fondart y los recursos se reducen. Pero al mismo tiempo, la autogestión es el único camino para no someterte en términos ideológicos”.

Cristián Lagreze, actor del mismo grupo, añade: “Hace siete años venían 20 o 30 personas por función, hoy vemos a 200 todas las funciones. Para nosotros, ese es un impacto mucho más profundo que tener a 150 mil personas viendo a una muñeca, que después se van para la casa y no ven nada más”.

Teatropello no aspira a los grandes centros culturales de Santiago. “Nos gusta trabajar en los barrios, en distintos puntos de Chile. Acá vienen cabros chicos que se ven 17 obras y van a llegar al colegio en marzo contando sobre el festival que se hace en su barrio”. Y cuando dice su barrio, Toño Fuentes lo dice con mucho énfasis.

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Las obras comienzan cerca de las 9 de la noche, pero la fiesta en la casa cultural parte temprano. Hay que atender bien a los artistas que vienen a la Feria, no ganan un peso por venir, por eso los actores dueños de casa se esmeran en la camaradería.

Quena Ramos (45) actuó en una obra basada en los abusos de Colonia Dignidad y Rosita Carreño es parte de El Rey de la Araucanía, ambas de Teatropello. Pero aparte de ser actrices también se encargan de la cocina. Hay que atender a cerca de 30 personas, entre actores y colaboradores que desbordan la casa. Parece un caos pero no lo es. Los fuegos están a mil por hora para terminar el puré y el pollo.

Las mesas parten desde la calle y cruzan el antejardín. Son las mismas que serán usadas de escenografía para obras de la noche. Los vinos van de mano en mano, mientras otros actores toman la guitarra. A Tiro Hecho, la compañía que viajó desde Valencia, pide a Víctor Jara. Ellos cerrarán la feria con la obra Donde las Papas Queman, basada en el cantautor.

Se acabó el vino, hay que comprar más. Toño decide cuánto traer, porque todas las decisiones pasan por él. El resto del día bromea y mantiene las risas de quienes comparten la mesa. Teatropello no tiene función esta noche, por eso quisieron tomarse la sobremesa más larga. Mientras tanto, Los Robinson de Valparaíso -que sí actúan en la noche- se esmeran en los ensayos.

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Héctor Fuentes (56) es el padre de Toño y fue quien comenzó con el teatro autogestionado en Talca. Él no es tan radical como su hijo. No se pone colorado si tiene que hacer obras comerciales, sabe que es una realidad que hoy no puede evadir. Él también organiza su propio espectáculo teatral. Es el Festival La Trilla de las Artes en Llongocura, en plena cordillera de la costa, a la altura de Curicó. Ahí logró construir un anfiteatro gracias al proyecto de título de un estudiante de arquitectura, hace 5 años. “En un primer momento, la gente encontró raro que vinieran a construir algo en esta barranca, llegaban con curiosidad y no entendían para qué lo estábamos haciendo”. Cuando se inauguró el espacio teatral, con la compañía de Jaime Lorca, la gente pudo completar el cuadro. Hoy, a Héctor lo conocen como el Lonco de Llongocura, y los campesinos de los alrededores le exigen que lleve obras.

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El montaje Sueño Americano abre la quinta noche de la Feria de las Artes Escénicas, y la fiesta y las conversaciones de los actores en el antejardín tienen un breve receso. La gente espera en la entrada de la casa mientras se escucha a los actores dándose ánimo con un “mierda mierda mierda”. Los actores pasan de la cocina hacia el patio. Ahí, en una galería aguardan por el paso de la gente hacia el galpón repleto, listo para que Los Robinson comiencen. La obra aborda un choque de dos generaciones, de dos momentos de la sociedad chilena. Un padre, asesinado en dictadura, vuelve desde el más allá a conversar con su hijo. Discuten y tratan de entenderse.

Cae la noche en Talca. Ahora el escenario es a un costado de la casa, en un sitio eriazo que permite albergar 200 personas. El público del galpón se traslada a presenciar la obra Weichan, de la compañía santiaguina La Colorina, que habla sobre los perseguidos en el conflicto mapuche. No abandonan el festival que ellos mismos produjeron.
La fiesta seguirá en otro lugar. Actores, amigos y colaboradores ya se pusieron de acuerdo para 2017.

-Quiero que esta Feria se autofinancie al punto de poder pagarle a los actores. Porque así no podemos seguir. Siempre decimos lo mismo, pero seguimos igual, jaja-. A Toño Fuentes, el optimismo no se lo quita nadie.