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El pasado lunes 25 de enero, el MIR anunció que está en trámites para convertirse en un partido político. Nunca en su historia lo ha sido; buena parte de su existencia la vivió como un movimiento de carácter político, social y militar. Tras el fin de la dictadura y su resistencia armada, esa visión enfrentó una discusión interna que terminó con muchos militantes fuera de la organización, y un MIR alejado de las armas y mucho más cercano a la institucionalidad electoral.

Su actual comité central, que mantiene un fuerte discurso socialista, es liderado hace 24 años por Demetrio Hernández y Mónica Quilodrán. Ellos, junto a otros militantes del movimiento, tomaron la decisión de convertirse en un partido político en abril de 2014, en el VIII Congreso del MIR, llamado “Miguel es el ejemplo, vencer nuestro destino”. Desde ese día, se pensó en comenzar los trámites.

Sin embargo, la ley no era amable: se debían juntar miles de firmas que luego un notario legalizaba a cambio de un significativo desembolso de dinero.

Ese mecanismo tuvo su fin en junio de 2015, con un cambio de la ley que eliminó el cobro notarial por la legalización de las firmas. Con eso, se abrieron las puertas para el MIR, como para otras organizaciones. “Esa era una traba que ahora no tenemos y nos permite pararnos como MIR y tratar de legalizarnos con condiciones distintas a las que hubo antes”, explica Víctor Cárcamo miembro del comité central.

Actualmente, el movimiento ya respondió las observaciones que les indicó el Servicio Electoral y esta semana debería publicarse en el Diario Oficial que el movimiento se ha convertido en un “partido político en formación”.

LA VÍA ELECTORAL

El MIR bajo la dirección de Hernández y Quilodrán, tuvo su ojo puesto en el mundo sindical (CUT, Colegio de Profesores, sindicatos varios) y en la vía electoral, algo que siempre fue mirado con recelo por otros sectores, nostálgicos del MIR de carácter político y militar.

“Históricamente se entiende que el MIR privilegia solo una estrategia de lucha y eso no ha sido nunca así. Si bien es cierto que nosotros pensamos que es difícil llegar a tener un programa político de gobierno en un capitalismo neoliberal, nunca hemos desechado las instancias legales y electorales. De hecho ya en la UP, en vida de Miguel, se discutió la legalidad del partido. Se barajó llevar candidaturas senatoriales y de diputación, que luego se sacrificaron para apoyar las de la UP”, cuenta Mónica Quilodrán.

En efecto, la participación en elecciones no es una novedad para el MIR. En 1989 participaron en las parlamentarias con el Partido Amplio de Izquierda Socialista (PAIS) y luego con el Movimiento de Izquierda Democrática Allendista (MIDA) en las municipales de 1992, y las parlamentarias y presidenciales de 1993, consiguiendo votaciones no mayores al 6%.

A mediados de los 2000, intentaron legalizar como partido al Movimiento Democrático de los Pueblos (MDP), para que se convirtiera en su herramienta electoral, sin embargo, el proceso no llegó a puerto. Poco después, para el 2006, el MIR se unió al Juntos Podemos apoyando la candidatura de Tomás Hirsch, junto al Partido Humanista y el Partido Comunista. “Lo intentamos con el MIDA y con el Juntos Podemos y no nos resultó ni en la primera ni en la segunda; ahora estamos en el tercer intento”, explica el secretario general Demetrio Hernández.

LA BÚSQUEDA DE UNA ALIANZA

Tal como en sus intentos anteriores, en esta oportunidad el MIR tiene como foco lograr una alianza política. “El proceso de atomización de la izquierda en el campo popular es increíble. Cada uno se declara vanguardista y la última chupada del mate. Lo que se requiere hoy es una fuerza política que sea heterogénea”, explica Hernández.

En principio, el objetivo del movimiento es formar una alianza con miras a las municipales de octubre de este año con la esperanza de formar una futura coalición que agrupe a toda la izquierda extra Nueva Mayoría. Para eso han estado en conversaciones con el Partido Humanista y el Partido Progresista, entre otros. “Con el PH tenemos cercanía. Ellos tuvieron una actitud muy loable, que fue llamar a votar nulo en la presidencial de 2006 cuando perdimos en las primarias. Ahora hay que estrechar lazos”, explica Víctor Cárcamo.

En cuanto a las relaciones con el PRO, estas comenzaron en 2015, cuando Marco Enríquez-Ominami fue invitado por el comité central a la celebración de los 50 años del movimiento fundado por su padre, Miguel Enríquez. “Para nosotros fue importante que hubiera llegado, porque más allá de que ideológica y políticamente tengamos concepciones distintas, es el hijo de quien fuera nuestro secretario general. No estamos hablando de alguien cualquiera, hay mucho respeto”, explica Demetrio Hernández.

Desde ese momento se iniciaron una serie de conversaciones con ME-O y el PRO en torno a una posible alianza electoral. “Estamos disponibles y ellos también para formar un listado común, cosa de que esta tercera fuerza política por lo menos en el plano electoral se manifieste como una lista de candidatos a alcalde y concejales”, revela Hernández.

Consultados sobre las platas que el exbrazo derecho de Marco Enríquez Ominami, Cristian Warner, habría recibido de SQM y SQM Salar por medio de facturas presuntamente falsas, y por lo que ME-O figura como imputado en la arista SQM del caso Penta, la directiva del MIR separa las aguas.

“Ahí hay un tema que tiene que resolver Marco, esperemos que lo resuelva bien por él y por Miguel. En esa área respondemos por nosotros y podemos decir que estamos libres de polvo y paja. Fuera de eso, sigue existiendo la necesidad de una tercera fuerza política, la idea es que una situación no interfiera sobre la otra”, explica el secretario general. Mónica Quilodrán, en tanto, reconoce que “sí es un tema para nosotros que algún partido esté posiblemente metido en la corrupción, pero es algo que vamos a postergar o dejar de lado en cuanto a nosotros nos interesa la democratización del país”, explica.

El MIR, tras pasar a ser partido político en formación, debe comenzar la recolección de firmas, mismo proceso en que hoy está Revolución Democrática. Para lograr la legalización definitiva se necesita el 0,25% de los votantes de una región. Con ello quedaría inscrito como partido político nacional y podría participar en una elección presidencial. Sin embargo, de querer presentar candidatos a las municipales o a las parlamentarias fuera de la región donde se inscribió, tendría que repetir el proceso de recolección en cada sector.

Pero en el MIR tienen ciertas dudas. No saben si seguirán el proceso con la ley actual o con la que fue aprobada recientemente en el Congreso y que espera su promulgación y publicación. En la nueva ley de partidos políticos, se mantiene el 0,25% para las firmas pero se exige la inscripción del partido en tres regiones consecutivas o en ocho discontinuas, para ser definitivamente legalizado.

Si logran reunir las firmas, el MIR sería un partido político para las municipales de octubre. Para eso actualmente están definiendo los candidatos a alcaldes y concejales que presentarán. “Consideramos que este momento político era el oportuno. En medio de todo lo que está pasando, el nivel de corrupción existente, nosotros estamos libre de toda culpa. Nosotros vivimos de nuestro propio trabajo y podemos pararnos en cualquier escenario y hablar con la verdad. Yo creo que eso la gente lo va a valorar”, explica Demetrio Hernández.

MIR se prepara para convertirse en partido político: “Tenemos la cara limpia y consecuencia a toda prueba” – The Clinic Online