Urinarios

Era julio de 2015 en el Espacio M, en la esquina de Morandé con Compañía en el centro de Santiago. José entró al baño como cualquier persona con necesidades.

Al salir para lavarse las manos, un señor de unos 70 años se paró a su lado frente al espejo y comenzó a masturbarse, mientras miraba a José con los ojos blancos.

El joven de 23 años salió de inmediato del baño y se acercó a una guardia del lugar para denunciar lo que había pasado.

La mujer lo informó por radio con total naturalidad. “Sonaba a que era algo muy recurrente”, recuerda José.

“Mijo, esto pasa en todos los mall. Usted va al Panorámico, al Costanera, al Vespucio, y también pasa”, le dijo en esa oportunidad con tono de “¿enserio no sabías?” la trabajadora del Espacio M.

“Después de eso empezó a pasarme siempre, no sé cómo, pero se abrió un mundo”, dice el estudiante de antropología.

La segunda vez que le ocurrió algo así fue en el Alto las Condes. Mientras hacía uso del urinario, un vendedor de una heladería que hacía lo mismo a su lado lo saludó y acto seguido le mostró que tenía una erección.

José intentó ignorarlo, pero mientras se lavaba las manos le pidió el teléfono; el joven le dio un número falso y salió del baño.

Una tercera vez ocurrió nuevamente en el Espacio M. Un hoyo en la pared del cubículo en que se encontraba llamó su atención, ya que se podía fácilmente ver hacia el baño contiguo. Se trataba del “glory hole” (“hoyo glorioso”), como se le llama popularmente.

En ese momento un pie apareció por debajo golpeando el suyo. “Pensé que me estaba diciendo que corriera el pie”, dice.

Luego, bolitas de papel higiénico comenzaron a salir del emblemático orificio. José mandó una de vuelta no entendiendo mucho qué pasaba y la respuesta fue la aparición de un falo erecto. Salió de inmediato y al instante entró otra persona que estaba esperando que su cubículo se desocupara.

Baño “Glory hole” en el baño del Espacio M.

Ya después de esta tercera vez, José pensó que la razón de todo esto no podía ser simplemente que lo encontraran atractivo. “Le conté esto a un pinche que yo tenía y para él era muy normal. Me dijo, ‘guagua, te hicieron cruising’; ahí conocí esta tendencia”, cuenta.

“Cruising” (“crucero”) es el término en inglés que se usa para referirse a la práctica de buscar sexo con desconocidos en lugares públicos en general, como en baños, parques o playas, por ejemplo.

Respecto a estas tres experiencias, el estudiante dice haberse sentido “súper pasado a llevar, porque es muy invasivo. Que yo viera a un viejo canoso a través del espejo pajeándose con los ojos blancos fue súper violento, porque no me da opción de elegir si quiero eso o no; te obligan a participar”.

Indica que lo que más llama su atención es que “generalmente son oficinistas y gente que no es gay a simple vista; se ven como trabajadores heterosexuales y tradicionales. Podría ser tu papá o el mío”.

Resulta que esta práctica es más común de lo que se piensa. Según cuenta la misma guardia que recibió la denuncia de un afligido José tiempo atrás, es una tendencia que ocurre desde invierno del año pasado en varios mall del país.

Explica que en general, las personas que han sido descubiertas haciendo cruising son hombres de entre 50 a 70 años, muchos de ellos con terno y maletín.

Según ella, esto ocurre siempre en el baño del segundo piso de dicho centro comercial, todos los días y en cualquier horario.

Cuenta que el famoso “glory hole” ha sido tapado unas cuatro veces. Incluso, la última vez le pusieron una placa de metal, la que fue removida luego de dos días.

Cada cierto rato, los guardias del lugar deben hacer ronda en los baños para evitar que esto ocurra. “Uno no saca nada con llamar a Carabineros, porque tienen que pillarlos in fraganti para que puedan hacer algo”, señala.

Frente a esto, desde la oficina de comunicaciones de Espacio M señalan que el “glory hole” fue nuevamente tapado, que aumentaron las rondas de los guardias en los baños y que éstos, si notan que “algo raro está pasando, tocan la puerta para desincentivar la práctica”.

En tanto, desde los mall Alto las Condes y Costanera Center -ambos pertenecientes al consorcio Cencosud- prefirieron no referirse al tema.

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CRUISING EN LA RED

En Internet se pueden encontrar varios sitios donde los que participan de esta tendencia entregan datos de dónde y a qué hora se puede hacer cruising, cuentan sus experiencias y responden las dudas que tienen los que recién se integran a esto.

Sitios como Gay Chat o Gays Cruising -donde incluso se muestra un mapa de Chile que indica los lugares donde ocurre esto-, son algunos de los sitios más populares para intercambiar relatos e información.

“Si eres gay y quieres practicar cruising en Chile de forma anónima y respetuosa, aquí podrás encontrar y compartir con la comunidad gay lugares como playas, parques urbanos, descampados, bosques, además de sitios públicos como baños y áreas de descanso de las autopistas, donde podrás conocer chicos y practicar Cruising en Chile”, se lee en Gays Cruising.

Asimismo, invita a “votar la zona y dejar un comentario para que el resto de chicos de la comunidad conozca tu valoración. Además, si quieres que la gente sepa que estás en la zona, no dudes en hacer check in para que otros acudan y tener citas espontáneas”.

Mapa google Mapa de Gays Cruising.

En Gay Chat, los comentarios que se leen aconsejan a la comunidad:

“En el baño de la entrada principal del Mall Alto las Condes hay mucho webeo con cuicos bien ricos y tipos que trabajan ahí mismo”, se lee en un comentario.

A estos sitios ingresó José para saber qué estaba ocurriendo. “Ahí supe que el Costanera es un lugar clave. Tengo entendido que se juntan ahí y que si se llevan bien van al cine, donde sigue el hueveo, u otras personas van a los ciber del centro, donde se puede tirar”, señala Hidalgo.

Otra plataforma que se utiliza para concretar estos encuentros son las aplicaciones móviles, aunque aquí ya el encuentro deja de ser casual.

Entre las que destacan se encuentra Grindr, usada por “gays, bisexuales y hombres curiosos”, según declara la descripción de la aplicación. Esta permite conversar con personas que se encuentren a la redonda, lo que hace que se puedan acordar encuentros sexuales al instante.

IN SITU

El 11 de febrero de este año, para este reportaje, José se dirigió nuevamente al baño del Costanera Center a ver si algo parecido ocurría, y así fue.

Uno de los códigos que se usan para estas situaciones es ingresar a uno de los cubículos del final y dejar la puerta abierta, como una invitación a entrar.

Según José, “se paran como 20 minutos en los urinarios esperando a que alguien entre a esos cubículos”.

Esto fue lo que hizo Hidalgo, y sentado en el baño esperó a que alguien apareciera.

No pasaron muchos minutos hasta que un señor entró, cerró la puerta, le mostró su pene y le pidió que lo masturbara, ante lo que José se paró y se fue.

Un personal del aseo de este lugar explica que aquí esta práctica ocurre en los baños del tercer y cuarto piso, donde hacen rondas para evitar que pase.

Asimismo, un guardia asegura que esto sucede todos los días y a cada hora, y que son jóvenes de entre 15 a 30 años los que lo hacen.

El mismo día, Hidalgo se dirigió también al Espacio M e ingresó al famoso cubículo con el “glory hole”, el que ahora estaba tapado con un papel higiénico.

Rápidamente, una persona en el baño contiguo tocó los pies de José con los suyos.

El incógnito sacó el papel que tapaba el agujero, José miró a través de él y se encontró con un hombre de unos 40 años, con ropa de oficina y argolla de matrimonio en el dedo, masturbándose mientras jugaba con los pies del futuro antropólogo.

Acto seguido, se paró e introdujo su falo en el hoyo glorioso.

“Salí e inmediatamente ingresó otro gallo, que entró a lo mismo, porque miré por debajo de la puerta y el que me había mostrado su pirulín se lo estaba chupando al que entró”, cuenta.

Según José, el nuevo personaje que se integraba era un joven “muy ABC1, oficinista, muy bien vestido, con maletín. Pero también a estas cosas va gente de la calle, aquí no discriminan”.

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LA MENTE DEL CRUISING

José asegura que no todos los que participan de esto son homosexuales. “Hay gente que entra por curiosidad, morbo o placer. Piensa que el hueón que me mostró su paquete en el Espacio M era casado, tenía argolla; es gente con doble vida”, relata.

Sobre el acto de tener sexo con desconocidos, el Dr. Christian Thomas, fundador y director general del Centro de la Sexualidad de Chile (Cesch), sostiene que “todos estamos de alguna manera amoldados a la idea que a través de los siglos y milenios se nos ha ido inculcando de que el sexo tenemos que tenerlo con personas conocidas y elegidas”.

“Ese es un condicionamiento de tipo social, lo cual no significa que no podamos tener otro lado en cada uno de nosotros, que es el de poder elegir libremente a una persona sin conocerla y simplemente tener sexo”, agrega.

Para él, una de las razones para que una persona quiera tener sexo con alguien a quien no conoce, recae en que quieran escapar de los moldes tradicionales. “Son personas que no funcionan habitualmente con los parámetros normales y buscan plantearse un desafío, una transgresión permanente al funcionamiento habitual”, explica el psicólogo.

“Hay mucha gente que busca, a través de la sexualidad, nada más que el placer. No busca construir vínculos, ni relaciones, ni un sentido de trascendencia, sino que busca sentir placer, y eso tiene que ver mucho con nuestra cultura hedonista de hoy”, sostiene.

Respecto al hecho de mantener relaciones sexuales en lugares públicos, José reflexiona: “puedo entender que haya gente que le produzca un tipo de placer, porque es un fetiche, estás en un lugar público, te genera adrenalina. Yo creo que eso de que no se vean las caras, como con lo del ‘glory hole’, corresponde a que es un ‘touch and go’, una cosa muy calentona pero a la vez muy anónima. Creo que el hecho de no ver quién está al otro lado también genera que te puedas imaginar más cosas. Pero no sé cuál es la necesidad de ir un baño y de arriesgarte a que te denuncien o a que un niño te vea”.

En esa línea, la cabeza del Cesch explica que “el límite de lo público y lo privado es algo de lo que se ha venido escribiendo a través de los siglos. Hoy en día, uno de los grandes problemas que aparecen, sobre todo desde Internet, es que se ha perdido este límite y, por lo tanto, lo íntimo, aquello que siempre estuvo guardado para vivirse en propiedad, hoy día se muestra en público”.

“Entonces, evidentemente, las personalidades que tienden a transgredir esos límites, tienden a buscar también aquello que se vivía en la intimidad ahora en lo público; a subir videos, a exponer a la pareja, a tener sexo en público”, añade.

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COSA DE HOMBRES

En los mismos foros de cruising se puede ver que ésta es una práctica casi exclusivamente de hombres. De hecho, la guardia del Espacio M así lo confirmó. “No pasa con las mujeres, los hombres son más califas parece”, postula.

José cree que esto se debe a “una cosa cultural; las mujeres siempre han tenido que reprimir su sexualidad. Por ejemplo, estamos en el Barrio Italia o el Barrio Lastarria, que son barrios fletos, y casi no ves lesbianas. Yo creo que los hombres nunca hemos tenido la necesidad de ocultar nuestra sexualidad, o sea los homosexuales sí, pero siempre hemos sabido triunfar. No es lo mismo ser gay que ser lesbiana; no hemos tenido la necesidad de suprimir la calentura”.

Algo parecido piensa el Dr. Thomas, quien propone que “la mujer todavía tiene el peso de los miles de años de castigo acerca de cómo debe sostenerse su moral, por lo tanto la mujer todavía lleva una impronta de mayor intimidad. En cambio el hombre necesita exponerse mucho más públicamente, estar siempre poniendo a prueba su pene para poder sentirse seguro y masculino; la mujer no necesita poner a prueba su clítoris para sentirse mujer”.

En cuanto a que el cruising ocurra entre personas del mismo sexo, el piscólogo cree que “en el fondo es cierto que todos los seres humanos tenemos una bisexualidad, y esa bisexualidad la encausamos hacia la heterosexualidad o la homosexualidad, o a veces nos quedamos en la bisexualidad”.

“Yo creo que hoy en día los comportamientos sexuales se han abierto mucho más y las personas se permiten manifestar mucho más abiertamente estos aspectos homoeróticos que tanto hombres como mujeres tienen, y que durante miles de años fueron mucho más reprimidos”, sostiene.

Asimismo, culpa de esto al conflicto que tienen los hombres en general con su figura paterna, “porque los padres en Chile no están, es habitual que los abandonen, entonces a veces esto se pasa al acto y se tiende a tener estas prácticas homoeróticas públicamente, que son cargas muy inconscientes que aparecen y que a veces son difíciles de manejar”.

EXPLOSIÓN EN CHILE

“De un momento a otro entro a un baño y siento que está pasando algo, hay miradas, te apuntan el cubículo para que entres con ellos o se están corriendo una paja. Cuando yo le contaba esto a los guardias me decían que han pillado a millones corriéndose una paja en el baño”, asegura el universitario.

Si bien el cruising puede que ocurra desde hace varios años, tal como lo confirma la guardia del Espacio M, es una práctica que se hizo más popular en estos últimos meses.

“Yo creo que estamos en un momento de explosión de la sexualidad en Chile, sobre todo en los homosexuales”, sugiere José.

Por su lado, Thomas sostiene que estamos en una era en la que “todo lo que estaba escondido emerge y es permitido. Esto, como una forma de advertirle a la cultura, una especie de contrarrevolución. Yo creo que todos estos movimientos surgen manejados por una especie de inconsciente colectivo que nos lleva a que ciertos grupos empiecen a mostrar cosas que son de alguna forma contrarrevolucionarias, que van contra la moral, lo social y lo establecido”.

 

*José es un nombre ficticio usado por petición de universitario que colaboró con esta nota.