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Es la noche del último viernes de enero, y una antigua casa cerca de la calle Cumming, en Santiago, abre las puertas a variopintos visitantes. Llegan en grupo, en pareja o solos, tienen entre 25 y 50 años. Algunos visten ropa muy casual, otros parecen haberse quedado congelados en Halloween o en algún evento de la Blondie. Desde la calle, no se ven grandes luces ni se escucha música, pero el entusiasmo de la entrada deja claro que allí ocurre algo que todos están esperando. No es un día cualquiera.

Una hora más tarde, el breve misterio comienza a ceder. La casa de entrada estrecha se desenvuelve hacia el interior en un gran salón, un bar y un patio con fuente de agua y parrón. En el segundo piso hay piezas para aquellos que prefirieron llegar vestidos casualmente se pongan sus tenidas de gala. La música –new wave del más pop– suena despacio. No es lo más importante. Casi 100 personas están atentas al discurso inaugural. ChileniSados, la comunidad BDSM más numerosa en Chile, tiene una nueva directiva. Este es su primer evento, su carta de presentación, y Djavuly, el hombre al micrófono –39 años, diseñador– da la bienvenida y las instrucciones: “Somos una comunidad, hoy día tenemos la gran alegría de recibir a mucha gente nueva, y tenemos que guiarlos y cuidarnos entre todos. Si alguien ve cualquier cosa inadecuada, por favor me avisan a mí o a cualquiera del equipo, porque acá lo más importante es el respeto y el cuidado al otro. Dicho esto, los invitamos a que disfruten y pasen a jugar”.

Djavuly se seca el sudor de la cara provocado por los nervios, mientras recibe un aplauso cerrado de los asistentes. Ya nadie está vestido casual.

TACOS Y AGUJAS
La noche transcurre prolífica en demostraciones de las prácticas básicas que implica la sigla BDSM: bondage, dominación, sumisión y sadomasoquismo. Las ataduras llevan la delantera: hay una cruz de San Andrés donde un hombre desnudo y amarrado recibe latigazos, y el número principal –con la catalana Glü Wur, cultora de la técnica japonesa Shibari– es lo más esperado y aplaudido de la noche. También es muy popular “el potro”, caballete donde el juego consiste en recibir palmadas o golpes de fusta en las nalgas (spanking, en la jerga especializada). Más llamativo, aunque con menos adeptos que “el potro”, es el rincón de adoración de pies, donde una repisa llena de impecables zapatos tipo dominatrix espera a que su dueña los calce y se siente para que un sumiso la adore, lamiendo, largamente y de rodillas, sus tacos aguja.

En otra esquina, una chica hace el trabajo a la inversa y lustra comedida y eróticamente los zapatos de un amo. Y la gran novedad –porque esto es más complejo– es el stand medical, donde el voluntario se somete a ser dominado en una camilla por medio de la aplicación de agujas, bajo la supervisión, eso sí, de un participante de la comunidad que es profesional de la salud.
“Cada stand tiene un encargado”, explica Djavuly, “para asegurarnos de que todo transcurre en el contexto de un juego que es sano, seguro y consensuado. Y si la persona que está siendo objeto del juego quiere parar, sólo tiene que decir la palabra de seguridad –en este caso es ‘rojo’–, para que la práctica se detenga”.

Muchos de los protagonistas de los juegos –que se extenderán hasta la madrugada– son personas que por primera vez asisten a una fiesta de estas características, lo cual es visto como un gran triunfo para la organización. “Es súper bonito, porque en general los novatos llegan muy tímidos, y en esta ocasión nos esmeramos en guiarlos para que se soltaran”, cuenta otra de las supervisoras. “Porque llegan con muchas dudas. Para venir, tienen que llenar un formulario básico, donde les preguntamos sobre sus inquietudes y preferencias. Algunos creen que les vamos a entregar un manual, otros creen que si se definen como ‘sumisos’, cualquiera puede tomarlos como objeto de dominación, siendo que toda nuestra cultura se define en torno a los acuerdos que toman las dos personas que van a jugar”, explica.

Los jugadores van rotando, y aunque algunos de los que entraron directo al patio interior se quedan para siempre allí, conversando como en cualquier fiesta, no son pocos los que comienzan a entusiasmarse para entrar al gran salón, mirar de cerca y probar. “No está mal para ser la primera vez que vengo”, comenta una chica con pollera de vinilo negro y que se apresta a montarse en “el potro”. Los integrantes del nuevo staff miran atentos, mientras otros, aún más antiguos en estas lides, se pasean felices y relajados. Uno de ellos es Corso (46, cientista social). Como tantos en el salón, lleva en el cuello un collar de cuero, con un gancho parecido al que usan las mascotas. Es un símbolo de que está en una relación exclusiva, con un rol de dominante y/o sumiso. Es un símbolo importante. De hecho, una de las reglas para participar en los eventos es “respetar los collares ajenos”.

Corso es uno de los que más sabe de la cultura BDSM en Chile. De hecho, partió en esos antiguos grupos de Yahoo, donde conoció a las primeras cinco personas que compartían sus inquietudes, cuando era un veinteañero. “La primera vez que nos juntamos, sólo conversamos. Fue como juntarnos a tomar once”, recuerda.

Los rudimentarios grupos de Yahoo derivaron en foros, páginas web, y ya en 2003, se animó a abrir un bar que sirviera como punto de encuentro para un grupo cada vez más grande. Ese bar, que se cerraba dos veces al mes para eventos BDSM, era el Magenta, en Santa Victoria con Emilio Vaisse, en Providencia. “Al principio llegaban como 20 y parecía un grupo de autoayuda, más bien nos dedicábamos a presentarnos, estábamos en una primera etapa muy importante, la de la identificación. Luego, uno de los integrantes que sabía de carpintería hizo un potro y una cruz de San Andrés, que empezamos a usar. Ya estábamos establecidos”, cuenta Corso.

Magenta duró cinco años, y sin duda fue clave para el fortalecimiento de la cultura BDSM y la identificación de sus integrantes con algo que va más allá de la práctica de una sexualidad alternativa. Pero la sociedad falló, y el liderazgo de Corso tuvo que reinventarse.

LA COMUNIDAD
“ChileniSados nació hace unos cinco años, y desde los inicios ha tenido el sentido de ser una comunidad, con normas de respeto y convivencia, y donde todo lo que producimos y ganamos se reinvierte para el bien de nuestros socios”, explica Djavuly. “Toda la ética BDSM se basa en que la obtención del placer es subvertida en relación a la sexualidad hipernormada que hoy caracteriza a la sociedad: nosotros postulamos que el gran valor de lo erótico no está necesariamente en la belleza del compañero. El gran valor está en su capacidad de entrega. Y claro que, si no nos cuidamos entre nosotros, puede venir cualquier imbécil y convertir el valor de esa entrega en un objeto de abuso. En ese sentido, nuestra práctica y nuestra comunidad se sitúa en un límite que requiere ciertas reglas”.

Además del “respeto por el collar ajeno”, ChileniSados prohíbe, entre otras cosas, sacar fotos o grabar videos en los eventos, consumir drogas en el local, tener sexo explícito en el salón principal y cualquier práctica escatológica (scat) “por razones de higiene”. En la página web y grupo de Facebook, el administrador también pone límites: “Sobre escatología, he permitido que haya discusión. En cuanto a la zoofilia, se puede mencionar, pero no iniciar un debate. Y cualquier alusión a la pedofilia está estrictamente prohibida”, señala.

La fiesta se enciende, y Djavuly también se entusiasma con su discurso: “Cuestionamos las estructuras de dominación y los roles de género tradicionales, pero siempre desde la base del consenso entre dos o más personas que quieren jugar. Por supuesto, hay parejas que quieren llevar este pensamiento a toda su vida en pareja, y para ello existen contratos –donde, por ejemplo, el dominador y el sumiso se ponen de acuerdo en sus roles y sus límites– con ceremonias como la de postura de collar, en que una pareja se compromete en sus roles. Claro que la gran mayoría toma esto solamente como una forma de expresión sexual, que no traspasa otros ámbitos de la relación de pareja”.

Son las 4 am y por orden municipal hay que entregar el local. La música nunca sonó demasiado fuerte, y no se ve a nadie en manifiesto estado de ebriedad. Las ganancias por concepto de entradas –siete mil pesos para los santiaguinos y descuentos para los de provincia– y venta de alcohol –a mil pesos la lata de cerveza y siete mil la botella de espumante– alcanzan para cubrir los gastos. El nuevo staff está feliz. Saben que lograron organizar la mejor fiesta en mucho tiempo, y así se los hicieron saber en el grupo de Facebook hasta hoy (“se notó el cambio de mano, la gente se resistía a irse”, “ciertamente hubo un renacer”, “estuvo excelso”, se lee en los comentarios).

“A principios de abril organizaremos otra, donde esperamos, si no aumentar el número de gente, tener más variedad de espacios para jugar”, cuenta un entusiasmado Djavuly. También quieren constituirse con personalidad jurídica, para tener más flexibilidad en la organización de actividades, generar charlas y participar en el debate sobre diversidad sexual. Y a mediano plazo, tener un local propio. Ese sería el escenario ideal para operar de manera sistemática y segura.

Corso opina: “Como comunidad estamos en un momento especialmente relevante, porque estamos creciendo y fortaleciendo un discurso sobre la sexualidad que rompe con la forma y el fondo de lo socialmente establecido, una manera que está restringida a un guion que no cambia, constreñido: los preliminares, el coito y el orgasmo, como fin último, siempre en privado. Nosotros queremos trasladar la sexualidad y el goce del juego a un ámbito mucho más amplio de la vida. Ser honesto con los deseos y placeres de cada sujeto tiene un efecto liberador, en términos del cuerpo y en términos políticos. Y ese discurso, que ahora está mucho más maduro, es el que queremos visibilizar, ya sea a través de charlas, o en instancias en las que ya hemos participado: el año pasado estuvimos en una gran marcha por la diversidad sexual, y también en la Expo Sexualidad en el Hotel W, adonde llevamos prototipos de juguetes, trípticos informativos, etc”.

Una duda: si ya han ido incluso al Hotel W, ¿por qué nadie quiso dar su nombre para este artículo?

Djavuly: Precisamente, porque el nivel del debate aún no está para que podamos dar la cara por un medio de prensa. Somos profesionales, algunos atendemos público, o trabajamos en universidades o colegios, tenemos alumnos y hay mucha gente que asocia esto a una perversión, tal como antes pasaba con la homosexualidad, que antes se asociaba a una patología, a una enfermedad mental. Tenemos que hacer un trabajo de educación antes de poder presentarnos tan abiertamente.

Quien quiera más información, o asistir a una de las fiestas, puede inscribirse en chilenisados.cl, donde, luego de llenar un cuestionario, es posible acceder a la comunidad. El misterio no es tal, y el entusiasmo está garantizado. Cualquier peatón que transite por el frontis del local lo podrá percibir. Aunque la música –que en este caso no es tan importante– no suene realmente fuerte.


LOS BÁSICOS DE LA CULTURA BDSM


Símbolos:

Trisquel. Las tres espirales unidas, antiguo símbolo que para los druidas graficaba el continuo del pasado, presente y futuro, es hoy el emblema de la cultura BDSM. Sus adeptos lo exhiben en joyas, tatuajes y merchandising.

Leather Pride Flag. Diseñada a fines de los 90 por el biólogo y adherente BDSM estadounidense Tony de Blase (1942-2000), quien se negó consistentemente a explicar una simbología de la misma, es el ícono de esta cultura. Sus colores y formas fueron ampliamente aceptados por la comunidad, utilizándose hasta hoy.

Collar. En contextos BDSM, exhibir en el cuello un collar de cuero con gancho significa que la persona tiene dueño. Es posible que haya un contrato de dominación y/o sumisión de por medio, aplicable a un evento o a la vida diaria.

Literatura:
La Venus de las Pieles (Leopold von Sacher-Masoch, 1870). Novela intensa sobre la sumisión, seminal para la cultura BDSM, escrita en plena época romántica en el Imperio Austro-Húngaro.
Marqués de Sade (1740-1814). Referente obligado del sadomasoquismo, algunos de sus títulos más sugerentes son “Justine” y “Filosofía en el Tocador”.
Historia de O (Dominique Aury, 1954). Relata el camino de una mujer en una fraternidad sadomasoquista, y su sumisión a su amante.

Cine:
Además de las adaptaciones de La Venus de las Pieles (Roman Polanksi, 2013) y La Historia de O (Just Jaeckin, 1975), otra cinta recomendada es SM Rechter (Erik Lamens, 2009), basada en el caso real de un juez belga que fue a la cárcel por mantener prácticas sadomasoquistas consensuadas con su esposa.