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“Se han encarnizado contra virtualmente todas las formas institucionales públicas y privadas de nuestro país”, advirtió el diario El Mercurio en una editorial de este último jueves al referirse a las rutinas del humor presentadas en el Festival de Viña del Mar.

El espacio de opinión del medio de la familia Edwards encendió las redes sociales, del mismo modo que lo hicieron los propios chistes enarbolados por Edo Caroe, Rodrigo González y Natalia Valdebenito.

Pero, la pregunta que cabe hacerse ahora es que si más allá de ser una radiografía de la realidad, o de un desahogo en nombre de la ciudadanía, habrá efectos directos sobre los aludidos en las presentaciones de los comediantes.

Para la directora de la encuesta Cerc-Mori, Marta Lagos, el asunto es más o menos claro.

“Si hay chistografía sobre los políticos, ésta no debiera tener ningún impacto sobre ellos”, opina en el diario La Segunda.

Según argumenta, “el chiste significa que eres objeto de reflexión de la sociedad, eres ridiculizado porque eres relevante; nadie hace chistes sobre personas irrelevantes. Si no te conocen, más vale que te conozcan por lo negativo; la peor de las situaciones es no existir”.

Una opinión similar sobre los efectos expresa el hombre detrás de la encuesta Adimark, Roberto Méndez.

“Esto que ha pasado con el Festival es lo que reflejan las encuestas. Los números son fríos, pero indican el mismo rechazo, y en cierta manera los humoristas leyeron bien las cifras”, plantea.

Por eso es que -en su opinión- como efecto político el hecho es irrelevante. “El dato ya estaba ahí”.

El analista de la UDD, Eugenio Guzmán, se cuadra con sus pares y coincide en el escaso impacto posterior.

“Cuando te suben al columpio ya es al término de un proceso, es cuando ya pasó la indignación, ya pasaron morales de la ira y el desagrado”.