Pobreza 3

“Hijo de una limpiasuelos” se titula el artículo viral que escribió el periodista Raúl Solís luego de que el lunes recién pasado, en España, el concejal del PP en Palafolls (Maresme) Óscar Bermán afirmara que Ada Colau, activista social y actual alcaldesa de Barcelona “en una sociedad seria y sana, estaría limpiando suelos”.

La frase generó tal nivel de rabia en Solís, recoge El País, que se aventuró en comparar el arrebato clasista de Bermán con la situación que enfrentó su propia madre cuando -siendo una niña- fregó suelos para una familia adinerada, situación acaso similar a la que ha atravesado muchas personas que han trabajado por un miserable sustento en casas de ricos.

En el artículo publicado en Paralelo36 Andalucía, Solís parte narrando que “soy hijo de una mujer que con nueve años empezó a limpiar suelos en casa de unos señoritos de mi pueblo. Esa mujer ahora tiene 72 años. Creció sin padre en una España enlutada y de silencio en la que las mujeres que fregaban suelos no trabajaban, servían. “Yo de chica servía”, ha dicho mi madre en más de una ocasión”.

Luego, relata que en ese entonces “servir significaba lo que significaba. Trabajar mucho, quejarse poco, ganar menos todavía y aceptar que tu nivel social y expectativas de futuro estaban a la altura del suelo al que te arrodillabas para fregar a mano, por donde, una vez limpio, desfilarían los zapatos finos y elegantes de quienes pensaban que nacer pobre era un castigo divino porque ellos, su fortuna y bienestar, era lo que se merecían”.

Por esos años -agrega- “el trozo de bacalao diario con el que le pagaban a mi madre por servirles era lo más a lo que podía aspirar una pobre desgraciada” (…) Pero aquella pobre y analfabeta mujer, de la Extremadura de posguerra, contra todo pronóstico no olvidaría jamás su memoria ni perdería la dignidad. Yo, su hijo, tampoco lo olvidaré nunca”.

“Aquella dignidad de mi madre consiguió que, harta de que le pagaran en “trocitos de bacalao” en lugar de dinero, un día se ‘jartara’ y les tirara en señal de desprecio el bacalao a los señoritos, que era el salario que le daban a mi madre a cambio de perder toda su adolescencia tirada en el suelo de rodillas para que ellos pudieran lucir estatus. Esa mujer, mi madre, antes había acarreado cubos de agua de la fuente pública a casa de los señoritos, los abuelos y padres ideológicos de los que hoy creen que Ada Colau “tendría que estar limpiando suelos””.

Para cerrar su apología a la dignidad humana, afirma que en su país “hoy, aquellos hijos y nietos de las mujeres que le fregaron los suelos a los abuelos y padres de la derecha española, andamos por la calle con la misma dignidad con la que mi madre les lanzó el bacalao a los señoritos que se negaban a pagarle el jornal que merecía (…) Además de títulos universitarios y ser hijos e hijas de la universidad pública que ahora quieren privatizar para que volvamos a estar a la altura del estropajo que usaba mi madre para fregar el suelo, sabemos de dónde venimos”.