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Se ha visto que en los jóvenes, una tendencia que va en aumento es el poliamor, o sea tener una relación con más de una persona a la vez con el consentimiento de todos los involucrados.

Incluso, en Brasil hace unos días se instaló el debate sobre esto luego que a finales del año pasado, dos mujeres y un hombre se casaran ante la notaria Fernanda Leitão, tras dos años y medio de relación. Esto, gracias a un vacío en el Código Civil que no especifica si otros modelos de relaciones no constituyen una “unión estable”.

Algunos señalan que los jóvenes tienen una cierta obsesión por salir y/o acostarse con varias personas. Hay quienes argumentan que esto proviene de las ganas de regresar a la “naturaleza humana”, cuando aún no se imponía el matrimonio occidental que defiende el amor verdadero y la media naranja. Otros, simplemente piensan que es una generación que gusta de poner los cuernos.

De hecho, aplicaciones como Tinder y Grindr podrían ser una señal de que los tiempos están cambiando en el ámbito del amor.

Pero una cosa es enamorarse de más de una persona a la vez; y la otra es saber cómo sobrellevar los celos que nacen al compartir el amor.

Vice habló con la socióloga y profesora de la Universidad Simon Fraser Jillian Deri, escritora del libro “La refracción del amor”, que habla justamente de cómo las parejas poliamorosas controlan sus celos y aprenden a aceptar que su pareja ama también a otras personas.

En primer lugar, la doctora aclara que “las personas ‘poli’ tienden a establecer vínculos emocionales con más de una persona, a diferencia de aquellas a las que solo les gusta tener citas informales con varias personas. Los que son monógamos de corazón y salen con varias personas hasta que por fin deciden sentar cabeza no son necesariamente poliamorosos. Los que practican el poliamor generalmente quieren amistades, relaciones profundas y amor con varias personas”.

Asegura que hay gente que ha logrado controlar los celos y dejar la monogamia de lado.

“Según mi investigación, los celos van desde un cosquilleo hasta un malestar emocional total. La teoría en la que me centré es la palabra ‘compersión’, una palabra acuñada por la comunidad poliamorosa que significa lo opuesto a los celos. Es cuando una persona siente placer al saber que su pareja tiene otro amor. Es interesante que el diccionario no incluya esta palabra. El único resultado posible que conocemos en la sociedad occidental de estar con alguien más es tener celos”, señala.

Agrega que “una forma para entender esto es como cuando le va bien a alguien de tu familia y te sientes feliz por esa persona —¡a menos que sientas celos!—. Eso es la compersión. Estudié cómo las personas que practican el poliamor hacen posible la compersión en sus relaciones”.

Deri dice que esta capacidad de llegar a la compersión “depende de cada relación y de lo seguro que te sientas. Puedes estar con una persona que te vuelve loca de celos o con una persona que te hace sentir segura”.

Respecto a la sanidad de la relación cuando es poliamorosa sostiene “que hablar sobre lo que sientes y cuáles son los límites es muy útil para cualquier relación. Si una atracción es tabú, lo único que va a pasar es que se va a hacer más grande. Si se habla, es posible neutralizarla. Muchas relaciones monógamas terminan porque uno empieza a sentir atracción por alguien más y como no encuentran la forma de resolverlo, se crea un resentimiento. La persona a la que están atados se convierte en el problema”.

“La gente cree que si ves a otra persona [y estás en una relación monógama], significa que ya no amas a tu pareja. Eso es peligroso porque puede arruinar una conexión o un vínculo verdadero”, añade.

Asegura que dentro de los beneficios de estar en una relación poliamorosa está el eliminar “el estrés de la monogamia y las etiquetas (…). Es una opción que funciona, en especial en una cultura con tantas opciones, tanta disponibilidad, tanto Tinder. Concentrarse puede ser muy difícil y a todos nos encanta tener el control”.