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En una columna publicada en La Tercera el escritor Óscar Contardo no se guardó ni una palabra para fustigar a quienes durante estos días de duelo aludieron a la importancia de lo “republicano” para, por ejemplo, criticar la marcha estudiantil de este jueves.

El autor del libro “Siútico: arribismo, abajismo y vida social en Chile” escribió: “Expertos en símbolos de poder. Diestros a la hora de posar desde un podio, de cantar un himno y relatar su punto de vista como si estuvieran contando la historia con mayúsculas, presentando su conveniencia como un acto sacrificial al que se han sometido por amor al prójimo. Especialistas en el rito, el gesto, el ceremonial y las mil y una maneras de presentar sus opiniones como el juicio ponderado del sabio ermitaño que contempla los hechos, ajeno a todo interés creado, y es capaz de urdir con ellos una épica que siempre lo sitúa en el centro, como la figura del héroe de una batalla que se destaca en un óleo pintado por encargo”, ironizó el columnista.

“Para ellos la República es un club que se cierra en un nosotros conformado por un grupo que se entiende entre cuatro paredes y al que se llega por aguante, sumisión o parentesco. Para ellos, pronunciar el adjetivo “republicano” no es más que aludir a las reglas de convivencia de ese club con integrantes que se miran las caras cada tanto, para ocultarse en conjunto, unos a otros, los errores y fracasos y luego difundir la versión colectiva que más les conviene”, agregó.

El escritor continúa su crítico análisis:

“Los gestos republicanos, entonces, quedan acorralados entre el boato y el protocolo. Huelen a felpa azumagada y lucen como un desfile militar. Están en lo grande y jamás en lo pequeño. Transforman la República, la palabra y su significado en un ceremonial, un manual de etiqueta para contener, exaltar y ordenar las emociones y en ocasiones para frenar el avance de la cruda realidad. ¿Y qué nos dice la cruda realidad? ¿Los hechos toscos? ¿La trivialidad de la vida común y corriente? Nos dice que cuatro millones de personas se pueden quedar sin agua potable y encontrar en la autoridad más que una disculpa o la promesa de una reparación, una reconvención para que en medio de la lluvia nadie vaya a malgastar agua -¿manguereándose?, ¿llenando piscinas?-; la realidad nos dice que en Chile puede morir una niña pobre al cuidado del Estado y que la encargada de la institución responsable anuncie que la chica murió de pena o berrinche, contando por la prensa los pormenores de su historial médico, como quien detalla una lista de supermercado”.

“Nos hablan de gestos republicanos y lo que vemos no es otra cosa que el más vulgar de los apegos al poder de quienes no se acostumbran a rendir cuentas ni a que se las exijan. Un club que juzga las críticas argumentadas como insolencias que no está dispuesto a tolerar y que se apura a cerrar todas las puertas de ingreso a los extraños a su grupo, a las nuevas ideas y a un futuro distinto al pasado que tanto les acomoda”, concluyó el escritor.