Israel Jerusalen viejo

* Por el diputado Gabriel Silber Romo.

Cualquier dictadura, incluyendo la nuestra en su momento, se ve obligada a limitar el cuestionamiento, la búsqueda de la verdad y el debate abierto. Por eso, entre los primeros blancos de cualquier régimen no democrático se encuentran la prensa y las universidades. Hoy, en democracia, esas mismas instituciones siguen amenazadas. Esta vez no por un gobierno, sino por un grupo pequeño pero radical que se opone al debate, no desea que su postura sea cuestionada, y ve cualquier intento de presentar otro punto de vista como una intolerable amenaza. En las últimas semanas, hemos vivido dos ejemplos del fenómeno.

Primero, un grupo de estudiantes en la Universidad de Chile ha buscado demonizar y censurar todo lo que venga del Estado de Israel, tildándolo de anti-democrático e ilegítimo, acusándolo de abusar de los derechos humanos. El debate sobre el comportamiento del Israel es legítimo, siempre y cuando sea un debate, no la anulación como lo que pretenden los países y grupos terroristas que, desde que las Naciones Unidas votara a favor de su fundación en 1947, han deseado destruirlo.

Esto es más burdo cuando ningún otro país de los 195 estados independientes – incluyendo dictaduras o estados que invaden a sus vecinos – es blanco del mismo tipo de crítica. Y cuando ese mismo grupo desea prohibir el debate – como se intentó hacer con el embajador de Israel en la Universidad de Chile – el objetivo queda claro. Es imponer, a la fuerza, una particular visión de los hechos. Afortunadamente, ni la Universidad, ni el país, se prestó para aquello.

Sin embargo, el intento por intimidar el debate y anular a quien piensa distinto continúa. Hace unos días, Nicolás Copano publicó una columna que no hace más que señalar, a partir de lo que él vivió y observó de primera mano en una visita a Israel y Palestina, que la situación en el Medio Oriente es compleja, y que dicha complejidad no siempre es transmitida en su totalidad.

Fue suficiente para que se intentara silenciarlo y descalificarlo. El alcalde de Recoleta lo tildó de ‘agente de Israel’. El secretario general de la Federación Palestina de Chile, negando que ambos pueblos sean víctimas de una trágica historia, sugiere que Israel está detrás de ISIS y defiende a Hamas, régimen que desde el 2001 ha lanzado unos 20,000 cohetes desde Gaza hacia Israel. Sorprendentemente el responsable editorial de un medio que se dice informativo se han sumado a la crítica a Copano en términos personales, tratándolo de ingenuo y negándole, incluso, su oficio de periodista.

Tal vez Copano fue ingenuo, por no caer en las teorías de conspiración de sus detractores, y en decir algo obvio y verdadero, pero que en Chile pocos se atreven a decir : que existe hoy en día una trágica situación en la que ni Israelíes ni Palestinos se sienten seguros del presente ni optimistas de su futuro. Las caricaturas no cuajan con la realidad, pero son más fáciles de presentar.

La caricatura más falaz de todas es la que intenta presentar a Israel como un estado en que reina el apartheid, sistema de separación y negación de derechos civiles a la mayoría negra en Sudáfrica. La realidad es que hoy en Israel existe representación de la minoría árabe entre sus soldados, diplomáticos y en la Corte Suprema. Hay un partido político con 13 parlamentarios árabes en el Congreso. Y hace solo unos días se nombró un subdirector árabe de la policía nacional.

La realidad es que hoy Israel tiene buenas relaciones con muchos países árabes, con los cuales comparte comercio, tecnología de punta, y una profunda preocupación por el futuro de una región cada vez más inestable. La realidad es que Gaza recibe 10 millones de metros cúbicos de agua desde Israel, y el estado judío le entrega electricidad tanto a Gaza como a Cisjordania, a pesar de una deuda de U$450 millones por parte de la Autoridad Palestina. Más de 100,000 palestinos cruzan la frontera todos los días, legal e ilegalmente, para trabajar en Israel. El hecho es que un árabe homosexual se siente más seguro en Israel que en cualquier otro país del medio oriente. Lo mismo las mujeres y lo mismo que cualquiera que piense distinto al régimen imperante.

Todo lo anterior no es para sugerir que ambos pueblos sean los mejores amigos, sino que las relaciones son complejas. Hay buenos y malos, hay aciertos y errores, tragedias y éxitos. Sugerir que lo malos están de un solo lado, habla de un pensamiento totalitario. Suponer que las víctimas en un conflicto tan complejo como éste son monopolio de un solo pueblo y desacreditar a quien piense distinto, es subestimar la inteligencia de los chilenos.
Negar esa realidad es negar la humanidad, pero prohibir la discusión a través de amenazas e intimidación es negar la democracia.