El 1 de mayo se conmemora en casi todo el mundo, a excepción de países como Estados Unidos y Canadá, el “Día del trabajador”.

La fecha, para los que no lo saben, es una conmemoración y no una celebración, pues nació a partir de sangrientos hechos que tuvieron lugar en Chicago en el año 1886.

El caso conocido como “Los mártires de Chicago” fue un acontecimiento que se extendió por cuatro días, entre el 1 y 4 de mayo de 1886.

Todo partió cuando el primer día de mayo del citado año, los obreros de la fábrica Mc. Cormik se organizaron para protestar por reivindicaciones laborales, la más importante de ellas, una jornada de ocho horas. El capitalismo avanzaba, y los obreros recibían sueldos miserables y se pasaban casi 16 horas en sus talleres.

La huelga, liderada por Albert Pearsons, logró reunir a unos 80 mil manifestantes. Ese mismo día, algunos obreros fueron asesinado y otros resultaron heridos, todo en medio de una fuerte represión policial.

El 3 de mayo, los huelguistas se manifestaron en el frontis de la empresa Mc. Cormik, cuyo acto fue encabezado por August Spies.

Al día siguiente, los obreros se concentraron frente a Haymarket, lugar en donde hubo otros muertos y estalló un bomba mientras la policía reprimía y los trabajadores arrancaban.

Casi un mes después, exactamente el 21 de junio, comenzó el juicio contra 31 obreros acusados de haber sido los promotores del conflicto.

Todos, aparentemente con testigos y pruebas falsas, pues la culpabilidad nunca fue probada, fueron condenados, Cinco de ellos, murieron en la horca.

Esos hechos fueron entonces el origen del movimiento obrero moderno que dio lugar al Día del Trabajador.

Pese a que sucedió en Estados Unidos, este país optó por no sumarse a la conmemoración internacional, y resolvió que el primer lunes de septiembre de cada año tiene lugar el Labor Day.