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Luego de su renuncia a la UDI tras verse implicado en el caso SQM a través de la llamada arista Royalty, hecho por el que será formalizado el próximo 1 de junio, el ex candidato presidencial y exministro Pablo Longueira, reapareció en la esfera pública por medio de una columna de opinión escrita en el Diario Financiero.

“Lenguaje odioso, retroceso de convivencia” se titula el escrito, en donde Longueira se pregunta “¿Qué nos pasó? ¿Por qué nuestro país, que era un ejemplo de vida cívica y modelo de desarrollo, ha dejado de serlo? ¿Cómo puede haber un reconocimiento tan unánime a Don Patricio Aylwin y simultáneamente estar viviendo un clima tan distinto a lo que él inspiró en su brillante conducción de la transición a la democracia?”

Al respecto, y a propósito de la muerte del ex Jefe de Estado, dice que “muchos jóvenes que no habían nacido para su gobierno y otros que ya ni siquiera lo recuerdan, quedaron impresionados por el contraste del día a día de la política contingente y la amistad cívica, el respeto entre adversarios políticos y el sentido republicano de los tres días que duró el duelo nacional por la muerte del ex Presidente”.

“¿Por qué podemos mostrar en tres días lo mejor de lo nuestro y pasar -con la misma rapidez y en tan solo unas horas- a resaltar lo que nos divide?”, se vuelve a preguntar.

Según sostiene, “hoy existe un lenguaje de conflictividad y de odiosidad”, razón por la que expone que “la gran pregunta es qué nos ha pasado como sociedad para llegar a este deterioro”.

“Guardando las proporciones, esa misma interrogante rondó siempre mis conversaciones con los actores políticos de la época de los 60 y 70”.

Agrega sobre ese punto que “curiosamente, casi todos coinciden en lo mismo (…) Empezaron sin darse cuenta a descuidar el lenguaje, la forma de tratarse unos a otros, fueron perdiendo la amistad cívica, la capacidad de conversar y buscar acuerdos”.

“No necesito explicar por qué estoy escribiendo sobre esto hoy. Cual más, cual menos, todos compartiremos que el tono y el lenguaje de lo político no solo se ha vulgarizado, sino que también está contribuyendo a crear un clima de odiosidad y polarización que nada bueno traerá. Hay que reaccionar a tiempo (…) Hoy, incluso, puede ser aún más difícil que en el pasado cuidar ese lenguaje vital para una sana convivencia democrática”, cierra.