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Leo la entrevista a Hernán Büchi publicada en la revista Capital y no puedo creer los raciocinios, las frases, las explicaciones de este gran servidor público en torno a Chile y su decisión de partir. Que don Hernán se vaya a residir en Suiza –país al que se vincula en la línea paterna– a mí me importa un soberano comino, él es libre de hacer lo que se le antoje en su vida privada. El problema es que se va argumentando de manera poco afortunada en el ámbito de lo público, y ahí la cosa se pone peliaguda.

Yo no sé si Hernán Büchi se da cuenta de quién es en la historia reciente de Chile; porque, sí, Büchi es uno de los hombres más revolucionarios que ha existido, admirable en el más amplio sentido de la palabra. Donde otros han brillado con la verborrea y la retórica de la revolución, él, Hernán Büchi, llevó adelante obras de enorme trascendencia, es el padre de un modelo de libre mercado único en el mundo. Como ministro de Hacienda ha sido el más brillante, ni siquiera don Manuel Rengifo –el mago de las finanzas en la época de don Diego Portales– le llega a los talones. Entonces, que diga que se retira de Chile incómodo por la incerteza jurídica o por la sensación de inseguridad en el cumplimiento de las leyes, es francamente atroz.

Por cierto, Chile va derechito al despeñadero, en eso coincido con el hombre de las contradicciones vitales. Pero esta coyuntura política lo favorece a él ampliamente para defender su obra a brazo partido, y que no aduzca estar viejo y cansado. Insisto, estoy en el plano de la vida pública, que a Büchi le gusten los caballos, que tenga un helicóptero privado, allá él, no sería capaz de demonizarlo por las platitas que se ganado en cientos de directorios, ¡por favor! Pero yo defendería lo mío y lo de Chile contra viento y marea. Lo que está haciendo Hernán Büchi es lo mismo que hicieron muchos hombres de derecha cuando el señor Allende ganó las elecciones de 1970, y perdonen la expresión queridos lectores: los muy pusilánimes “apretaron cueva” porque pensaron que las huestes comunistas iban a comerse a las guaguas momias o nacidas en cuna de oro. Hernán, me permito el tuteo cariñoso y devoto, estás cometiendo un error muy grande, no puedes irte de Chile justamente ahora que estos farreros de la política quieren pasar la retroexcavadora y cambiarlo todo. Has dicho en la entrevista aludida “lo más antidemocrático que existe es el asambleísmo”, lucidez total, pero entonces por qué abandonar el barco, por qué allanarle el camino a toda gentuza de mal vivir, corruptos ellos en su Nueva Mayoría.

No, Hernán tienes que quedarte en Chile, recuerda tu paso por el Instituto Nacional, recuerda a ese patriota de ojos azules que nos sacó del caos, no puedes echarte al pollo justo ahora, no me digas que te asustaste por un par de insultos de estos descomedidos, Hernán, hay que defender la obra con lo que tengamos a mano, y hombre por Dios estás en las mejores condiciones. ¿Te acuerdas cuántos miles de compatriotas te proclamamos en el Estadio Nacional? Muchos, creo yo, quisiéramos volver a verte en la arena política explicándoles a los humildes, a los más necesitados: “La experiencia nos ha enseñado la importancia de una adecuada regulación de las variables macroeconómicas, ya que sin ella el mercado se desorienta y los ahorros se malgastan o fluyen al exterior, en tanto que la inversión se canaliza hacia operaciones improductivas o especulaciones”.

Cuando señalas que no hay que ver a las empresas como culpables de las imperfecciones, estás en lo cierto, si estos gallos de la politiquería siguen con la misma chiva del estatismo. Afirmas que no eres políticamente correcto, entonces por qué crestas te retiras de Chile en el momento más propicio para defender a ultranza lo que se ha construido con sangre, sudor y lágrimas. No te entiendo gran timonel, tú, nacido en el Norte, hijo de inmigrantes, retoño de la esforzada clase media chilena, fuiste un gran emprendedor, aprovechaste las oportunidades que te dio la vida, no te vayas, apechuga en esa última empresa, la de todos. Si no contamos contigo, querido Hernán, te aseguro que toda la obra se irá a la misma mierda.