Deportes Valdivia

Antes de que empezara el partido, Fernando Sepúlveda repartió más de quinientas bolsas de papel picado en la barra de los “Valxlluvia”. El Estadio Municipal de la ciudad del Calle Calle estaba colmado y, al igual que muchos hinchas, apenas había dormido la noche anterior. Pero ni el cansancio, ni la “regada” previa en la plaza ubicada frente al estadio, impideron que alentara los 90 minutos al “Torreón”, junto a otras tres mil personas que esperaban concretar el anhelado sueño que habían postergado por más de dos décadas: salir de los potreros.

Cuando sonó el pitazo final se desató el carnaval. El equipo rojiblanco había ganado 5 a 1 a Deportes La Pintana. Fernando se puso a llorar. “Valdivia es un equipo que casi siempre está en las malas y ahora por fin bailábamos con la bonita”, asegura.

Después de los fuegos artificiales, la fiesta se extendió por toda la ciudad. Varias caravanas de vehículos recorrieron las calles hasta la madrugada. Fernando, junto a sus amigos más cercanos, se reunieron en el quincho de otro barrista para ver la repetición del partido. Comieron asado y brindaron como corresponde. La hinchada, esa noche, se acostó como “tagua”. Sólo al otro día, en medio de una infernal caña, como esos curados que recuerdan solo una parte de la juerga, Fernando comenzó a ver el vaso medio vacío: el club de sus amores debía pagar una millonaria suma a la ANFP antes de ingresar al fútbol profesional. “Fue un bajón moral”, recuerda.

-Valdivia se ganó un derecho y la ANFP nos cortó ese sueño, nos hizo bajarnos del tren de la victoria- agrega Indira Oyarzún, otra hincha del Torreón.

El año 2012, bajo la administración de Sergio Jadue, la ANFP impuso un requisito a los clubes que ascendieran a Primera B. El vencedor del campeonato debía pagar 50 mil UF a la máxima autoridad del fútbol chileno, de lo contrario, el cambio de categoría sería imposible. No era la primera vez que se le exigía a los clubes pagar para subir a la división profesional del fútbol criollo. Bajo el periodo de Harold Mayne-Nicholls el club ascendido debía cancelar 23 millones de pesos, pero hace cuatro años la cifra se modificó por un monto practicamente inalcanzable: 1.200 millones de pesos.

Desde la ANFP justificaron la medida ante los directivos valdivianos, argumentando que la mitad de la suma se le entregaría al club que descendiera, en este caso Barnechea, y la otra mitad se dividiría entre el resto de los equipos de la Primera B. La iniciativa pretendía amortiguar una eventual crisis económica para el conjunto que bajara de categoría y, además, funcionaría como garantía de que el que ascendía tuviera los medios necesarios para subsistir.

Los accionistas del club de la Región de Los Ríos protestaron. Era primera vez que se le ponía un plazo a un equipo para pagar la abultada suma. Martín Tupper, gerente del club, dice que es un secreto a voces que otros equipos que ascendieron, como Iberia de Los Ángeles y Puerto Montt, “no han pagado aún la totalidad de la cuota”. Los directivos del “Torreón” se han pasado las últimas semanas enreuniones, buscando alguna manera de poder condonar el pago, reducir el monto final o se les otorgue más plazo para juntar el dinero. La fecha tope vence el 9 de junio.
-Todos los que conocen la realidad de los clubes chilenos saben que este es un monto irracional. Hace cinco años esta cuota era el 2% de lo que es ahora. Ya pagamos una suma por entrar a segunda, de 35 millones, y una garantía de 15. Por eso me cuesta entender la lógica que hay detrás de todo esto- agrega Tupper.

Para los hinchas, la trama oculta tras la cuestionada “cuota de incorporación”, responde a los deseos de la ANFP que los clubes de la divisón de honor se mantengan tal cual están. “Para qué estamos con cosas, Barnechea es un equipo que no defiende a nadie, con un plantel terrible, y nosotros nos ganamos el derecho en cancha. Ellos no tendrían por qué mantenerse en la división. Es utópico que paguemos 50 mil UF, que es cuatro veces el presupuesto anual del club”, alega Indira Oyarzún.

La Segunda División

Uno de los jugadores del plantel y figura del equipo, Eduardo Leal, reconoce que quien esté dispuesto a jugar en una división amateur tiene que saber que no va a ser todo perfecto. Recuerda que en uno de los entrenamientos, a fines del año pasado, llegó al camarín del estadio y se encontró con su uniforme empapado.
Pese al inconveniente, los jugadores decidieron entrenar igual. El cuerpo técnico, sin embargo, optó por mandarlos de vuelta a sus hogares. “Siempre tuvimos problemas con la ropa, usábamos los zapatos mojados y a veces no teníamos agua caliente en el camarín. Pasábamos resfriados, por lo menos tres jugadores por semana se enfermaban. Pero a nosotros, en verdad, no nos importaba mucho. El que está acostumbrado a jugar en otros clubes, en cambio, nota la diferencia”, recuerda Leal.

Las pellejerías de Deportes Valdivia no son únicas en la Segunda División del fútbol chileno, creada en noviembre de 2011, cuando Copiapó descendió de la Primera B. El director del club nortino, Felipe Muñoz, era dueño de Factoring One, que había prestado dinero a algunos equipos del fútbol profesional. Su descenso estaba condicionado, explica Carlos Soto, presidente del Sindicato Interempresa de Futbolistas Profesionales de Chile (SIFUP), ya que “los nortinos amenazaron con cobrar la plata prestada si es que se iban a Tercera División”. Una vez creado el campeonato de Segunda, agrega el timonel del SIFUP, Copiapó fue el primer equipo en volver a ascender al fútbol profesional.

El Campeonato Nacional de Segunda División consta de 24 fechas, donde trece equipos se disputan el único puesto para ascender a la Primera B. Una división que no tiene ni voz ni voto dentro de la ANFP, no participa del Consejo de Presidentes y no recibe fondos del Canal del Fútbol (CDF). Sin la vitrina televisiva es casi imposible para estos clubes conseguir auspicios. La mayoría subsiste en precarias condiciones, al amparo del bolsillo de los dirigentes de turno. Deportes Valdivia no es la excepción.

En condiciones que rozan el amateurismo, el club de la Región de los Ríos supo abstraerse de los problemas domésticos para lograr su objetivo: ganar el campeonato y ser parte del fútbol profesional. Camarines inundados, escasez de indumentaria, duchas con agua fría, falta de una lavandería para tener uniformes limpios y secos, viajes largos en buses que se quedaron en pana en medio de la carretera, son parte de los obstáculos que ha vivido el “Torreón”.

-Nosotros generamos cerca de cuatro millones mensuales y el costo es de 20. Los dirigentes son los que han corrido con la mayor carga hasta ahora y son los que más de alguna vez renunciaron a sus sueldos por pagarle a los jugadores- recalca Martín Tupper.

La Segunda División es una categoría donde la mayoría de los clubes que la componen son Sociedades Anónimas Deportivas de carácter cerrado. Si bien la directiva de cada equipo debe enviar sus informes económicos a la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS), la entidad no funciona como ente regulador en la práctica. “Recibe los informes de cada equipo, pero no hace correcciones y desde ahí empiezan las irregularidades: nadie fiscaliza las platas que, siendo privadas, ni siquiera se tiene claridad de quiénes están detrás de ellas, ni cómo se utilizan”, precisa Carlos Soto.

Dentro del caos, Deportes Valdivia y Santa Cruz son buenos ejemplos de organización y una correcta gestión en cuanto a contratos y sueldos. Así lo relata el presidente del SIFUP, quien asegura que ambos clubes son casos excepcionales en la división.

-Los chiquillos de Valdivia son cabros con ganas de hacer algo decente. Uno de sus directivos me contó en enero de este año que tuvo que vender su auto para poder hacer caja y seguir manteniendo la ilusión. Pero se encontraron con una división que no tiene ayuda de ningún tipo- agrega Soto.

La campaña

La carrera del Torreón comenzó a tropezones. Fue el último equipo en clasificar a la liguilla de ascenso, ocho puntos más abajo del puntero. De la mano de su entrenador, Hugo Balladares, el conjunto valdiviano revertió su situación rápidamente: el primer partido de la liguilla lo ganaron a Naval de Talcahuano y, de ahí en adelante, sólo perdieron un encuentro, terminando el campeonato con cinco puntos de ventaja. La ciudad comenzó a sentir como suyos los triunfos del equipo. El club empezó la temporada con cerca de 200 asistentes al estadio y finalizó el torneo con más de tres mil espectadores.

Jorge Pérez, preparador físico del equipo y mano derecha de Balladares, recuerda que en todos los entrenamientos algo salía mal. Hacinados en el camarín, esperando a que al encargado de los uniformes no se le olvidara alguna prenda y rogando porque estuvieran secas, al momento de ingresar a la cancha se olvidaban de todas las pellejerías. Al mal tiempo, buena cara, parecía ser el lema de los valdivianos.

-Cuando fuimos a Santa Cruz el bus se retrasó casi dos horas. Estuvimos hasta las dos la mañana esperando, cagados de frío, y contando chistes. La gente nos fue a despedir, esperando que el bus partiera, entre cánticos y banderas- agrega.

Las últimas dos fechas la opción de ascender estaba al alcance de la mano. Fue tanto el interés de la ciudad por ver al equipo campeón, que aumentó el número de abonados y la venta de camisetas. Para el penúltimo partido, Valdivia era puntero con un punto de ventaja sobre Santa Cruz y dos sobre Deportes La Pintana. La euforia se desató cuando el Torreón venció por un gol a Santa Cruz de visita y, en la fecha final, sólo le restaba un empate para ser campeón. Con más de tres mil entradas vendidas y el CDF instalado en el Parque Municipal, la final del campeonato fue el evento deportivo del año en la ciudad. Valdivia finalmente derrotó por 5 a 1 a Deportes la Pintana. La maldición duró 26 años. Aunque todavía, en rigor, no cantan victoria.

El futuro del Torreón

“Aquí no hay más que un abuso de poder de la ANFP contra el fútbol. Lo están destruyendo, lo están matando y están haciendo que la gente por fin se dé cuenta que son terrible de truchos”, protesta Indira Oyarzún.

La polémica que envuelve a Deportes Valdivia tiene indignados no sólo a sus seguidores, sino también a fanáticos de otros equipos a través de las redes sociales. “El Torreón no es el único club que ha tenido que enfrentar la dictadura del dinero para darle alegrías a su gente “, escribió @revistadecabeza, el 10 de mayo.

Hasta el 9 de junio, sin embargo, el futuro del equipo sureño es incierto. Aunque los dirigentes descartan la posibilidad de quedarse en segunda por plata, la realidad es que la cuota de incorporación sobrepasa su presupuesto con creces. Las iniciativas para juntar el dinero pasan por partidos de exhibición para reunir fondos, hasta vender acciones del club en la bolsa.

José Gandarillas, accionista mayoritario y presidente del club, reconoce que hay equipos dentro del Consejo de Presidentes que le han manifestado su apoyo, como O’Higgins de Ricardo Abumohor, y varios clubes pequeños de la Segunda División. Y mientras los directivos hacen malabares para juntar dinero, los abogados están revisando la documentación que establece los montos y el plazo. Desde la barra también empezaron a moverse. A la espera de un comunicado oficial del club, los “Valxlluvia” iniciaron una investigación paralela sobre la famosa cuota y crearon una personalidad jurídica para entablar acciones legales contra la ANFP. Toda la ciudad se está levantando en contra de la barrera de entrada establecida por la ANFP.

El lunes de esta semana la ministra de Justicia, Javiera Blanco, recibió a varios hinchas del club, junto al diputado DC por la región de Los Ríos, Iván Flores, en una reunión donde abordaron la legalidad de los cobros establecidos. La Comisión de Deportes de la Cámara baja, a solicitud del diputado Bernardo Berger (RN), acordó invitar esta semana al presidente de la ANFP, Arturo Salah, para que explique las trabas financieras que la federación impone a los clubes más chicos.

La indolencia de la ANFP se siente fuerte en Valdivia. Martín Tupper asegura que existe cierta inamovilidad y falta de voluntad para que los equipos más pequeños puedan escalar en el fútbol.

-Hay 50 clubes que luchan por seguir creciendo, pero se encuentran con esta muralla económica que hace que ninguna institución sea viable. La posibilidad de quedarnos en segunda no existe. Tenemos toda una ciudad detrás que nos apoya y en el peor de los casos nos vamos a endeudar. A nadie se le pasa por la cabeza tirar la esponja- explica Tupper.