Semillas Monsanto

Monsanto es una de las compañías más controvertidas a nivel mundial y por la cual la alemana Bayer confirmó hoy la millonaria oferta de 62 mil millones de dólares a cambio de su compra.

Hace ya 20 años la empresa celebró la venta de su primera pastilla transgénica, cambiando el mercado de la agrilcultura de forma radical, de tal manera que hoy por hoy difícilmente podemos escapar de los transgénicos.

La empresa que encabeza las ventas de productos genéticamente modificados suma clientes en todo el globo, pero sus principales mercados son Estados Unidos, Argentina y Canadá, además de la India, donde se concentra gran parte de sus plantaciones.

Su colosal tamaño y su influencia en el mercado de la alimentación convirtieron a la empresa estadounidense en un gigante que se ganó el odio de muchos, debido a que su trabajo gira en función de la alteración del desarrollo natural de lo que comemos. Lo que Monsanto logra a través de sus técnicas de ingeniería genética y que vuelve a la producción agrícola resistente a plagas y sequías es algo que a la naturaleza… le llevaría miles de años.

Los rumores y temores son muchos. Se dice que el consumo de estos productos podría provocar desde reacciones alérgicas hasta cáncer, pasando por problemas gastrointestinales y otros. Pero durante la misma semana en que se dio a conocer la oferta de Bayer, curiosamente los mitos que envuelven a Monsanto fueron derribados por un informe que rechaza que los organismos genéticamente modificados sean dañinos para la salud humana y animal.

Monsanto tampoco se ha quedado al margen de los cuestionamientos. La estadounidense ha destacado durante años los beneficios de intervenir en un campo como la agricultura, donde muchas veces la producción es afectada por factores adversos y que dificultan su desarrollo y economía. Arguyen que, a través de sus semillas, los agricultores pueden elevar el rendimiento de sus plantaciones, así como hacerlas más fuertes ante las plagas, protegerlas de enfermedades, de las sequías y de las temperaturas extremas.

La estadounidense no sólo se ha ganado el rechazo del público, sino que también de líderes políticos y países como la misma Alemania y Francia, que ha prohibido el uso de semillas genéticamente modificadas.

Sin embargo, no se debe olvidar que ello crea una dependencia y un círculo vicioso, porque cada vez más los agricultores necesitan a Monsanto para competir en el mercado con éxito.

En cuanto a las reacciones de los activistas, califican que la compra de la alemana a la estadounidense es un “matrimonio forjado en el infierno”, al mismo tiempo que les horroriza la posibilidad de que una farmacéutica se haga del control de una agroquímica. Así, organizaciones como US Right to Know y Greenpeace, advierten que la fusión de ambas amenaza el futuro de una agricultura sostenible.