Acto en conmemoración A1

Con la frase bíblica “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, pero escrita en latín (Pater dimitte illis non enim sciunt), el columnista e ingeniero comercial, Andrés Montero, abordó un escrito en el diario Pulso en donde refiere lo que -en su opinión- es una similitud entre lo que padeció Cristo en la cruz y lo que sucede hoy en Chile.

“Lo más triste es que una mayoría está preocupada y enojada, pero una gran mayoría dentro de esa mayoría se lava las manos como Poncio Pilato (…) Empresarios, profesionales, trabajadores y muchos de mis amigos, al igual que Pilato, se lavan las manos cada día. Cuando uno escribe, muchos le manifiestan a este ciudadano: “Muy bien, sigue adelante”; otros: “Te apoyo 100% viejito”, “cuenta conmigo”, “no bajes la guardia”, entre otras frases de aliento. Pero la verdad es que para cambiar el rumbo y generar un golpe de timón se requiere de coraje y de la acción de muchos”, afirma.

Sugiere que “tras ver Informe Especial de TVN, uno se pregunta: ¿qué habrá pensado la Presidenta rumbo a la cumbre de la OCDE acerca de la Araucanía, de la CAM, de la muerte de los Luchsinger Mackay? ¿Tendrá conciencia la Señora M. de que su apoyo cae mes a mes, que el país crece menos, que su modelo no funciona y que la gente está contrariada?”

En ese sentido, Montero, quien se define como “ciudadano”, hace un “llamado serio a cuidar Chile”.

“Quienes ven que las cosas van mal, deben actuar. Hay que escribir, opinar, organizarse, involucrarse en cada lugar. No podemos dejar que la UP vuelva a Chile. Fueron tiempos traumáticos que no podemos olvidar. Los empresarios que se esconden y los trabajadores que prefieren “lavarse las manos”, se arrepentirán. Recuerdo con rabia a los “pijes” que en vez de votar siguieron esquiando mientras Allende ganaba por casi nada la elección del 70. Después alegaban en contra de los “rojos y los demos””, rememora.

Afirma Montero que “revisando columnas de hace dos años, recordaba que algunos me decían que yo estaba exagerando, que Michelle era una buena líder y que las cosas mejorarían. Nada de eso ha ocurrido. Sube el desempleo, Chile cae en todos los rankings, crecemos menos, la propiedad del agua está amenazada y “jóvenes imberbes y patudos” dictan cátedra. ¡Hasta dónde hemos llegado¡ La autoridad y su respeto están ausentes. Cada uno hace lo que quiere, se roba, no se paga el pasaje del Transantiago, las cárceles están hacinadas, a Chile entra cualquiera por cualquier parte, los mocosos se toman La Moneda, se paran las clases, se marcha donde sea y se les pega a los carabineros mientras la autoridad se “lava las manos” y nos conduce al despeñadero”.

“Podríamos concluir que de la concertación, tras breve lapsus, pasamos a la nueva mayoría, la siguió la nueva minoría y hoy entramos de lleno al período de la “nueva rasquería”. Chile se ha puesto vulgar. Mientras observaba a la Presidenta en el Congreso, un ministro importante mascaba chicle, varios parlamentarios se ocupaban sólo del celular y no pocos estaban vestidos como mamarrachos, sin corbata ni afeitarse. En simultáneo, afuera del Congreso, las bestias destruían y mataban”, resume.