Foto vía Plataforma Urbana

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El día 9 de abril de 2016, en la Escuela Juan XXIII (N° 480) de la comuna de San Joaquín, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) dio una cuenta pública acerca de su informe “Estudio de Caso: Violencias y Derechos Humanos en la Legua”, referida a la población La Legua, en Santiago. Es necesario decir que este es el primer informe que el INDH desarrolla en la población.

La población La Legua se ha visto sistemáticamente intervenida por el Estado y sus agentes de seguridad. Desde el año 2002, con el programa “Barrio Seguro” ya hubo un despliegue policial intenso. En los años 2006 y 2007, se implementaron los planes “Comuna Segura – Compromiso 100” y los “Planes Comunales de Seguridad Pública”. Posteriormente, se han implementado el “Programa Barrio en Paz Residencial” (iniciado el 2010) y ahora último el “Plan Iniciativa Legua” (iniciado el 2011).

El informe del INDH es claro en los siguientes puntos:

1. Pone de manifiesto las constantes agresiones que sufren los pobladores de La Legua por parte de efectivos policiales, en base a hechos concretos y datos verificables. En el informe se muestran relatos de jóvenes revisados desnudos en un rincón de la calle, vecinas ultrajadas mediante tocaciones vaginales y anales, y allanamientos fallidos buscando drogas, en los cuales la policía y el GOPE registran domicilios y causan destrozos de enseres, creando estrés entre propietarios y residentes.

2. El INDH afirma que estos hechos son “violaciones a los derechos humanos”, y no meros abusos de la autoridad.

3. Existe impunidad de los efectivos policiales que cometen estas violaciones. Las denuncias presentadas, contra estas situaciones de abusos, pasan a la Justicia Militar y no a tribunales civiles, sin haber habido penas al momento contra quienes cometen abusos. Al respecto, Chile es aún uno de los pocos casos en el mundo donde esta extraña situación legal ocurre.

4. La eufemísticamente denominada “detención preventiva” que ha estado en la discusión pública recientemente producto de su aprobación por el parlamento el presente año, ha estado presente en La Legua desde el comienzo de las intervenciones policiales.

5. Esta progresión de intervenciones sólo ha agudizado más un grave problema que tiene la ciudad de Santiago: La Legua es un barrio militarizado. Ello conlleva la presencia de carros blindados, 18 carabineros por turno distribuidos en 6 radiopatrullas, lo que suma 72 carabineros fuertemente armados, diariamente localizados en 6 esquinas de una población que tiene una superficie menor a 0,7 km2 y 14.011 habitantes según el Censo 2002), así como un “plan de cercos” (policías en casi todas las esquinas) que tiene a La Legua Emergencia en una especie de Estado de Sitio (INDH, 2016).

6. Los graves problemas de tráfico de estupefacientes y conflictos y crímenes derivados de ello no han disminuido desde la intervención policial del barrio.

7. No existen hasta ahora informes oficiales que den cuenta de resultados de esta larga cadena de intervención policial en La Legua.

Al respecto, cabe preguntarse si las políticas públicas referidas al caso no están erradas. Los jóvenes y niños se acostumbran a la violencia. Para un niño crecido en este contexto, se naturaliza la presencia de la policía con armamento militar y que somete regularmente a controles de identidad y consecuentes abusos de poder a la población juvenil y adulta. Un niño o joven acostumbrado a este grado de violencia contra las personas, se acostumbra a los mismos grados de violencia. Incluso docentes de escuelas básicas presentes en el barrio (no existen escuelas secundarias ni centros de formación terciaria en La Legua) también han sido sometidos a estas vejaciones.

Resulta fundamental que se conozca públicamente la situación que vive a diario La Legua, barrio tradicionalmente estigmatizado por los medios como uno de los más conflictivos y de peor calidad de vida en la ciudad. Este caso es evidencia indiscutible de lo que la sociología contemporánea denomina como “estigmatización territorial”, es decir, una reducción del respeto a los derechos de determinado grupo de personas sólo por el lugar en el que ésta vive, lugar que ha sido previamente catalogado como “delincuencial”, “decaído”, “peligroso”, “sucio”, “gueto”, etc.
De la estigmatización territorial se pasa a las políticas represivas, de éstas a la naturalización de la violencia, y de esta a la reproducción de actitudes y actividades violentas. Es decir, por la presencia policial militarizada, se aumenta el círculo de la violencia.

Urge que el Estado de Chile y las autoridades municipales de la comuna de San Joaquín respondan y se pronuncien respecto a la situación de maltrato y violación de derechos humanos claramente documentada en el informe del INDH. Asimismo, que la opinión pública nacional e internacional verifique y sopese el asunto. Todo parece indicar que el Estado debe revisar sus políticas de seguridad urbana, teniendo la protección de los derechos humanos en el centro de su preocupación.

Han pasado 15 años de intervención y ahora la población La Legua es territorio potencialmente “renovable”, ya que está ubicada a pocos minutos del centro de la ciudad, rodeada de corredores de transporte rápido y de un expansivo desarrollo inmobiliario en altura por el oriente. Lamentablemente no se conocen aún datos fehacientes acerca del número de casas y predios que ya han sido vendidos a inmobiliarias, pero los vecinos de La Legua reconocen que ya se comienzan a comprar extensos predios en la parte oriente del barrio. Aunque no existan aún datos concretos para afirmarlo, la situación de violaciones reiteradas a los derechos humanos a vecinos de La Legua por parte de aparatos de seguridad del Estado, ayudaría a que muchos vecinos decidan vender y mudarse a otro lugar, contribuyendo a la pérdida de identidad barrial, y a la transformación radical de clase social (es decir, gentrificación, o el aumento del perfil de ingresos de los usuarios de un barrio) de este emblemático lugar histórico de la ciudad.

*Ernesto López Morales, Departamento de Urbanismo, U. de Chile
*Gabriel Bertrin Cuevas, Estudiante de Geografía, U. de Chile