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Estás escribiendo un libro sobre la Iglesia católica chilena. ¿En qué va eso?
-En realidad, estoy escribiendo la historia de un cura abusador.

¿Alguno en especial, tiene nombre?
-Sí, es un cura que se mató. Y a través de su historia relato muchas otras historias de abuso.

¿Es el cura Rimsky Rojas?
-Sí. Llegué a él de una manera muy curiosa. Mi papá tiene la manía de anotar nombres y apellidos raros. Entonces yo, si veo un nombre raro, se lo digo. Y pasó que vi el nombre de un chico desaparecido en Punta Arenas que tenía un apellido extraño, y después vi asociado a ese nombre a este cura llamado Rimsky. Me quedó dando vueltas. Yo tenía ganas de hacer un libro sobre la Iglesia y se me ocurrió que podía ser bueno que fuese a partir de este cura.

¿Qué has ido descubriendo?
-Varias cosas. Mucho más que hacer un libro de casos, me interesa uno sobre formas de vida. De hecho, este libro vendría siendo la tercera parte de una trilogía que empezó con Siútico y siguió con Raro. Es una especie de homenaje a una trilogía que no pudo hacer Augusto D`Halmar, que empezó con Juana Lucero y quedó ahí, pero que se llamaba “Los vicios de Chile”. Más que los discursos de una institución, me interesan las relaciones de poder que se establecen a través de esos discursos, las dinámicas que se juegan, cómo se configura un orden, cómo la gente responde a ese orden. La Leila Guerriero siempre habla de la tarea del periodista que es tratar de entender no solamente lo que para uno es apropiado, sino cómo funcionan incluso las cosas las que te parecen incomprensibles.

El obispo de Valdivia, Ignacio Ducasse, dijo la semana pasada que las parejas del mismo sexo cojean, porque les falta algo.
-No me sorprendió, viniendo de donde viene. Me provoca mucha curiosidad entender la relación que él tiene con la crueldad humana. Me gustaría saber si alcanza a darse cuenta del daño que puede llegar a provocar que alguien con su poder –un obispo que tal vez llegue a cardenal– haga declaraciones como esa. Me gustaría conocer su propia experiencia con la injusticia, con el insulto.

Hay otros curas que no comulgan con esos discursos, como Mariano Puga o Pepe Aldunate…
-Hay personas que pueden ser disidentes y supongo que para los católicos eso puede ser relevante. Pero la jerarquía de la Iglesia no opina así.

A la gente, sea o no católica, le sigue importando lo que diga un cura. Y en realidad, el hecho de que sea cura no debería interesarle más que un católico.
-Me pasa lo mismo. Que un programa de la televisión pública de este país haya invitado tres o cuatro veces en un año a Felipe Berríos para opinar sobre política, para decir lo que podía opinar cualquier otra persona pero que lo haga en su condición de sacerdote, me pareció hasta ridículo. Y que no le hayan preguntado por dos cosas que estaban sucediendo esa semana en asuntos que le incumbían directamente, como la huelga en el Hogar de Cristo y las tres denuncias contra Eugenio Valenzuela, ex provincial de los jesuitas, me pareció mal.

Los progres aman al cura Berríos.
-Sí. Hay una cultura que les confiere a los sacerdotes una especie de virtud particular, que yo tampoco entiendo cuál es, que por el hecho de haber elegido este oficio los iluminaría de forma particular.
También pasa que uno no se espera un discurso tan abierto de alguien de la Iglesia…
-Puede que funcione por una cosa de contraste. Pero no.

EL CRISTO ROTO Y EL INBA

El cura Mariano Puga hizo una liturgia con los estudiantes afuera de la iglesia de la Gratitud Nacional, después de que hicieran pedazos el Cristo de yeso…
-Solo puedo decir que la gente que rompió el Cristo es un grupo de gente bien estúpida, como fueron estúpidos los que incendiaron el edificio en Valparaíso o los que rompieron equipamiento dentro del INBA. La educación pública es un tema relevante para la cultura chilena, y es parte de una cultura que es laica y debe permanecer laica. Y con lo que pasó, la educación pública queda en segundo plano.

Al decir que somos una cultura laica, estás queriendo decir que te da un poco lo mismo que rompan un Cristo…
-No me da lo mismo. Cualquier acto vandálico me parece condenable. No tendrían por qué haber entrado a un lugar que no les correspondía, no tendrían por qué haber roto esa puerta, no tendrían por qué haber sacado una imagen religiosa.

A propósito de eso, el cura Berríos dijo que quienes rompieron el Cristo son unos jóvenes mimados por el consumo.
-La verdad, no me interesa lo que diga Berríos.

Pero más allá de quién lo diga, ¿encuentras que son niños mimados?
-Nadie puede diagnosticar las circunstancias sicológicas de alguien solo porque lo vio en televisión. Me parece muy poco serio. Es un acto de estupidez, nada más. Escarbar en la psicología, en la crianza o en explicaciones fenomenológicas en base a una imagen televisiva, es muy poco serio.

¿Qué explicación le das a este tipo de actos?
-Rabia. Ahora, qué haces con la rabia. Lo más fácil y estúpido es expresarla con la violencia física. Ellos eligieron la forma más estúpida de protesta. Me pareció triste lo que pasó. Hay una cosa que me apena, que es el abandono de la historia –un asunto bien común en Chile– por parte de toda una generación. El abandono de un proyecto de educación pública que existió, y que nunca aparece en los debates en donde la voz la tienen, principalmente, economistas que hablan de índices, de mucha Finlandia, pero nada de educación pública.

En tuíter nombraste a los próceres que pasaron por el INBA, como Neruda y Parra. ¿Crees que los estudiantes no tienen respeto por esas figuras?
-No creo eso. Destrozar algo que no es tuyo porque sí, me parece una estupidez independiente de que allí haya estado sentado Bernardo O’Higgins o no. Eso lo puse por la importancia que tiene la historia y de la que nadie se ocupa. Si tú hablabas con la gente del 2011, a lo más te nombraban a Pedro Aguirre Cerda por una frase. Pero si le preguntas, ni siquiera a ellos, sino que a un economista, quién era Jorge Millas, no sabe ni le interesa. Me carga el sermoneo a los cabros chicos, a los estudiantes, porque generalmente la educación que reciben es la que les dan unos profesores y un sistema. No es culpa de ellos.

¿Te sientes identificado con el movimiento estudiantil actual?
-El actual movimiento corre el peligro de provocar un rechazo en la opinión pública. No se están manejando bien. Les falta un asesor comunicacional. El éxito del movimiento del 2011 fue que logró ser atractivo para la opinión pública. Plantearon un tema y cambiaron un eje en la forma en que se discutía el tema.

Da la impresión de que ahora no tuvieran claro lo que están pidiendo.
-Claro. Lo que creo que está pasando es que asume este gobierno con una serie de promesas y un programa que ha remendado en la marcha. Y en términos de educación están en una especie de parálisis extraña, sin una idea clara, concentrados solamente en cuánta plata se necesita. Es gente que tiene una absoluta desconexión con la educación pública, que viene de colegios que tienen una relación paternalista con la gente de menos ingresos. Creo que la frase de Eyzaguirre sobre los patines revela una forma de pensar la educación que tiene que ver con la competencia y habilidades individuales. Este gobierno instaló la desconfianza. Prometieron una serie de cosas y no las han cumplido. Decían que Piñera gobernaba con letra chica y este gobierno está haciendo lo mismo. Las señales que dan son súper confusas y el movimiento también responde a esa confusión.

Los estudiantes dijeron que no los dejarían gobernar.
-Esa frase les hace más daño a ellos mismos. Es innecesaria. Lo que veo es que el gobierno se despidió el 21 de mayo. Entonces, que los dejen o no gobernar, ya no les importa. Emitieron una declaración amenazante a un gobierno que se está despidiendo, y frente a una opinión pública a la que no le gusta oír esas frases. Entonces, no ganai nada, perdís nomás.

Al final se ve como una actitud de cabro chico…
-Claro, es una actitud de cabro chico. El movimiento debiera replantearse y enfrentar esa percepción pública, porque se están quedando solos. También pasa que uno piensa al movimiento como si fuera una misma cosa siempre. Pero son generaciones que van acumulando su frustración. Y eso me parece grave. Se cumplieron diez años de los pingüinos y en qué estamos: en tomas, en desalojos, en lo mismo.

¿Qué te pareció la acción de los estudiantes que se tomaron La Moneda?
-Fue como un happening.

¿Te habría gustado hacer lo mismo cuando joven: tomarte la casa de gobierno?
-¡Nooo!

¿Eres más republicano para tus cosas?
-No es por eso. Es por andar corriendo. Todo el ejercicio es demasiado para un poco de atención pública. Mi carácter me lo impide. Pero fue una protesta inteligente, claro. Cumplió su objetivo, porque fue replicada en todas partes y no fue violenta. Fue una irrupción que les dio un poco de trabajo a los guardias de palacio, pero no más. Me parece bien que la gente reclame.

¿Fuiste reclamón?
-Sí, pero de otra forma.

¿De qué forma?
-No sabría decirte. Siempre aparecía en la foto con el ceño fruncido. Pero disconformidad, nomás. Había cosas que no me parecían, era eso.

¿Qué te parece la figura del encapuchado?
-La figura del encapuchado apareció cuando alguien habló de la figura del encapuchado. Siempre hay gente tonta en todas partes y que hará estupideces.

Algunos, que salieron a marchar en dictadura, dicen que ellos salían sin capucha, con la frente en alto….
-Ay, la nostalgia de la gente es lo peor. Está lleno de héroes de los ochenta, uf, lleno. No soy ni de nostalgia ni de dar lecciones sobre heroísmo. Pero si vai a salir a protestar, y te vai a cubrir el rostro para apalear cosas, me parece estúpido y un acto delictual.

También puede ser un acto de rabia con el sistema….
-Me pueden dar rabia muchas cosas, pero no me voy a poner una capucha para salir a romper hueás. A lo que voy, es que esas explicaciones generalizadoras son bien inútiles, como cuando la gente dice “los jóvenes son así”, “las mujeres son…”, no, poh.

LOS COLUMNISTAS

Cuando empezaste a escribir columnas no tenías pensando escribir sobre política y actualidad dura, porque había otros para eso. Pero ahora lo haces.
-Sí. En ese momento estaban Héctor Soto y Ascanio Cavallo. Y me daba pudor ponerme a hacer un análisis o planteármelo así si estaban ellos.

¿Les tenías mucho respeto?
-Claro. Son dos personas que tienen una trayectoria, una mirada. Entonces, me lo planteé y sigo planteándomelo de otra manera. No es que no me dé cuenta, sino que fui tomándome más confianza, porque soy muy inseguro en mi trabajo.

¿Por dónde pasan tus inseguridades?
-Es no saber si estoy a la altura de determinado trabajo. O si mi punto de vista está bien o mal argumentado.

Debes ser de las pocas personas que tratan bien en tuíter…
-Nooo, me han hecho unos bullying tremendos, terribles. Me han hecho bolsa. Hay gente a la que le molesto muchísimo. Pero más que por las columnas, les molesto yo.

¿Por qué será?
-Ni idea, habría que preguntarles a ellos. Pero como que siempre están pendientes: “pero no hablaste de esto”. Y cada semana es un tema distinto.

¿Cuál crees que sea la función de los columnistas? ¿Están ayudando a la reflexión?
-Me pregunto lo mismo. Ese rollo del liderazgo, de generar opinión, parece importante. Si miras los diarios anteriores al 2000, o al 95, había muy poca variedad de opinión. Y en la Transición misma había muy poca diversidad de puntos de vistas no solo de izquierda o derecha, sino también de diversidad social o de género. Yo creo que la dictadura y después la Transición nos acostumbraron a un paisaje muy monótono. Y, de verdad, la opinión pública necesitaba una apertura a voces distintas.

¿Pero ha ayudado a la reflexión?
-No sé. Si a alguien lo han ayudado mis columnas, me sentiría sumamente orgulloso. Pero que yo crea que he ayudado a la reflexión, no.

Te lo pregunto porque últimamente los columnistas, los tuiteros y los periodistas se han transformado casi en profetas cuya principal función es condenar.
-Es que a mí el lenguaje religioso me complica: condenar, culpa.

Cámbialo por criticar, entonces.
-El rol del periodismo, en general, es denunciar, es hacer una cartografía de la realidad. Y en ese ejercicio siempre debe haber disconformidad. Es súper ñoño decir: “ay, noticias buenas”.

Pero cuando a una columna tuya le va bien, ¿sientes que estás haciendo un aporte o será porque la gente necesita a un líder de opinión que tire caca?
-Es que eso parte de la premisa de que las redes sociales miden el éxito o no. Me halaga que la gente las lea, pero jamás me he sentido haciendo lo que dices. No hago eso. No lisonjeo, es cierto. Lo que pasa es que no tengo ningún compromiso con el poder. No tengo amigos políticos, no me interesa tenerlos. Tampoco tengo que responderle a nadie, ni tengo un interés particular ni en cargos.

Siempre pelas a las elites. ¿Te sientes partes de una elite?
-Noooo. Ni remotamente.

Pero estudiaste en la Chile, escribes en La Tercera, ¿eso no te hace ser parte de una elite?
-En absoluto. Sería muy ridículo si llegara a pensar eso. Me doy cuenta, eso sí, de que soy un privilegiado porque puedo dedicarme a lo que me gusta y vivir de eso. Soy un privilegiado porque tengo una tribuna, pero no soy parte de una elite. Yo soy mi trabajo, nada más. A mi trabajo le debo todo.

La que sí sufrió el bullying de la elite fue la Luli, cuando tú la entrevistaste por su cambio de look.
-Sí. Lo que pasó con esa entrevista fue muy sintomático. Desató la incomodidad social que existe en este país y los costos que puede llegar a pagar alguien por querer cambiar, por querer traspasar ciertas barreras, ciertas aduanas sociales.

La gente es súper lapidaria.
-Mucho. Particularmente con las mujeres cuyo trabajo significa la exposición pública. Es feroz. Hubo gente que me atacó por el título: “Una criatura llamada Luli”. “La transformaste en una mascota”, me decían, sin saber que es un guiño a Truman Capote. Y lo que hice fue poner esta entrevista en el plano de la figura popular que capta la atención de la gente, que la gente la saluda en la calle, que se quiere sacar fotos con ella. Y de Luli, que fue una mujer maltratada sistemáticamente en los programas de televisión con burlas y ataques. Sin embargo, al momento de leer una entrevista, en la que relevo asuntos que son hechos, como lo que ella había vivido en su infancia y adolescencia, encontraron que eso no correspondía. Eso me pareció de una desfachatez horrorosa. No entiendo qué les produce incomodidad.

RD Y DJ MÉNDEZ

En casi todas tus entrevistas has dicho que eres rencoroso a nivel extremo. Es muy bueno que lo reconozcas.
-Es una advertencia. En el fondo, es decir: ojo. No es algo de lo que me sienta orgulloso. Pero es un tema. Porque tengo muy buena memoria. Ahora ya menos, con la edad, pero hace unos quince años no se me olvidaba nada.

¿Eres de los que dicen “si me la hacen, me las pagan”?
-No tan así. Puedo no cobrarla, pero siempre estará ahí. La frase sería “espérate sentado”.

Buscas el desquite.
-Pero, ay, no quiero dar una imagen sesgada de mí. Pero, sí poh, alivia un poco. Insisto, tengo buena memoria. Y me importa mucho la lealtad de la gente. Pero tampoco es que esté todo el día pensando en eso, no es patológico.

Sobre RD, tu ex partido, dijiste que son “Mapus con iPhone”.
-Esa es una muy buena frase. Mucha gente la aplaudió.

¿Te arrepientes un poco?
-No, nada. Yo creo que RD es un movimiento que puede tener futuro si se toma en serio, y si se toman en serio el discurso que dan públicamente.

¿Pero por qué esa necesidad de etiquetarlos?
-Es que muchos lo son. Entre sus dirigentes hay una gran cantidad de personas de lo que tú describirías como familias de la elite política de este país.

¿No estarás generalizando?
-En las bases hay de todo, pero los que manejan RD no son las bases.

Antes de entrar a RD, ¿habías participado activamente en política?
-Jamás. A RD les di un gran voto de confianza.

¿Eras apolítico?
-Siempre he tenido ideas políticas. Soy de izquierda, obvio.

Pero no cercano a la Nueva Mayoría…
-Nooo. La Nueva Mayoría es algo añejo, esclerótico, es como sentirse parte de una arruga. Veo demasiada oscuridad por ahí. De la izquierda chilena no espero nada ni en términos de género ni de diversidad sexual.

He visto que le has pegado harto al ministro Ottone en Facebook. ¿Por qué?
-El ministro Ottone desde que asumió quiso intervenir el GAM, el centro cultural más exitoso, por concurrencia y programación. ¿Por qué no ha dicho nada sobre el Centro Cultural Estación Mapocho, donde no pasa nada excepto la Feria del Libro que la organiza la Cámara del Libro? ¿Por qué no le inquieta el dinero que NO recauda el Centro Cultural Palacio La Moneda? En ambos lugares penan las ánimas cualquier día de la semana. Ahora anuncia un centro de arte contemporáneo y desdeña por los medios el MAC de la Universidad de Chile. Hay que fijarse en los nombres que se repiten en los directorios del GAM, de la Estación Mapocho, del Palacio la Moneda y de Balmaceda Arte Joven. Y los nombres que se repetirán en ese nuevo centro de arte. Es cultura hecha a la medida de una fronda burocrática de amigos, parientes y militantes de la Nueva Mayoría.

A propósito de frondas burocráticas, ganó DJ Méndez en Valparaíso y lo ningunearon en redes por no tener estudios ni experiencia política. Pero lo criticaron por ganar una primaria los mismos que piden que los partidos no elijan a sus candidatos entre cuatro paredes.
-Es una polémica que me parece bien ridícula. Valparaíso es una ciudad en eterna decadencia por la que han pasado políticos con muchísima trayectoria, y a pesar de eso la decadencia sigue. La Reginato tampoco terminó el colegio y la votaron igual. Y si el argumento es que DJ Méndez no viene de la política, el alcalde Pinto era cien por ciento político y no lo hizo nada bien. Los políticos han hecho mierda la ciudad. Lo que a mí me espanta de Valparaíso es que la ciudad esté abandonada y a la vez sea como una especie de orgullo. La gente la tiene como una ciudad para ir a reventarse, tiene una idea de cultura popular que es como la batucada y hacerla mierda con esa cosa de los Mil Tambores, que es como si arrasaran los hunos con el pueblo.

Hiciste una crítica a los Encuentros Locales Autoconvocados. ¿Has participado en alguno?
-No. Tendrían que invitarme a uno, pero yo creo que nadie me quiere invitar, ja, ja, ja. Tampoco voy a organizar ninguno.

¿Te da flojera?
-No, qué lata. Imagínate que diez personas se pongan de acuerdo.

En tu columna, decías que se han transformado en encuentros ABC1.
-Mi columna aborda un dato bien real: la mayoría de los encuentros autoconvocados se han organizado en las comunas más ricas de Santiago. Es un hecho. Y si estamos hablando de participación, de democracia, en un país en que la desigualdad atraviesa todo, eso tienen que corregirlo.

¿Cómo se podría corregir?
-¡Entusiasmando más a la gente! Si tu preocupación es que se hagan entre Barrio Italia y Providencia, o entre Ñuñoa y La Reina, no sirve de mucho. El entusiasmo, en general, ha sido súper metropolitano y con un sesgo importante de clase. Es cosa de ver las fotos… Y, claro, también exigen dedicarle mucho tiempo y que diez personas entren en un lugar… Es cosa de ir a Bajos de Mena, donde viven 200 mil personas, para ver que diez personas no van a caber en una casa y que en esos barrios no hay sede social. Entonces, de un plumazo estás haciéndole muchísimo más difícil organizarse a una gran cantidad de población. Y, por otro lado, la mayor parte de la población, como no tiene la información, no tiene la confianza de que esto vaya a servir para algo. Entonces, no participa.

Por otro lado, la gente más ABC1, que participa en estos encuentros, es la más partidaria de aprobar el aborto o el matrimonio homosexual
-No conozco los datos sobre el matrimonio igualitario. Pero alguien me dijo eso mismo. En los estratos más bajos también suelen ser mucho más hostiles con la inmigración que en los estratos más altos. Hay mucha más desconfianza, qué sé yo. Y uno asume que la UDI representa a una gran mayoría de los estratos más altos, pero creo que efectivamente hay en ellos una mayor tolerancia a un cambio, y hay una apertura en el tema del matrimonio igualitario.

¿Te casarías?
-No creo. Nunca me lo he planteado.

Algunos gays encuentran que es lo más conservador que hay.
-Eso está claro. Pero no hay que verlo así. Mi forma de ver las cosas no va en función de lo que yo quisiera o no hacer en mi vida privada. Porque si yo argumento desde mi vida privada, no me importaría la educación pública o que los ELAs no se hagan en las comunas más pobres. Eso es bien penca. Si el matrimonio existe como institución y existe el derecho de algunos y no de otros, debe ampliarse.

Dijiste que no querías tener hijos.
-Nunca. Prefiero los perros. Tendría muchos perros.

¿Y gatos?
-No, porque los gatos no son tan cariñosos como los perros.

¿Y los niños no lo son?
-Es que criar a un ser humano es una responsabilidad demasiado grande. Y la gente se la toma muy a la ligera. Imagina si ese ser humano sufre o llora. Ver una guagua llorando y no saber por qué, es la cosa más desesperante.