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La desconfianza se instala sin remedio como una enfermedad crónica y la clase política poco y nada hace por mejorarlo.

En la plaza pública parece haber una pira esperando a la víctima de turno. Esta semana le tocó a Myriam Olate, la exesposa del Presidente de la Cámara de Diputados. El foco mediático se posa sobre ella y su exmarido, para mostrar sólo la punta de un iceberg, por más que el caso solo aparezca como un indecente cubo de hielo.

La disputa sobre lo justo y lo bueno una vez más se toma los titulares, y la ciudadanía atolondrada se conforma con ver caer a pedazos la reputación de quien utilizó las reglas poco pulcras que una vez más nos recuerdan lo que a estas alturas sabemos de sobra: no todos somos iguales.

Que nuestro Estado tiene hijos predilectos ya no es novedad y quien conoce las reglas probablemente las va a usar y no hay pecado público en ello, o al menos hasta hace poco, no lo había.

Ese Estado que a regañadientes sube el sueldo mínimo, el mismo que se niega a pagar la deuda histórica de los profesores, muestra billetera generosa a unos pocos. Rojos de pudor, se benefician de lo justo, que como ya sabemos, no es necesariamente lo bueno.

Pero es absurdo pensar que es un hecho aislado, Myriam Olate no es la única “esposa de” cuyo actuar oscila entre lo justo y lo bueno.

La Fundación Tiempos Nuevos, a la que pertenece el MIM, Museo Interactivo Mirador, forma parte de la Red de Fundaciones de la Presidencia. Es una fundación de derecho privado, aunque su financiamiento depende casi en un 100% del ministerio de Educación. Su directora, Orieta Rojas, esposa del diputado Pepe Auth, fue denunciada por su chofer por hacer uso indebido del auto público que se le asigna. El chofer señaló que ella pedía que la llevara a varios lugares para fines personales.

El auto, en rigor, es de una fundación de derecho privado, por lo tanto no hay falta pública alguna. De hecho es tan así que Paula Forttes, Directora Sociocultural de la Presidencia, solicitó una investigación y de acuerdo al marco normativo la sanción que le correspondía aplicar fue “lapidaria”: una amonestación verbal. Ni siquiera el hecho quedó registrado en la hoja de vida de la directora, pues no corresponde.

¿Es justo? Claro, la fundación es de derecho privado. Pero: ¿no es financiada con plata de todos los chilenos la bencina que llevaba cómoda en el auto a la señora Rojas? Sí, pero eso parece ser secundario. Si fuera realmente importante o impropio, la señora Rojas habría sido alejada de sus funciones. Todos los funcionarios de la Dirección Sociocultural de la Presidencia conocieron el hecho y nadie abrió la boca.

¿El listado de casos parecidos es largo? ¿Quién podría saberlo? Quienes conocen más de cerca las irregularidades dentro de los partidos, son los propios militantes, pero estos se dividen en dos grupos.

Un grupo guardará silencio sepulcral para no poner en peligro esas naturales ansias de avanzar en la carrera política, por lo tanto jamás delatarán al padrino o madrina que le entregó su preciada confianza. Este grupo tampoco delatará al adversario interno dentro del partido, porque siempre es bueno saberle una “yayita” a quien puede atravesarse en su camino.

El otro grupo lo componen quienes (los hay) se envalentonan de puro honestos o para poder derribar adversarios internos a su paso. Ellos son quienes recurren al Tribunal Supremo de los partidos.

¿Alguien sabe cómo funcionan los Tribunales Supremos? ¿Cuándo sesionan? ¿Los plazos que tienen para resolver?

En lo personal hace casi un año que hice llegar dos casos a la Comisión de Transparencia y Buenas Prácticas del Partido Socialista. Después de 5 meses de espera reclamé y la respuesta de un miembro de la directiva del PS, quien me citó especialmente para explicar la situación, me sinceró que nadie recibía esos reclamos en el PS, que sólo un informático acumulaba los mails que ahí llegaban. Me dijo, además, que se haría cargo especialmente de mis dos casos. Aún no existe respuesta alguna.

Pregunté respecto a cómo prosperaban otros casos dentro del partido: no encontré a nadie que me diera una respuesta clara o positiva. Pregunté en otros partidos de la NM y el escenario no era muy distinto.

Lo paradojal es que el PS es el partido con mayor nivel de transparencia. Sin embargo, si usted le pregunta a los militantes del partido cómo se decide quién es o no candidato al municipio, nadie puede responder, porque el mecanismo no es compartido con las bases. Sin perjuicio de lo anterior, la senadora Allende se refiere al proceso como “profundamente democrático”.

Lo justo y lo bueno son caminos que aún no convergen, por más vergonzante que sea el impúdico escenario. Ojalá que al menos la pulsión por preservar el tan codiciado poder remeza a las elevadas cúpulas para que la necrosis no se esparza. Ojalá que el pudor pueda persuadir a quien con desenfreno anhela poseer, antes de que todo se caiga a pedazos.