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Nicolás con una consola de Nintendo, regalo de una Navidad.

Kane Blueriver está sentado en medio de un ring de boxeo, mirando una enorme pantalla led. No es un peleador cualquiera. Tiene 30 años, viste una polera verde, short rojos, unas chalas, y unos enormes audífonos blancos que le tapan ambas orejas. Lleva dos días participando del Community Effort Orlando (CEO), un torneo gamers en Estados Unidos realizado en el Wynhdham Orlando Resort, donde dos mil jóvenes de más de 25 países se han reunido para elegir a los mejores exponentes de los juegos de peleas más populares del último tiempo.

El ring, las cuerdas, los gritos de los fanáticos, y el cinturón que en pocos minutos más se pondrá el campeón, hacen creer a cualquiera que arriba de la lona hay dos verdaderos pugilistas prestos a pegarse. Blueriver, que en el mundo real se llama Nicolás González, ha disputado más de diez combates para llegar a esta instancia: la final de Ultimate Marvel VS Capcom 3, un crossover que reúne a los mejores luchadores de ambas compañías, y que consiste en elegir tres personajes de los 50 que hay disponibles, para luego echarlos a pelear.

Nicolás González no es un desconocido en estas instancias. En lo que va del año, ha ganado seis de los ocho torneos que se han disputado en el circuito estadounidense, y en pocas semanas más, defenderá su título de Campeón del Mundo, obtenido el año pasado en el encuentro The Evolution Championship Series, que congrega en Las Vegas a los mejores jugadores de peleas del orbe.

Por ahora, al frente tiene a Flocker, un competidor local con el que perdió el 2014 en este torneo, cuando jugó con los mismos personajes que elige en esta ocasión: Hulk, Sentinel, y Haggar, el team “Big bodies” como lo bautizaron los gringos, monos con los que Blueriver juega desde el año 2011, y que lo han hecho famoso alrededor del mundo.
Nicolás hace notar su experiencia desde el primer golpe. Hulk agarra a Zero y lo lanza contra un extremo. En los siguientes 44 segundos que dura la pelea, Hulk agarra a los rivales, los lanza para arriba, les pega en el aire, los tira al suelo, los patea hacia el frente, y luego los vuelve a lanzar, repitiendo una y otra vez los mismos movimientos, hasta descargar un súper poder que levanta la tierra y mata a todos quienes están sobre ella.

-Kane Blueriver, el actual campeón, no tiene respeto –dice una comentarista que transmite la pelea por streaming al resto del mundo.

Del otro lado de la pantalla del computador, Elizabeth Peña, la mamá de Nicolás, sigue cada movimiento desde su casa en Santiago Centro. En una esquina del monitor, ve la cabeza de su hijo que se asoma de perfil, mientras su contrincante -sin soltar un joystick rectangular que tiene sobre sus piernas-, mueve el cuello de lado a lado, como si los combos de Hulk los hubiera recibido él. Nicolás aprovecha los 30 segundos que hay entre cada ronda para estirar los brazos. Mueve sus muñecas en forma circular, y Flocker recibe instrucciones en el oído de parte de un amigo que sube al ring. Parece que el consejo es bueno. Apenas vuelven a pelear, el estadounidense ataca con todo. Zero agarra a Hulk y lo mueve a golpes por la pantalla. Nicolás se aferra a la palanca de su control con fuerza, como si de eso dependiera su vida, pero Flocker no afloja y gana el combate.

En la tercera ronda, Nicolás apenas alcanza a quitarle energía a su contrincante, y en la siguiente, le devuelve la mano. El ganador se definirá en una quinta pelea. Es un momento tenso. Flocker, quien tuvo la posibilidad de cerrar el duelo en el cuarto juego, seca el sudor de su control con la polera. Nicolás mira un punto fijo delante de él y luego, apenas se da el inicio del round, aplica una técnica implacable: le pega a su rival tantas veces seguidas, que lo deja en modo ‘espectador’, una combinación de movimientos que en sólo 26 segundos le dan la victoria. La gente corea su nombre y él los enfrenta a gritos, dándose vueltas por el ring.
El mismo día en que la Selección de Fútbol salió campeón de la Copa Centenario, Kane Blueriver sumó un nuevo título a su lista de éxitos.

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La primera consola que tuvo fue un Nintendo. Fue un regalo de Navidad de su madre y venía con el Super Mario Bross 2, juego de moda cuando Nicolás tenía 4 años.

-Yo era de los que prefería sentarme frente a un televisor antes que ir a pegarle a una pelota –recuerda.

Aquel obsequio determinó su vida. Para los siguientes cumpleaños, días del niño, o pascuas, siempre recibió lo mismo: juegos o consolas. Su madre se las ingeniaba para cumplir con sus gustos y, a comienzos de la década de los 90, se convirtió –al igual que su hijo- en una experta en videojuegos.

-Antes los juegos valían como 50 mil pesos, era mucha plata. Siempre andaba buscando dónde comprarlos más barato. Vivíamos en Talagante, pero todas las semanas iba al Paseo Las Palmas a intercambiar cartridges. Empecé a meterme cada vez más en este mundo –cuenta Elizabeth, que todas las tardes se encerraba con su hijo frente al televisor.
Su labor era una tarea demandante. Desde siempre, Nicolás demostró tener un talento sobresaliente para las consolas. Habitualmente, cuando algún juego le absorbía la vida, le tomaba pocos días terminarlo. Cada vez que eso ocurría, su madre tenía sentimientos encontrados.

-Se daba vuelta el juego y adiós 50 lucas. Siempre me pedía que le tomara una foto al televisor, para tener pruebas de que había ganado –agrega.

Dentro del grupo de amigos que se congregaban frente al Nintendo, Nicolás era un privilegiado, uno de los pocos que no tenía problemas en compatibilizar el colegio con la diversión. Siempre fue un adelantado: aprendió a leer a los tres años y a los siete ya hablaba inglés. En su paso por la básica y media, acumuló una enorme cantidad de diplomas de primeros lugares. Cuando tenía ratos libres, si no estaba jugando, estaba conectado al computador de la biblioteca, leyendo las últimas novedades de la industria. Aquellas lecturas le abrieron el mundo. A fines de 1999, llegó a sus manos un artículo que hablaba de un tal ‘Fatal1ty’, seudónimo de Jonathan Wendel, un estadounidense que se convirtió en uno de los primeros jugadores profesionales, y que años más tarde obtendría cinco títulos mundiales y más de 500 mil dólares en premios. A comienzos de los 2000, Nicolás quería ser como él.

-Es la primera persona que se hizo conocida por ser bueno en un juego y recibir plata por ello –recuerda.
La aparición del Play Station ayudó en sus aspiraciones. Que los juegos vinieran en CD y no en un cartridge abrió un abanico de posibilidades para la piratería. Nicolás tuvo acceso a muchos juegos que desconocía y en el 2004 derivó a una categoría que hasta entonces nunca había explorado: los juegos de peleas. Fue el mismo año en que entró a Ingeniería Civil Industrial en la UC, luego de obtener puntaje nacional en la PSU. Su madre recuerda el día en que su hijo le contó del descubrimiento que había hecho.

-Me mostró un mapa de una red de trenes y me dijo que algún día iba a estar ahí. Era el metro de Tokio, en Japón. Hasta entonces, él sólo había pensado en Estados Unidos, pero las peleas lo hicieron pensar en Asia, porque allá se hacen esos juegos. Yo creo que ese es el lugar donde mejor se siente –cuenta Elizabeth.

El mundo real de Nicolás, sin embargo, no iba para ninguna parte. Tuvo una década de oscuridad. A los dos años de haber entrado a estudiar, lo echaron de la carrera por reprobar todos los ramos de matemáticas. Hasta entonces, todo el mundo le había dicho que su camino estaba ligado a la ingeniería, y de alguna forma se lo había creído, pero en la práctica no era lo suyo. A Nicolás, lo que más le gustaba era jugar. En cinco años, estudió cuatro carreras y ninguna la terminó. La última fue Ingeniería Civil en Informática, en la Universidad Diego Portales, donde tuvo que abandonar en el verano del 2009, al poco tiempo de haber ingresado.

-Me frustré, sentía un vacío, me pasó que después de eso no sabía para dónde iba mi vida –recuerda.

Hasta ese momento, Nicolás tenía un talento que no le servía de nada. Era admirado en la red por su gran capacidad de juego, pero a fin de mes su bolsillo estaba vacío. En el mundo virtual, además, nadie lo conocía por su nombre. Allí, quien brillaba era Kane Blueriver, su apodo de competidor que comenzó a hacerse cada vez más conocido a partir del 2012, cuando se convirtió en un destacado jugador de Ultimate Marvel VS Capcom 3, que al poco tiempo de salir al mercado vendió más de 600 mil copias alrededor del mundo. Fue el juego que le cambió la vida. A comienzos de ese año, se gastó los pocos ahorros que tenía y se inscribió en el primer campeonato de la especialidad que se realizaba en Antofagasta, organizado por un grupo de ingenieros en minas, fanáticos de las consolas, que sortearon un pasaje a Estados Unidos y una inscripción en el Evolution Championship Series (EVO) para quien ganara el torneo.
Aquel 29 de enero de 2012, Nicolás triunfó con facilidad. Aunque seguía igual de pobre y sin trabajo, había cumplido un sueño: por primera vez en su vida conseguía algo importante.

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Nicolás llegó a Estados Unidos en julio de 2012. Viajó un mes antes del EVO y, durante ese tiempo, recorrió parte del país mochileando, alojándose en casas de conocidos del chat, con los que jugaba habitualmente en línea desde Chile. Un par de semanas después, llegó a las Vegas. Como el premio no incluía alojamiento, se las ingenió para dormir en el piso de una de las habitaciones que un competidor profesional había reservado en el Paris Hotel & Casino, lugar donde se realizaba el torneo.

– Era mi sueño ir a esa competencia. Estaba lleno de tipos prodigiosos, que hacían cosas imposibles. Después de tantos años de haber visto sus maniobras en internet, por fin podía observarlos en vivo. Si a ti te gusta el fútbol, esto era igual a que el Niupi, de los Supercampeones, te invitara a pasar una temporada en su equipo –recuerda Nicolás.

En aquel primer viaje, Kane Blueriver ocupó el lugar 32 entre más de mil competidores que jugaron Ultimate Marvel VS Capcom 3. Su destreza con Hulk, Sentinel, y Haggar, un trío poco convencional, llamó la atención de los participantes de Cleveland y México, quienes a fines de 2012 le enviaron pasajes para que se fuera a Estados Unidos y a Guadalajara, a participar en dos torneos como invitado estrella. Era la segunda vez en el año que salía del país para jugar y, luego de eso, volvió a Chile para ganar por segunda vez consecutiva el torneo de Antofagasta, asegurando pasajes para el encuentro mundial de 2013. Esta vez, decidió pegarse un salto.

-Le pedí a los organizadores que me mandaran en marzo. Me fui con dos consolas, un par de portátiles, mi control, mi ropa, y me quedé en casas de amigos. Comía todos los días por un dólar y en los torneos dormía en sillones, en el piso de alguna pieza ocupada, o a veces pasaba de largo –cuenta.

Durante cinco meses, Nicolás gastó 250 mil pesos. Un escuálido presupuesto que no alcanzó para conseguir triunfos. Ese, fue su peor año. Ni siquiera recuerda en qué lugar quedó ranqueado. Llegó a Chile frustrado y en la banca rota, pero un torneo organizado por Capcom, una de las dos compañías dueñas del juego, lo volvió a poner en el circuito. Para celebrar el éxito de ventas, los desarrolladores organizaron una exhibición con los ocho mejores gamers del planeta. Mediante votación popular, Kane Blueriver entró como favorito. La invitación le otorgó pasajes y estadías en San Francisco. Como el evento era a comienzos de 2014, Nicolás esta vez pidió que el pasaje de regreso se lo dejaran hasta después de la EVO. Fue su primera temporada completa en el circuito de peleas de Estados Unidos.

-Iba de torneo en torneo y siempre antes de moverme preguntaba por internet si alguien me podía alojar. En uno de esos encuentros conocí a unos japoneses, que me invitaron a Tokio por tres meses. Estuve viviendo en un departamento donde jugábamos todas las tardes. Allá, los torneos son muy distintos a los de Occidente. Los asiáticos juegan por el honor y en casi ningún evento hay dinero de por medio –cuenta Nicolás, que antes de regresar a Estados Unidos y quedar 17 en la EVO, viajó por Indonesia y luego Korea, donde estuvo una semana completa jugando en una isla de clima tropical.

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Elizabeth Peña, mamá de Nicolás González.

Kane Blueriver ataca con Hulk. A un costado, RayRay, un gamer afroamericano, se defiende como puede. Es la cuarta ronda de la final y en el auditorio del Paris Hotel & Casino, en Las Vegas, más de mil jóvenes observan una de las últimas peleas del Evolution Championship Series 2015. Hay mucho en juego: si Nicolás gana el round, será el mejor jugador del mundo de Ultimate Marvel VS Capcom 3.

Hulk agarra a su rival y lo golpea con ambos brazos, lo lleva a un extremo de la pantalla y lo levanta por el aire, salta encima de él y le vuelve a pegar. Le quita hasta la última raya de energía y le lanza aquel súper poder donde levanta la tierra, mientras los fanáticos gritan eufóricos. En 27 segundos, Nicolás arrasa con su rival. Luego se para de su asiento y lo saluda inexpresivo, es el momento más esperado de su vida y no sabe qué cara poner frente a la cámara que sigue todos sus movimientos. Deja su control sobre una mesa, se mueve hacia el centro del escenario, se hinca en el suelo, levanta sus manos al cielo, y grita como un maorí en medio de un Haka. Después corre hacia un grupo de fanáticos y se lanza sobre ellos, se cubre en abrazos y en una bandera de Chile que un oriental le pone en la espalda. La comentarista lo presenta como el nuevo campeón del mundo y los organizadores le entregan un premio de cinco mil dólares.

Aunque es lo máximo que ha llegado a ganar en un solo torneo, el pozo que Nicolás recibió estuvo muy por debajo de los 35 mil dólares que se llevó Yusuke Momochi, ganador de Street Fighter IV, y a una enorme distancia de los 120 mil dólares que se embolsó Ryota Inoue, un japonés que en diciembre pasado ganó la Capcom Cup, también con Street Fighter, el juego que nunca ha pasado de moda. A cuatro años de haberse lanzado, su juego favorito está en una zona gris.
-El juego ya tiene su tiempo y las compañías están potenciando otros productos. La semana pasada, cuando gané el CEO, me dieron mil dólares, mientras que el triunfador de Street Fighter se llevó 15 mil. Con Mortal Combat pasa lo mismo. Ellos han invertido más trecientos mil dólares en torneos para potenciar sus ventas, dinero que casi en su totalidad se ha llevado Sonicfox, un cabro prodigio de 18 años al que no le gana nadie –agrega.

En las últimas décadas, la industria de los videojuegos se ha consolidado como uno de los negocios más rentables del mundo. Las compañías desarrollan juegos que cuestan cientos de millones de dólares, tanto o más que algunas películas de animación, inversiones y ganancias que están muy cerca de alcanzar los niveles de la industria del cine. Lo mismo ocurre con los torneos de E-sport, como le llaman a las competencias de videojuegos, que cada año generan más de 50 mil millones de dólares. A los gamers ya no solo les gusta jugar, sino que también ver como otros se enfrentan, y para eso existen plataformas que transmiten las competencias en vivo, como si fueran partidos de fútbol o de basquetbol. A tal punto ha llegado el negocio, que en el 2014, Amazon se compró una página para ver partidas de juegos en casi mil millones de dólares. En este universo de dinero, los juegos de pelea han cedido terreno frente a otros formatos.

-La gran mayoría de los jugadores de peleas son de origen humilde. Son los mismos que hace 20 años atrás jugaban a los videos y que nuestras madres consideraban personas peligrosas. Acá, todo es más under. Si vas a otros torneos, como los de League of Legends, te encuentras con mucha gente ABC1 –cuenta.

Pese a eso, Nicolás espera algún día convertirse en un luchador electrónico profesional. Mucho más de lo que hasta ahora es: el mejor jugador de peleas de Latinoamérica y el segundo mejor pagado del país, detrás de Gonzalo Barrios, un chileno que ha recibido más de 40 mil dólares en premios jugando Super Smash Bros, y que en el 2014 se convirtió en campeón en una exhibición de la E3, la feria tecnológica más importante del mundo. Un estatus que le permite vivir del juego, algo que Nicolás añora. Tal como lo hacían unos jugadores que conoció en Korea: ‘deportistas electrónicos’ a los que las compañías les pagaban casas, preparadores físicos, sicólogos, y nanas que les limpian las cosas, para que ellos sólo se preocuparan de jugar.

-Allá se originó este concepto. Esto es lo mismo que jugar ajedrez: usas una combinación de cuerpo y mente para obtener un rendimiento. Yo me he ido preparando en cada torneo. Practico todos los días y a veces me he pasado hasta 40 horas sin dormir. No recuerdo episodios de mi vida en los que no haya jugado –dice Nicolás, que en dos semanas más deberá pelear por revalidar su título de campeón del mundo.
En pocos días, volverá por cuarta vez a Las Vegas.