Portada Perro Bomba

Junior (Steevens Benjamin) es un migrante haitiano de 20 años que llegó a Chile en busca de mejores oportunidades. Está enamorado de su novia Francia, pero su jornada laboral en la fábrica en la que trabaja no le permite coincidir con ella. Cuando la relación se deteriora, el joven arriesga incluso su visa de trabajo para salvarla, pero lo pierde todo. Cansado de la burocracia de las instituciones chilenas pasa a la clandestinidad y encuentra en el mundo delictual el reconocimiento y la validación que no le brinda la sociedad. “Perro Bomba” -el primer film del director chileno Juan Cáceres- retrata la historia de este joven migrante que construye su identidad y se libera robando en las calles de Santiago. Recién egresado de la Universidad de Chile, el cineasta aborda el tema de la migración desde una mirada crítica y con un gran desafío: dirigir a Alfredo Castro. El actor de “El Club”, interpretará al empleador de Junior, un hombre racista y xenófobo.

La ópera prima del director de 26 años, que se filmará en 2017, arrancó con muy pocos recursos por lo que el equipo está ad portas de realizar su primera campaña de crowdfunding en la que esperan recaudar $3 millones. Sin embargo, un contrato con la productora francesa Promenades Films podría ampliar las posibilidades de financiamiento de la película.

En entrevista con TheClinicOnline, Cáceres explica cuáles fueron las inquietudes que lo llevaron a proponer nuevos discursos al abordar el tema de la migración, cómo llegó a conocer a Steevens Benjamin -un migrante haitiano que a pesar de no tener estudios formales se lució en las tablas locales en la obra “Trabajo sucio” de Nona Fernández y que cumplirá su sueño al debutar en el cine encarnando al personaje principal de “Perro Bomba”- y cómo logró que uno de los actores más renombrados de la escena nacional decidiera participar de esta cinta de bajo presupuesto.

¿Cómo surge la idea de hacer “Perro Bomba”?
Partió con una imagen: yo iba caminando un día de verano y vi a un compadre negro que estaba sentado en una vereda apoyado contra un muro, llorando a mares y con una caja de helados rota. Esa imagen me tocó bastante y eso coincidió que con un grupo de compañeros recién titulados de la carrera estábamos con la idea de hacer una película. Desde un primer momento nos llamó la atención el tema de la migración. Por varios motivos, por lo contingente que es a nivel mundial, pero también por lo acotadas que han sido las reflexiones sobre este tema. Principalmente es abordado como una problemática social, desde un punto de vista paternalista, considerando a los migrantes como seres dignos de ser ayudados, socorridos. Desde una perspectiva más caritativa que generosa o solidaria. Entonces claro, teníamos la idea de generar una alternativa.

¿Y por qué te interesó específicamente la comunidad haitiana?
Cuando nos metimos en el mundo de los migrantes inmediatamente nos dimos cuenta que los haitianos son una comunidad muy particular dentro de Latinoamérica. Esto principalmente por su lengua, ellos no hablan español. Sin embargo, a pesar de esa barrera idiomática, son de los trabajadores migrantes mejor valorados por sus patrones, porque su cultura es muy conservadora. Aún se les enseña la vieja usanza de tener un respeto irrestricto por la autoridad, por lo tanto, los niños forman un carácter bien obediente. Y bueno, coincidentemente eso encajó perfecto con el modelo ultra capitalista chileno y se convirtieron en los empleados ideales. Respecto a eso nosotros también queremos hacer una especie de crítica. No para enjuiciar las posiciones de nadie, sino que para aportar a la reflexión, al debate respecto a la integración que está ocurriendo hoy en día. Porque hemos visto que esa integración se da principalmente en el plano económico, considerándolos como obreros y explícitamente como obreros de última categoría. Como dicen en todos lados: están haciendo el trabajo que los chilenos ya no quieren hacer.

¿Cuál es el punto de vista crítico que propone la película con respecto a la realidad de los migrantes en Chile?
La idea es contribuir a remover un poco las barreras de lo políticamente correcto cuando se habla de los migrantes, a que ya no tengamos miedo de decirles negros, a dejar de referirnos a ellos como personas “de color”, a asumir las diferencias. Ellos son negros, nosotros somos blancos. Apuntamos a evitar un poco esta homogeneización que el sistema económico genera. Nuestra película es un llamado a que las identidades permanezcan sólidas a pesar de que cambie el contexto.

Steevens

¿Cómo llegaste a conocer a Steevens Benjamin y cómo ha sido trabajar con él?
Encontrar a Steevens la verdad no fue tan difícil. Nosotros hicimos un casting abierto para los interesados en el papel y no nos fue muy bien, así que cambiamos la estrategia e hicimos uno más focalizado. Empezamos a hacer llamadas para ver qué actor de piel negra había en el escenario y nos dimos cuenta que hay muy pocos. Generalmente todos los que vienen, a pesar de que hayan sido actores en su lugar de origen, acá son obreros. Pero nos llegó el contacto de este chico que no era actor, pero que había participado de una obra en el Teatro de la Memoria junto a Alfredo Castro y otros reconocidos artistas. Él había tenido un papel secundario, sin embargo, había generado una muy buena impresión. Ahí llegamos a él, le contamos del proyecto y estuvo muy feliz de participar porque su sueño es ser actor. Es un chico que no tiene estudios formales, es un actor natural y muy talentoso. Nosotros lo probamos para el papel y nos dejó a todos encantados porque tiene un aura muy especial.

¿Entonces tú te acercas a Alfredo Castro porque él conocía a Steevens? ¿Cómo llegaste a pedirle que participara en “Perro Bomba”?
Claro. Fue complejo decidir o envalentonarnos para hablar con él, porque todos sabemos el peso que tiene, lo renombrado que es y con quienes ha trabajado. Y nosotros en este momento no tenemos dinero, no tenemos dinero asegurado, pero a mí en lo personal me interesaba trabajar con Alfredo. Yo para titularme participé de un taller en el Sename y para hablar de la construcción de un personaje proyectábamos videos de Castro en sus distintos roles en teleseries y películas para mostrar la versatilidad que tiene que tener un actor al encarnar a muchos personajes. Cuando yo mostraba eso jamás pensé que iba a tener la posibilidad de trabajar con él. Bueno, aprovechando que tenía buena relación con Steevens, nos atrevimos a hablarle. Yo le escribí una carta, donde era sincero en todos los aspectos, primero por qué me interesaba que él como artista estuviese en el proyecto, segundo cuánto iba a significar para Steevens que participara en la película, y finalmente también el tema económico. Alfredo tuvo muy buena acogida, le gustó el guión, la historia, pero también las motivaciones detrás y aceptó de una manera bastante desinteresada. Desde ahí hemos estado en contacto y nos ha ayudado muchísimo a que se nos abran puertas. Lamentablemente el medio funciona así. O sea, es una idea buena, pero el hecho de que esté Alfredo en el elenco nos abre muchas puertas. Es lamentable que sea así cómo funcionan las cosas, pero bueno. Estamos muy felices de que haya aceptado.

¿Y cómo has enfrentado el desafío de dirigirlo?
Conocer a Alfredo ya te quita muchas tensiones porque es una persona muy tranquila y receptiva. Entonces tener un diálogo o vincularte con él en términos artísticos es muy sencillo. Está muy lejos de ese perfil de los actores que son como extravagantes, es muy humano. En cine se trabaja bajo el método de Stanislavski, que viene del teatro y que considera que la principal herramienta de los actores es su cuerpo. Nosotros estamos trabajando bajo otro método, que es el método Meisner, en donde el actor ya no se vincula a la obra solo como una herramienta, sino que como un ser creador que aporta con su imaginación al universo de la película. Entonces lo que yo estoy haciendo es describir a los personajes, armar sus tramas, sus biografías y se los entrego a los actores, pero sin decirles cómo cada personaje se toma esos elementos biográficos. Lo mismo estamos haciendo con Alfredo. Le vamos a pasar esta información general para que él termine de dibujar al personaje. Entonces claro, yo voy a dirigirlo obviamente respetando la narración de la historia, pero él probablemente va a conocer al personaje mejor que yo. Eso es hermoso porque, de alguna manera, permite que pasen cosas más espontáneas y naturales en el rodaje.

Este es un proyecto que ha avanzado con bajo presupuesto, ¿cómo ves el escenario actual del cine emergente en cuanto a los incentivos económicos que brinda el Estado y otros organismos para promoverlo?
Interesante el tema. Hay que reconocer que todos los cineastas que estamos postulando a fondos funcionamos bajo el calendario del Estado. Un profesor de la Chile, Carlos Ossa, considera que esa es la primera barrera de censura, lo que se denomina la censura cognitiva, porque nosotros queremos tanto ganar esos fondos que nos acostumbramos al papeleo burocrático y automáticamente nuestros proyectos van adaptándose a la perspectiva del jurado, que generalmente son personalidades del mundo académico. Entonces es bastante lamentable, esa es una de las principales modalidades de censura que tiene el Estado.

¿Y cómo ustedes, esta nueva generación de cineastas, de alguna manera rompe con eso o se rebela ante eso?
Nosotros en la producción nos diferenciamos por varias cosas. Una de las principales, es que somos una de las primeras generaciones que ha podido acceder a estudiar cine y que no viene de las clases altas. Durante muchos años, solo la gente de clase alta, sobre todo en el periodo de la dictadura, podía estudiar cine. Era muy caro estudiar y no habían becas ni nada. Eso fue cambiando, empezaron a surgir escuelas como la Universidad de Valpo, la Arcis, la Chile, la Católica y por primera vez gente que viene del estrato popular puede hacer cine. Eso es algo totalmente nuevo. Y claro, esta generación trae un atrevimiento, es una generación un poquito más lumpen, más atrevida. Nosotros mismos, cada vez que presentamos este proyecto lo presentamos desde una vereda políticamente incorrecta, porque no tenemos miedo en caracterizar distópicamente a la ciudad de Santiago. Tampoco tenemos miedo a generar reflexiones sobre ciertos sectores de la sociedad que han sido marginados, incluso más que los propios migrantes, por ejemplo, los delincuentes. Hoy en día todos concordamos en que el delincuente no es producto de sí mismo, sino que es producto de lo que hicieron con él, como dice una frase de Camus. Nuestra generación tiene la valentía y las ganas de presentar nuevos discursos.

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