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Luana Muniz nació varón hace 58 años. Cuando niño, abrió un libro y se encontró con ‘Luana’, el personaje de una guerrera africana. Así quería ser: mujer, linda, rica y amada. Era 1969 y la dictadura militar estaba instalada en Brasil. La represión y la prohibición atentaban contra toda forma de diversidad, pero nadie pudo inocular el miedo a esa niña que nacía en un cuerpo no correspondido.

Hace 47 años que ella está en las calles prostituyéndose. Han sido tiempos difíciles, ha visto a miles de travestis morir agredidos en los postes –entre orina y mierda-, y también a otros a los que el sida no les dio tregua. Pese a eso, no le ha ido mal. Montada en sus tacones, ha recorrido más de 39 países y participado en programas de televisión, películas y obras de teatro. Fama que hace varios años la llevó a autoerigirse como la mandamás en uno de los barrios más bohemios de Río de Janeiro: La Reina de Lapa, se hizo llamar.

Según estadística del Transgender Europe’s Trans Murder Monitoring (TMM) Project, el 50% de los crímenes en contra de la población trans del mundo se cometen en Brasil. Pero Luana se pasea tranquila por las calles. Desde el 2002, que –además de ejercer el comercio sexual- preside la Associação dos Profissionais do Sexo do Gênero Travesti, Transexuais e Transformistas do Rio de Janeiro, organización que funciona en una casona en pleno barrio de Lapa. Hasta allí llegan decenas de chicas que buscan un techo o algún tipo de ayuda. Ella les cobra un valor por la estadía diaria y pueden recibir a sus clientes. El alcohol, la droga y los robos están prohibidos.

¿A qué edad comenzaste en la prostitución?
Me inicié muy joven, en los tiempos de la dictadura en Brasil, a los nueve años. A esa edad salí de casa. Antiguamente los sitios donde estaban las prostitutas y los travestis eran los postes, llenos de orina, mierda y piedras, yo enfrenté eso. Luego vino la época del VIH, que no tenía ese nombre, era el “cáncer gay”. A los 20 años me fui a vivir a París y empezó mi carrera internacional. Lo que gané, lo invertí. Así han pasado 48 años de prostitución y 37 de carrera artística. Tengo triple ciudadanía, brasileña, italiana y portuguesa.

¿Por qué saliste a los nueve años de tu casa?
Porque nadie me manda. Era una furia de la naturaleza que nadie controlaba. Nunca quise obedecer a nadie. Vestí una minifalda y salí a vivir la vida. La mayoría de travestis no quiere seguir reglas… De pequeña quería ser rica, famosa, linda, casada, mujer. Ahora no quiero ser mujer, quiero ser travesti. Soy tratada como una dama, pero si me ofenden, me transformo en un macho, en un diablo.

¿Quién fue tu vínculo con la prostitución?
La calle, los hombres, conocí a los travestis de esa época en donde todo era precario. Las hormonas estaban prohibidas y el maquillaje para hombre también. Eran tiempos muy difíciles pero se ganaba mucho.

En tus inicios, ¿dónde trabajabas?
En Tiradentes, Lapa, Copacabana, Ipanema (Río de Janeiro). Al volver de Europa comprendí que había que trabajar por los derechos de las travestis. Reuní algunas que también trabajaron en Europa y el 2002 promoví la creación de la Asociación, porque el tiempo de la navaja y el cuchillo ya pasó. Ahora debemos luchar, hablar de nuestros problemas, cumplir con nuestros deberes para exigir nuestros derechos, aunque siempre hay alguna que avergüenza la categoría.

¿Qué significa ser travesti en Río de Janeiro?
Soy una representante de la comunidad LGBTI y la gente me respeta por mi historia como profesional del sexo, artista y empresaria. Hay otras personas que también trabajan por nuestros derechos. El índice de criminalidad en Brasil, principalmente en el norte y nordeste, es muy alto. Los prejuicios e intolerancia todavía son fuertes. En este país, la vida en general está banalizada. Todos los días se mata a un policía, a una mujer, a una travesti. Según las estadísticas, cada 30 minutos muere una mujer en Brasil. Un travesti es asesinado cada 24 horas, la frecuencia es la misma con los homosexuales. Brasil se dice un país democrático, sin prejuicios, pero es una gran mentira. Ahora en Río la situación es mucho mejor que antes. Lapa es un punto turístico, muchas personas vienen acá, hay muchos restaurantes y bares. Pero también es un atractivo para la marginalización. Muchos travestis, sobre todo de otros lugares del país, vienen a esta zona e, infelizmente, cometen delitos como robos. Un 20% de travestis a escala mundial se pierde en las drogas y muere prematuramente.

Hablando de trabajo, según las cifras, el 90% de travestis está en la calle.
Esas son las cifras. La Prefectura dice que la mayoría no quiere estar en la calle, pero eso es mentira. El sueño de un travesti es el nacimiento de Venus, ser linda, bella y ganar plata fácilmente. Pero en la realidad no es así, hay que tener capacidad para soportar a quien llega, ser simpática. Ahora el mercado de trabajo se está abriendo en todo el mundo. De hecho, Barack Obama consideró a una transexual para ser senadora de la República. Hay abogadas, doctoras. Existen planes de organizaciones que dan oportunidades y proyectos para estudiar. Mi exigencia es que exista acceso al estudio. No hago una apología de la prostitución, ni apoyo la prostitución infantil. Incentivo a que quienes quieran un trabajo convencional se preparen, pero el problema es que no quieren.

¿Qué oportunidades reales de trabajo tiene una travesti?
Hay quienes se dedican al área de la estética y trabajan en salones de belleza, e incentivo que lo hagan. También hay cursos de corte y confección. Abrí un local de ropa, en la planta baja del edificio en donde funciona la Asociación, y una travesti trabaja ahí. Son una minoría quienes ofrecen esas oportunidades. No se abre el periódico y se leen anuncios de trabajo para travestis, y pasará mucho tiempo para que eso pase.

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Brasil es el segundo destino de turismo sexual, después de Tailandia. ¿Cómo funciona el mercado de trabajo vinculado con el sexo?
Cada una de las chicas se hace cargo de su trabajo. Cada una que se preocupe de su culo, solamente no quiero problemas. Las incentivo para que estudien una carrera paralela, porque en algún momento esto se va a acabar. La juventud es importante en cualquier área profesional. Yo vivo de la prostitución. Las propiedades que tengo las compré con dinero de la prostitución. He hecho espectáculos en París, Ibiza, Islas Canarias, pero lo que me dejó más dinero fue la prostitución. Siempre tuve estrella para ganar sin negociar. Cuido de mi apariencia. En el día estoy cansada porque debo resolver todos mis asuntos, pero en la noche me transformo en una diosa. Aunque la crisis también afectó la prostitución, nadie deja de comer ni de follar. Cuando deje de ser puta voy a ser cocinera.

¿Cuál es el perfil de tus clientes?
Puede ser cualquier persona: desde quien vive en la calle hasta el de mayor nivel socio económico. No existe un termómetro del sexo.

¿Cómo es la relación con la policía?
En Río nos respetan mucho. De hecho, me llaman de la Delegación para resolver problemas de travestis.

¿Cuáles son los problemas más comunes?
Discusión con la policía al hacer abordajes con los clientes. El trabajo en la calle es conquistar a los hombres, no me interesa lo que pasa. Pero hay otras que se meten en problemas, porque lo que falta en Brasil es educación.

¿Los policías buscan sus servicios?
También. En el momento de hacer el trato no me interesa nada de la vida del otro, vamos a hacer lo que queremos hacer: como, me comen, chupo, me chupan. Doy el servicio y quiero la plata. Todo el mundo conoce a Luana Muniz y se han creado mitos en torno a mí. Quien me conoce profundamente sabe que tengo un buen corazón, pero si me tratan mal, trato mal.

¿Cuánto cuesta el servicio?
Depende de la negociación. Por ejemplo, pueden ser 50 reales por media hora. Pero puede hacerse un trato por 20 reales y salir de ahí con 2000. Eso depende de la negociación, del poder de seducción. Sophia Loren decía que la mayor arma del sexo, de ser mujer, femenina, es el misterio. Soy una enciclopedia viva.

¿Mejoró el negocio con el Mundial de Fútbol y las Olimpiadas?
Fue excelente para hacer plata, solo no ganó quien no quiso. Hubo muchos clientes. Fue tres veces más el número de clientes.

¿Hasta cuántos clientes atiendes en una noche?
Depende. En mi época de oro, atendí hasta 50 hombres en una noche.

¿Qué es lo más complejo de ser travesti profesional del sexo?

Para mí es una felicidad plena, un éxito, una sumatoria de felicidades y satisfacciones.

¿Alguna vez te enamoraste?
Me casé ocho veces, pero los dejé a los ocho porque soy como Marilyn Monroe, más valoro a los diamantes que a los hombres: Diamonds are forever. Me gusta más la plata que la polla, la polla es un complemento.

¿Pero tuviste un gran amor?
Sí, tuve. Pero hice como la mayoría de las mujeres, puse todos mis sentimientos en su mano y él hizo lo que quiso. Después de eso aprendí y no más. Eso fue en los 70, después me casé con un francés, un italiano… Solo plata. Y además tengo la mayor riqueza del mundo, educación, gentileza y amigos.

¿Ahora mismo estás con alguien?
Con todos y con nadie. Quien paga más, me lleva.

¿Hay disputas entre las travestis?
En el centro no. Yo apelo a la unión y el respeto. La razón principal por la que los travestis pelean es por la belleza. Nadie es mejor que nadie, todos merecen respeto.

Eres querida por la gente.
Soy considerada y respetada por las personas. Creo que el 70% gusta de mí, 20% finge que le gusto y al 10% no le gusto. Soy considerada la Reina de Lapa.

¿Cómo nació ese sobrenombre?
El título me fue dado.

¿Y qué representa?
Respeto, unión, dignidad. Para tener esta Luana fueron muchos años de construcción.

¿Cuántas cirugías te has hecho?
Varias. Solo no tengo cirugía en la cintura, en las pantorrillas, en los pies, en las manos, ni en mi polla. Mi polla está acá, la amo y, si pudiese, la aumentaría.