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Luis Guichard es un estudiante chileno de Historia que no la dudó un segundo para publicar una sentida carta dedicada a Juan Gabriel, todo esto luego de enterarse de la sorpresiva muerte a los 66 años del ídolo mexicano.

Según consigna El Dínamo, Luis utilizó su cuenta de Facebook para relatar cuánto influyó el “Divo de Juárez” en su aceptación y en su forma de ver la vida.

“Mi relación con Juan Gabriel está súper marcada por mis experiencias maricas, y ahora que murió es inevitable ponerlas en perspectiva. Cada momento de mis 25 años tiene alguna relación con esa vieja loca maravillosa, que tantas alegrías nos ha dado.
Cuando era más chico, debo confesar que Juan Gabriel me provocaba mucho rechazo: en su personalidad afeminada, en sus gestos y su voz aguda percibía todo aquello que no quería ser, pero que en el fondo identificaba como rasgos de mi propia personalidad”.

Así comienza esta carta de Luis, en la que enfatiza que “el rechazo –y quizás hasta repulsión– que me producía se multiplicaba al escuchar las burlas y gritos que los hombres adultos a mi alrededor proferían en su contra, y que me indicaban todo lo que no debía ser. Juan Gabriel era moreno, gordo, latinoamericano y demasiado loca como para querer identificarme con él, y fue así como me pasé la mayoría de la infancia y adolescencia renegando de su existencia”.

Añadió que “la adultez, y específicamente el encuentro con el feminismo, me permitió acercarme a su vida, y ver en él a un ídolo indiscutible, un modelo a seguir, digno de admiración por todo lo que enfrentó en su vida. Aceptar su imagen es vivir de manera positiva todo aquello que me enseñaron como errado o abyecto: un color de piel, una apariencia física, una forma de habitar el cuerpo desde lógicas que escapan a ese macho latinoamericano símbolo de violencia y miserias varias”.

Tras este análisis con perspectiva, el estudiante destacó con todas sus letras que “Juanga es la loca más grande entre las locas. La que más insultos aguantó, la que más se expuso en contra de esa idea de vivir ‘piola y en privado’ en tiempos en que aquello era mil veces más difícil que hoy. Por eso y más le debemos mucho. En su ambigüedad y carisma, las colas aprendimos a encontrarnos con nuestras madres, en aquella banda sonora almodovariana que son nuestras vidas de pobres, cada domingo escuchando ‘Querida’ entre el almuerzo y las mañanas de aseo”.