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A través de una carta escrita en El Mercurio, el senador DC, Ignacio Walker, defiende lo que -a su parecer-  ha sido la contribución de la falange al país. En ese afán, el exministro además aprovecha de marcar distancias con el comunismo.

“A los ocho años de edad aprendí que mi madre era “comunista”. Ella era regidora por la DC en Pirque, y varias veces, en la mesa familiar y en el medio social en que me desenvolvía, aprendí que tanto ella como el Presidente Eduardo Frei Montalva eran comunistas. No me parecía, necesariamente, una mala palabra. Yo veía a ambos trabajar por los pobres y la justicia social”, dice, antes de agregar que “más tarde aprendí que la palabra “comunismo” era, efectivamente, una mala palabra. Me bastó con leer “El Archipiélago Gulag” de Alexander Solzhenitsyn, y vivir la experiencia de la Unidad Popular, para aprender que el comunismo era una mala cosa, aunque compartiéramos una mirada crítica respecto del orden social (capitalista)”.

En esa diferenciación con el PC, afirma su vida aprendió que “la misión de la DC en Chile era disputarle el mundo popular a la izquierda marxista”.

“Y lo hicimos. La epopeya de Frei Montalva en torno a la “Revolución en Libertad” fue una de las grandes demostraciones de aquello”, recuerda.

Luego, Walker, habla de las miradas en que la DC ha disentido de la Iglesia Católica.

“La Falange Nacional nació a la vida pública rompiendo con el viejo Partido Conservador, el partido oficial de la Iglesia Católica, confesional y clerical. La Juventud Conservadora declaró libertad de acción en relación con la candidatura de Gustavo Ross, y fue ese uno de los factores que facilitaron el triunfo de Aguirre Cerda (masón y algo así como el Anticristo). Hicimos varias alianzas con los radicales y el Frente Popular, y Frei Montalva fue ministro de Obras Públicas de Juan Antonio Ríos”.

Asimismo, rememora que “los sectores católicos más conservadores no le perdonaron a la DC y a Frei Montalva la reforma agraria, y menos aún que éste introdujera la planificación familiar y los métodos anticonceptivos. Tras la recuperación de la democracia, Soledad Alvear impulsó el proyecto sobre filiación, para poner fin a la odiosa distinción entre hijos legítimos e ilegítimos (fui diputado informante de ese proyecto). Un obispo hizo una inserción de toda una página acusándonos de querer destruir a la familia”.

“Y suma y sigue. Ahora es el turno del proyecto sobre despenalización de la interrupción del embarazo en tres causales. Ante el voto a favor de la presidenta de la DC, Carolina Goic, un obispo se adelanta a decir que debíamos eliminar la palabra “cristiana” del nombre de nuestro partido (monseñor Manuel Larraín le hizo esa sugerencia a Frei Montalva en los años 50, pero por otras razones)”.

“Yo sé que la DC incomoda a muchos. Eso ha sido así desde siempre. No es fácil instalar un partido de inspiración humanista y cristiana, y de vocación popular, de carácter no confesional y no clerical, al interior de un espacio de centroizquierda (como lo ha sido la DC desde el Frente Popular hasta la Nueva Mayoría). Hemos sido signo de contradicción desde nuestro nacimiento como partido. Al final, lo que queda es el juicio de la historia y el veredicto de las urnas. En lo personal, creo que la DC ha sido una contribución positiva para Chile”, cierra.