garayorafa

“Le pido unos minutos para que escuche y observe, y también pueda sentir las reflexiones y el relato de Rafael Garay. Este economista de 40 años, muy destacado, que siempre ha tenido una visión bien crítica del sistema en el cual vivimos y que ha tratado de explicar la economía, que es muy dificil, en forma fácil para usted todo estos años. El, hoy día tiene un tumor, de fase cuatro, inoperable, qué pasa en su vida, cómo enfrenta esta situación, qué es lo que está haciendo, cuáles son los próximo pasos, qué es lo que se viene…”

Así presentaba Martín Cárcamo, con música de matinal de fondo, la entrevista que le hizo a Rafael Garay a principios de agosto, cuando el ingeniero comercial era aún economista, y harto antes de que comenzaran a aparecer los cuestionamientos respecto del supuesto cáncer, y de que enfrentase querellas por estafa.

En la escena, se ve a un Garay, sentado en el living de su casa, con cara de póker, escuchando como lo presenta Cárcamo, como cuenta que por su enfermedad ha decidido hacerse un lado del mundo público. Ahora se sabe que se hizo a un lado de Chile.

“Yo me siento bien, me siento fuerte, pero tengo síntomas, estaba teniendo dolores de cabeza, en ese momento importantes, ahora son mucho más fuertes. Empecé a tener distorsión visual, empecé a tener mareos, pérdida de sensibilidad en las extremidades. Esto es intermitente, no es permanente, pero partió en los dedos y resulta que ahora no siento hasta el hombro”, dijo entonces Garay.

“Los médicos siempres nos han hecho una pregunta cuando algo te duele, de uno a diez, ¿no cierto? Esa es la escala típica. Cuando yo empecé, tenía dolores permanentes, uno o dos, pero permanentes, y que te va demoliendo el dolor. Esta últimas semanas he tenido dolores nueve… y un dolor nueve significa morfina”, agregaba.

En palabras de Garay, “muchas mañana me levanto a vomitar, me siento mal, de tener que cancelar muchas cosas, porque me demoro horas en salir del baño”.

“Por lo que me explicaron los médicos, se me va produciendo una pérdida de memoria de lo último. Entonces me pasa que he conocido gente en los últimos meses, que te manda un whatsapp, y ahora yo lo leo y digo ‘quien es esta persona'”.

“Paso por roto en la calle, porque la gente siempre te quiere conversar, saludar, y yo no veo bien. He dejado de saludar a amigos míos, simplemente porque no los veo”, afirmaba.

Consultado por la enfermedad en sí, respondía ese día que “lo que yo tengo, para ponerlo en términos sencillos, se llama glioblastoma. Glioblastoma es un tumor cancerígeno, alojado muy cerca del cerebelo, casi envolviéndolo, y esto está en nivel cuatro”.

“El más agresivo en un tipo de tumor que en menores de 40 años no se da, se da en mayores de 55”, le decía a Cárcamo.

Sobre la opción quirúrgica, respondía que “se acabó hace un año atrás”.

“Independiente que yo me siento bien, no puedo desconocer los hechos. Despues de un año de detección de un glioblastoma sólo el 18% de las personas está viva, a los dos años, solamente el 2%. No hay nadie que haya llegado a un tercer año”, sentenciaba, mirando al comunicador a los ojos.

En la conversación, Garay también enarbolaría la tesis de que su tumor podía ser producto de cuando se metió a la planta nuclear de Fukushima a buscar a dos amigos desaparecidos.

Ver la entrevista completa acá.