garay

Muchas cosas se han dicho de Rafael Garay, el autodenominado economista que parece haber construido si no una mentira, al menos una vida paralela, un lado B como diría Gino Lorenzini. En ese afán, Eugenio Tironi analiza el caso del ingeniero comercial, “esa suerte de ícono del nuevo Chile que ahora se hunde en el descrédito”.

“Lo tenía todo: la calle frente a los poderes fácticos, la transparencia ante la opacidad, la limpieza ante una política podrida. Más encima tenía dinero y transpiraba éxito. Esto sedujo a los medios, que se entregaron a él sin hacerle preguntas que le fueran a incomodar. Ahora nos enteramos de que era todo mentira. Y que aún en esta época de diafanidad, nadie jamás se dio cuenta”, dice Tironi en el texto que escribe para El Mercurio.

El sociólogo se pregunta “¿Por qué los chilenos creímos en él? ¿Por qué nos negamos a sospechar de sus historias? ¿Qué vacío llenaba de nosotros mismos? ¿Por qué ahora este afán morboso de desnudarlo?”

Tironi ocupa como metáfora la novela “El impostor” de Javier Cercas, la historia de un catalán,  Enric Marco, que se erige como un resistente antifranquista sobreviviente del campo de concentración de Flossenbürg, lo que es todo mentira.

Afirma el ideólogo de la campaña del NO que “la mentira, digamos, es una verdad llevada al extremo”.

Para cerrar dice que así como Cercas concluye que el personaje de “El impostor” es “un espejo fidedigno de la tremenda historia de la España del último siglo,  lo mismo se puede decir de Garay respecto al Chile de los últimos años; una sociedad donde la visibilidad se volvió más valiosa que la consistencia, la espontaneidad más estimada que el rigor, el ingenio más admirado que la inteligencia, el éxito más estimado que el esfuerzo, la novedad más apreciada que la trayectoria, la astucia más meritoria que el trabajo”.