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“Lo conocí en el concierto que organizó Phil Ochs en el Madison Square Garden, para beneficio de los refugiados chilenos. Esto fue un año después del golpe militar en Chile. El concierto era una locura: estaban los Beach Boys, Pete Seeger, Dennis Hopper, Alro Guthrie y bueno….Bob Dylan, que llegó muy tarde”, cuenta la viuda de Víctor Jara, Joan, en una entrevista con El Mostrador en donde habla de cómo fue su encuentro con el flamante Nobel de Literatura, quien ese día le cantó -parece que sin saberlo- a Salvador Allende.

Del hecho ya pasaron 42 años, pero Joan, a sus casi 90, rememora escenas de esa jornada.

“Yo creo que Bob Dylan echó a perder el ambiente con su llegada. De hecho, se demoró mucho en aparecer, era de los últimos artistas programados. Cuando llegó al escenario para cantar Blowing in the wind, estaba absolutamente pasado, borracho a más no poder, tenían que sostenerlo para mantenerlo en pie”.

“Todos estaban decepcionados de Dylan”, admite.

Sobre qué tan consciente estaba Dylan de lo que se trataba el concierto en sí, dice que “costó muchísimo convencerlo para que fuera. Una vez ahí, estaba más interesado en tomar: siempre lo vi cerca del vino. En realidad, el ambiente no era muy consciente de la importancia del concierto. A Pete Seeger y su esposa no les gustaba lo borracho que estaba Dylan, y Toshi se dedicó a rescatarnos de un ambiente no muy en sintonía de lo que se trataba el asunto, de un ambiente en el que se fumaba…”

De todos modos, después del concierto, Jara tuvo la oportunidad de volver a toparse con el músico, ahora en otras circunstancias. “Tres días después del concierto fuimos invitados a una comida a la casa de uno de los patrones del evento, y estaban invitados los artistas. Llegamos a una casa impresionante, y Bob Dylan estaba ahí. Me llamó la atención que todos a su alrededor gateaban y susurraban. Todo porque él estaba durmiendo”.

Phil Ochs me vino a buscar y me dijo que Bob quería hablar conmigo, y fue un gran momento para la gente porque por fin “había despertado”, y recuerdo que fue al refrigerador y luego al jardín y se sentó. Instantes después, me llevaron ante él, era como una suerte de Dios: estaba ahí, pero al mismo tiempo no estaba. Me empezó a preguntar cosas sobre el país de Víctor. «¿Es verdad lo que dicen, que Chile está tan vivo?». Recuerdo que esa es la palabra que usó: «vivo»”, rememora.

También dice que Dylan preguntó “si acaso era verdad todo lo que estaba ocurriendo en Chile, los crímenes, todo eso. A sus ojos, encontraba innecesario hacer tanto revuelo por un país que ni siquiera sabía que existía. Después, me preguntó qué hacía cuando no estaba intentando difundir la palabra sobre lo que le había ocurrido a mi esposo. Le respondí que era una bailarina profesional, pero esquivé el tema…Y de pronto se me acercó y dijo: «¿Te gustan los cuadros? »”

De lo que vino después, sostiene que “recuerdo que todo era muy absurdo, toda la gente merodeaba y no dejaban de mirarlo. Era una locura. Algunos se acercaban y le decían «te pareces a Bob Dylan», y él respondía «sí, me dicen eso mucho, pero no tengo nada que ver con él, solo me parezco»”.

“Antes de irse, se acercó y me dijo «well, I’m here if you need me», pero nunca lo estuvo”, asevera.