niunamenos

En la calle nos vamos a juntar todas. Las que se dicen feministas y a las que la palabra todavía les da un poco de nervio. Las que se supone andan con bigotes y la axila sin depilar, y las que les gusta el rosado. Las que están enamoradas de otras mujeres y las que aman a un hombre. Las de guerrilla y las que recién esta semana cambiaron su avatar en redes sociales a una ilustración cursiva y de fondo rosado, con el lema: #NiUnaMenos.

Quizás pocas veces las mujeres nos ponemos de acuerdo; somos, después de todo, nuestras más críticas enemigas. La cultura en que crecimos -un país religioso, conservador y de recato para el sexo femenino-, nos ha marcado, lo queramos o no. Chile país de huachos, es un Chile país de madres solas, de pololas geishas y de mujeres trabajadoras. Si en el mundo es difícil ser mujer -para estudiar, para crecer, para ganar lo mismo-, en Chile, país de mamones, las mujeres tendemos a ponernos en el lugar de lo piola, de la dulzura, de lo que no molesta y cualquiera que se salga de la norma y levante la voz es tildada como feminazi. Como si defender al género ocultara tras de si una amenaza al otro.

Pero esta semana pareciera que todas nos pusimos de acuerdo. A este lado y al otro de la cordillera. El miércoles nos veremos las caras en la plaza, con las ganas de que a nadie, nunca, por favor no de nuevo, le ocurra lo que ocurrió en los días que recién pasaron.

Pasó lo de Lucía, a quien drogaron, violaron, torturaron y empalaron con un objeto tan desgarrador que el cuerpo colapsó. Lucía murió de dolor. El cuerpo de una mujer maniobrado con suficiente inhumanidad como para desintegrarla, reviviendo costumbres de eras salvajes. Se supone que esto no pasa. Que a nadie le podría pasar. A Lucía le pasó; murió de dolor.

También nos enteramos de Florencia. A Florencia su padrastro le puso una bolsa en la cabeza. Cuando estaba inconsciente, la metió a la leñera, la roció con bencina y prendió el fuego. Florencia estaba viva todavía cuando se prendió en llamas.

Lucía murió de dolor y a Florencia la quemaron viva. A otras les han sacado los ojos. A otras las han cortado en pedazos. A otras les han dicho que no valen, que no sirven, que no. Les han dicho que no.

Así que nos pusimos todas de acuerdo sin necesidad de hablar. De contarnos de esa vez que te tocaron en el metro, en la calle, en la micro. De ese profesor que te dijo que eras tan linda, de ese hombre que se cruzó contigo en la calle y te sorbió saliva al oído susurrando que le gustaría penetrarte, de ese pololo que no respetó cuando dijiste que no querías. Hay cosas que todas, feministas, feminazis, mujeres y niñas, sabemos: lo que es ser la mitad de la población del mundo y aún ser consideradas el sexo débil.

Pero porque somos fuertes y lindas y pensantes y amigas y hermanas e hijas y amantes, es que nos vamos a juntar en la calle. Nuevo o viejo feminismo, no queremos que nadie, nunca, vuelva a morir de dolor.

Por Isabel Plant, periodista y creadora de Mujeres Bacanas, un tumblr/ facebook/ twitter/ instagram donde junto a unas amigas se encargan de destacar a una mujer cada día. Mujeres bacanas que destacan por su historia, por su descubrimiento, su esfuerzo, su talento o su emprendimiento.