municipales

Me topé con una feria de pequeños productores, de esas que se hacen en primavera, y Conaf, que siempre se cuela en esas iniciativas, me regaló un peumo y no sé dónde plantarlo, porque el patio que comparto con mis vecinos es puro cemento y no creo que sea adecuado un macetero para un árbol nativo. La maldita primavera apareció con todo. He seguido recogiendo lúcumas del jardín que me toca mantener, toda una meditación, y en tiempos de cosecha, me toca pelar y moler la fruta, para luego hacerla pasar por un cedazo (de ese puré surge un dulce que se puede mezclar con chantilly para la famosa torta de merengue lúcuma). Las ponderadas mariposas, por otra parte, cual flores voladoras contrastan con el paisaje abyecto que nos oferta lo humano.

En este contexto paradojal se encienden las alarmas de triunfo de nuestro alcalde ciudadano en Valpo, Jorge Sharp, que sin duda constituirá un hecho simbólico político muy potente y representará la genuina recuperación de la democracia y el surgimiento de un modelo revolucionario de autogobernabilidad, que es el de la autonomía e independencia con respecto a la institucionalidad partidaria (al duopolio, concretamente).

Todo esto a pesar de que a mí me carga la política, pero irremediablemente hay que combatir al cerderío maraco facista y la delincuencia común enquistada en los municipios y otras instituciones de la puta República. Para mí es recomplicado participar de estas cosas por mi fobia social, por eso nunca salgo a volantear: no soporto las caras de la gente. Es la misma razón por la que nunca he accedido a cargos de representación popular, no soporto a los vociferantes que claman justicia, aunque tengan razón en sus peticiones. Hay un diseño que no me calza. Es necesario cambiar los patrones de operatividad de la acción política, para evitar a las viejas culiadas oportunistas y a los histéricos que quieren apropiarse del sentimiento de la gente.

Pero por primera vez en muchos años en este país, y en una ciudad como Valpo –convertida en laboratorio político–, hemos juntado a gente decentita y honesta, bien vestidita también -de hecho, uno de los grupos clave del movimiento es el Pacto la Boutique, un colectivo de gente de trabajo con un giro potente por el diseño y el glamour- y sobre todo bien comportada, con un objetivo cívico concreto.

Y, como decía, se encienden las alarmas de triunfo. El duopolio y toda su clientela serán neutralizados. En el día de nuestra victoria tenemos que estar preparados, tratar de llorar lo menos posible y tener listos los protocolos de repartición de cargos, para evitar las picanterías a que nos acostumbró el perraje concertacionista y de la derecha. Esa forma espuria del cuoteo partidario o por tribus, o por pituto familiar, debe desterrarse. Yo debiera estar en esa comisión que definirá los criterios de selección de personal. De partida, no me postularé a ningún cargo, porque no hay nada más rasca que ser funcionario municipal. Eso es para poetas mediocres y delincuenciales, o para tontitos como la María Kulona, que hace rato quiere apoderarse del departamento de aseo y ornato, para ponerse el delantal de vieja barre veredas (y para sacar caca, de perro y de la otra).

Todos esos picantes analistas políticos, siúticos de nuevo cuño, cuyo trabajo consiste en nombrar y consagrar a las élites, se llevarán la media sorpresa, porque se les moverá el piso y se caerán de raja. A los pendejos les pido que se levanten temprano para ir a votar el 23 (no carreteen de noche para que el domingo estén a primera hora cumpliendo con su deber cívico, cabras y cabros de mierda). Y le ganemos al duopolio. No pueden restarse.

Toda mi vida pertenecí a la tropa de los derrotados, porque cuando ganó el compañero Allende yo era muy chico. Después la victoria fue esquiva y el fracaso era nuestra marca identitaria. Por primera vez en muchos años el triunfo está a la mano. Obviamente no estamos preparados para eso. Les ruego que se comporten, insisto. No sean odiosos con los derrotados, eso es muy ordaca. La nueva política tiene fecha de nacimiento, lamentablemente va a ser en Valpo y no en San Antonio, como yo hubiera querido, pero es mejor ganar con cierta restricción del deseo, para controlar el entusiasmo, que suele ser muy mal aliado. He dicho.