Fernando Atria

¿Qué imagen te llamó más la atención en las elecciones?
En mi local de votación no corría un alma, no había ni una cola. Fue raro estar votando solo. Soy de una generación donde la fila tenía mínimo 20 personas. En esta ocasión casi no llegó nadie y para colmo, algunos que fueron ni siquiera pudieron votar por problemas con el padrón electoral. Fue tragicómico.

¿Por quién votaste en La Reina?
Para alcalde por Pedro Davis, candidato independiente, y Catalina Moya para concejal, pero no salieron, ganó la UDI. Nadie proyectaba tanto éxito para la derecha.

¿Y te las diste de pitoniso?
No tanto, solo sabía que la abstención iba a ser altísima. No me sorprendió para nada. En la última elección llegó casi a un 60%, se justificaba pensar que esta vez sería mayor.

¿Y cómo la interpretas? ¿Cómo abstención a secas o abstención de izquierda?
Una de las consecuencias nocivas del voto voluntario es no poder distinguir el contenido político de la abstención. Cuando el voto es obligario, el que vota nulo o blanco, desafía. Pero ahora no hay cómo saber si es desafío o lata. La abstención manda un mensaje ambiguo.

Ya, ¿pero qué más…?
En las condiciones actuales, el abstencionismo es indiferencia e indignación hacia la clase política institucional.

La crítica al voto voluntario está en llamas.
Si, pero hoy día es impensable volver al voto obligatorio. Yo creo que fue un error grave el voto voluntario, pero retomarlo sería interpretado como una manera en que los políticos se blindan a sí mismos.

¿Y cómo se soluciona la abstención entonces?
Si vamos a discutir el estatuto del voto, tiene que ser con una nueva Constitución. Este gobierno llegó al poder con una promesa transformadora y a pesar de que esa expectativa no ha sido completamente incumplida, se aguó en el camino. Lo que tenemos es una transformación extraordinariamente limitada, pero celebrada como si fuera una transformación mayúscula por el propio gobierno, y criticada por la oposición como si lo fuera. Además tienen la frescura de decir: “si tú no votas, otros deciden por ti”. Asumiendo que si uno va a votar, las cosas cambiarían en algo. Si el ciudadano creyera en esa premisa, de seguro habría menos abstención.

El voto perdió relevancia.
Absolutamente, excepto que seas un votante neoliberal. Ahí sí que eres relevante, porque mantienes el sistema como está. Por eso la gente de derecha sale a votar.

¿Justificas a la gente que no vota?
La entiendo. No me voy a sumar a la moralina del voto. Los mismos políticos que hace unos años declararon constitucional el voto voluntario, hoy critican a quienes no cumplieron su deber cívico. Es súper fácil decir que votando las cosas cambian. En teoría es lo mismo que decía Bachelet en la última elección presidencial: “yo necesito un Parlamento para llevar adelante las reformas”. Lo recibió. ¿Y qué pasó? Las reformas después del primer año se desinflaron.

EL PANORAMA

¿Piñera ganó las elecciones municipales?
Yo creo que no. Supongo que cuando se publique esta entrevista ya vamos a haber escuchado el típico argumento: “la ciudadanía rechazó el programa de la Nueva Mayoría y quiere volver atrás para que por fin se vuelva a la cordura”. Para mí pasó todo lo contrario. Esta elección es un castigo a los personajes más evidentemente vinculados a la política tradicional. El caso de Carolina Tohá es clarísimo. SQM le pasó la cuenta. El PPD había recibido harta plata, entonces no tiene nada de raro una reacción contra ella. Y en Valparaiso pasó algo similar. Por otro lado, en términos de datos, ambas coaliciones quedaron bien equilibradas, de hecho en los concejales electos no hay un giro a la derecha.

Pero se perdieron comunas emblemáticas, como Santiago, Maipú y Providencia.
Los partidos tienen problemas designando candidatos. Lo mínimo era dejar fuera de la papeleta a quienes tenían problemas con la justicia. Matthei no me sorprende. En las elecciones presidenciales pasadas sacó un 60% de apoyo en Providencia, no es raro que le fuera bien.

Evelyn Matthei es un rostro de la política tradicional. ¿Fue el votante de izquierda quien castigó a sus candidatos?
Sí, porque la deslegitimación de la institución política no es un problema de corrupción, es un problema de neutralización. El rechazo no es al programa de gobierno, es a su ejecución, a sus personajes. Recuerda el lanzamiento de la campaña de Lagos. Él sentía que en el país había una especie de demanda por orden y él representaba esa necesidad, por lo que cuando se anunciara como presidenciable, subiría como espuma. Pasó exactamente lo contrario. No hay una demanda por orden, hay una demanda por una una gestión de gobierno mínimamente eficiente y eficaz. O sea que no pasen chambonadas como las del Servel y el Registro Civil. Y si pasan, que sean responsabilidad de alguien, que el efecto no sea sacar del gabinete al ministro de Bienes Nacionales.

¿Se debió hacer algo más en el cambio de gabinete?
¿Hubo cambio? Genuinamente no entiendo cómo piensa el gobierno. En el fondo dijeron “no nos importa nada”. No se hicieron cargo del problema gravísimo que ocurrió con el padrón electoral.

¿Qué opinas de la victoria de Catherine Barriga en Maipú?
Yo creo que se explica más por Vittori que por ella. Creo que hubo un rechazo a los alcaldes que estaban siendo investigados. Con candidatos como Vittori el sistema político le dice a la gente que es indiferente a la corrupción. Y luego lloran: “el ciudadano no tiene aprecio por nosotros” ¿En qué mundo viven?

La presidenta Bachelet y el ex presidente Lagos hicieron reflexiones muy similares sobre los resultados.
Me llamó la atención que la Presidenta no dijera nada que estuviera a la altura de lo que había pasado. Y bueno, la declaración del ex presidente Lagos “hay que escuchar la voz de la gente”. Ya sabemos lo que eso significa para él: un giro a la derecha.

¿Qué resultado te llamó más la atención?
Estoy bien contento por cómo nos fue en Izquierda Socialista, elegimos 10 concejales y un alcalde, Gonzalo Durán en Independencia.

¿Y Jorge Sharp en Valparaíso?
Yo había recibido la información que tenían todos los expertos: Sharp no iba a pasar. Ellos mismos se sorprendieron con la magnitud del resultado y me alegra mucho. Le hace bien a la política chilena. La diferencia por la que ganó es abrumadora, pero el trabajo y la forma en que se planteó su campaña hizo la diferencia.

¿Qué va a pasar con la Nueva Mayoría?
Viene la necesidad de reconsiderar el pacto. No para romperlo, si no para cambiar sus términos. Hasta ahora se ha entendido que la convergencia entre el Partido Socialista y la Democracia Cristiana -núcleo de la Nueva Mayoría- se hace en términos de la DC. Pero han sufrido un giro extraordinariamente conservador de la mano de Ignacio Walker, Mariana Aylwin y tantos otros. Entonces cabe la pregunta: ¿Es posible que ahora la DC converja en términos del PS?

¿Cambiar los términos de convergencia?
La pregunta para el PS es si va estar en ánimo de hacerlo y la pregunta para la DC, es si va a estar dispuesta a revisar los términos.

¿Y dónde queda el Partido Comunista en este escenario?
Los términos que te estoy indicando, son términos que sin duda serían más atractivos para el Partido Comunista. No tienen dónde perderse.

CAMBIO DE TIMÓN

Fernando-Atria-foto1-alejandro-olivares

¿Cómo ves el futuro de la izquierda?
Es un futuro interesante, porque el Frente Amplio, que logró ganar con Sharp, se está abriendo paso. Claramente no es el camino que yo elegí, que es más bien buscar la manifestación de una fuerza de izquierda al interior del Partido Socialista.

Desde la institucionalidad.
Sí. No hay que ignorar lo difícil que es construir partidos políticos y el PS es un partido que tiene una tradición de la cual te puedes sentir orgulloso. Una tradición de articulación y organización creciente del pueblo chileno para producir una transformación que fue interrumpida por el 11 de septiembre. Pero en ese proceso antes del golpe, que es parte de la autocomprensión de la izquierda chilena, el partido socialista fue decisivo. Claro que ese legado no es una cuenta corriente que se puede girar para siempre. Por eso creo que hay que recuperar el proyecto de izquierda del PS.

Pero el Frente Amplio no quiere nada con la Nueva Mayoría.
Entiendo la distancia que sienten, pero por otro lado, hay que tratar de mirar todo el panorama. Es por eso que nuestro camino es difícil, transformar un partido desde adentro que parece estar reacio a ser transformado.

¿Y el camino que toma el Frente Amplio es más fácil?
También es difícil. Pero, ¿qué hacemos mientras tanto? Cada una de estas estrategias tiene que actuar con un ojo puesto en lo que está haciendo el otro y tomando en consideración, de alguna manera, una probable convergencia futura. Eso supone ciertas cosas sobre qué hacer y no hacer.

¿Cómo qué?
Mmm…no hacer cosas que dificulten una convergencia futura. Tener conciencia de lo que uno hace, afecta lo que está haciendo el otro. Entender que ambos vamos en la misma dirección.

El Frente Amplio te ha llamado varias veces para sumarte a su proyecto.
Me han tironeado harto, es verdad. Pero todavía tengo la esperanza de que la decisión presidencial que viene dentro del PS va a tomarse por primarias abiertas y que esa es la única manera de legitimarnos. Si se toma la decisión entre cuatro paredes, él o la candidata que salga elegido va a pesar menos que una pluma para la opinión pública.

El Frente Amplio va a disputar parlamentarias y presidenciales. ¿Crees que son una opción competitiva sin el PS?
Es difícil, es cosa de ver lo que está pasando en España. La vía española supone el fraccionamiento del partido tradicional de izquierda y la fuerza nueva de izquierda, haciendo imposible su expresión conjunta. Y eso, como pasó en España, termina redundando en un gobierno de derecha. El PS es el partido de Allende. Tiene una raigambre tan fuerte, que sigue presente a pesar de todo. Es muy difícil que surja una fuerza suficientemente grande para hacerle el peso. La izquierda dividida en dos versiones es un subsidio a la derecha. Y no es chantaje.

¿La opción es entonces una izquierda unificada?
Hoy por hoy esa unidad es imposible, pero el proceso debería ser que ambos se unificaran de una manera u otra. Sea en el lugar de ellos o en el nuestro.

¿Y si el Frente Amplio logra convocar al Partido Comunista?
Es poco probable que una fuerza de izquierda tenga relevancia política de verdad si no incluye al Partido Socialista y Comunista. Eso supone evidentemente, un cambio de rumbo en estos partidos.

Ahí la piedra de tope sería la Democracia Cristiana.
Es que depende en qué terminos converge la izquierda. ¿Será posible converger con la DC desde un partido socialista que volvió a la izquierda? Yo creo que muchos están dispuestos. En esto no cuento a Ignacio Walker, por supuesto.

SIN RETORNO

¿Cómo ves el escenario para las próximas elecciones?
Hay mucho que evaluar aún. No sabemos qué va a pasar ni cómo las fuerzas políticas planean converger, son procesos largos.

Lagos y Piñera aparecieron como portavoces post elecciones. ¿Se ve cada vez más cerca ese versus presidencial?
Si la elección presidencial fuera Lagos y Piñera, sería la ratificación de que la política institucional es incapaz de entender el país. Uno esperaría que un candidato se expresara sobre la situación actual proyectada hacia el futuro: ¿Es el gobierno de la Nueva Mayoría un paréntesis que debe ser cerrado para volver a la “tranquilidad política” de los noventa? ¿O es el gobierno de la Nueva Mayoría el principio imperfecto de un proceso de reformas importantes y que por consiguiente debe ser profundizado y corregido? Esa es la gran pregunta que Chile debe responder de cara a las próximas elecciones.

¿Cómo se interpretan políticamente los cuatro años de la Nueva Mayoría?
Justamente. Yo espero candidatos que tomen posicionamiento. Qué pasa con la reforma educacional, con la reforma laboral, con la nueva Constitución. ¿Son solo dudas que le bajaron a alguien sobre entusiasmado por una nostalgia sesentera? ¿o son respuestas a cuestiones que deben ser respondidas hoy?

Y si el PS decide apoyar a Ricardo Lagos. ¿Qué vas a hacer?
La pregunta es cómo el Partido Socialista decide apoyar a Lagos. Pero creo que sería un error histórico. Máximo Pacheco salió a aclarar que Lagos quiere profundizar las reformas. ¿Por qué tiene que hacerlo? ¡Porque todos saben que Lagos significa exactamente lo contrario! Independiente de lo que diga, en los hechos su candidatura está diciendo que la Nueva Mayoría es un paréntesis que debe ser cerrado para volver a la era de la Concertación, donde los presidentes iban a hablar a Enade y los aplaudían de pie.

¿Votarías por Lagos?
Votaría por mí en realidad, ja,ja. No sé, esa respuesta depende demasiado del modo en que Lagos llega a ser el candidato del Partido Socialista.

¿El PRO tiene lugar en este escenario?
Es muy difícil que el PRO se recupere de los problemas que ha enfrentado Marco Enríquez-Ominami. Al PRO le pasa un poco lo que pasó con los Legionarios de Cristo, que es una institución identificada con la persona de su fundador. Cuando Maciel cayó en desgracia, los Legionarios de Cristo no habían desarrollado una vida suficientemente independiente a su fundador. El PRO no ha desarrollado una existencia independiente de Marco y por lo tanto, que están en el centro de la deslegitimación de la política.

Aparte de esa deslegitimación, ¿hay despolitización? Los jóvenes salen a las calles, pero igual no van a votar.
La despolitización hoy no está en la gente, está en la política institucional que no puede contener las demandas de transformación que vienen de la ciudadanía. Da lo mismo que marchen 100 mil o 200 mil personas en contra de las AFP. Lo primero que dijo el gobierno sobre la movilización es que no hay recetas mágicas. ¿Qué dice con eso el ministro Valdés? Les dice a todos los que marcharon que son unos imbéciles por creer en recetas mágicas. Como si solo él, porque tiene un doctorado en no sé donde, se hubiera enterado que la magia no existe. Lo que yo espero de un gobierno socialista o centro izquierda, es receptividad. La gente sabe que no hay soluciones de un día para otro, pero deben darle un poco de crédito a los ciudadanos. La misma historia en Valparaíso. Con DJ Méndez como candidato a alcalde, le dices a la gente “ustedes son tan básicos, que si les pongo a DJ Méndez en la papeleta, van a votar por él porque es Dj”. Sin ofender a la gente que se dedica a eso, por supuesto.

Ciudadanía y política van por carriles distintos.
La sociedad no está despolitizada. Desde el 2011 en adelante, está cada vez más cargada de demandas políticas de transformación. Es la cultura política institucional la que está incapacitada para actuar. Es cierto, aún vivimos una despolitización creada por la Constitución de 1980 y que hoy es autónoma de ella. Esa Constitución que buscó neutralizar, terminó creando una cultura neutralizada. Y en contraste a esto, está la “situación política crispada” como si estuviéramos al borde la guerra civil. Es un completo sin sentido, pero así lo entienden.

¿Tu precandidatura presidencial ha tenido un buen recibimiento?
Muy bien. Hemos hablado con mucha gente que ha manifestado interés. Estoy hablando de un lado a otro buscando convergencia, porque creo que mi programa puede ser bastante transversal como transformador. Dentro de la Nueva Mayoría hay partidos que quieren transformación más allá del modelo. He viajado a regiones, me he juntado con candidatos presidenciales y otros personajes relevantes. Vamos avanzando a paso fuerte.

Cuando lanzaste tu precandidatura presidencial fuiste cauteloso. Dijiste que lo hacías para favorecer el debate de ideas. ¿Eso sigue en pie o te ves en la papeleta enfrentando a Sebastián Piñera?
Mi sentido sigue siendo el mismo, provocar esta discusión. Si eso es asumir con entusiasmo mi candidatura, lo hago encantado. Es importante que discutamos ideas más allá de los personalismos. La política también cumple la función de articular misiones sobre el futuro del país. Aunque está claro que para quienes llevan tantos años en el poder, esa misión parece haber quedado olvidada en el camino.