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En Providencia ocurrió un milagro: se recuperó la comuna para los vecindarios de la decencia y el buen emprendimiento. Los vecinos estamos contentos, regocijados. La muni de Provi será redimida. Volverán las guirnaldas de Natividad a la avenida Pedro de Valdivia, habrá más seguridad ciudadana y la cultura del panfleto será desterrada.

Cuando caminábamos por la avenida Los Leones, a nuestro local de votación, pedíamos a la Virgen del Carmen por nuestra victoria. Providencia, en manos de los abajistas resentidos, significaba oprobio moral y decadencia. Daba pena ver en nuestros barrios la invasión de bárbaros, haciéndonos sentir el rencor social, con la desfachatez de decirnos “vamos a reventar a estos fachos culiaos”. Sí, señor, con ese lenguaje se iban “empoderando”. Las primeras medidas estatistas y poco libertarias de la señora Josefa Errázuriz significaron la protesta de sus propios partidarios. Por cierto, con la Evelyn los empresarios del Liguria, y otros del mismo rubro, no sufrirán los embates de medidas acosadoras. Providencia volverá a la paz, a la dignidad, al esclarecimiento municipal de las políticas públicas. En Provi viven muchos compatriotas de la tercera edad, pobres viejos que no podían salir a pasear en horas del crepúsculo con la fresca, porque eran pasados a llevar por chusmas de mal vivir. Ahora terminará el acoso y la tontera bullanguera en el Parque de la Esculturas. La felicidad viene en camino, el respeto se huele en el aire.

Se dieron el lujo de deshonrar a la avenida 11 de septiembre. Llegó la hora del desagravio a esa efeméride nacional: ¡Providencia no es cualquier comuna, señor! Provi es el modelo de familia de clase media, de gente de esfuerzo, de profesionalismo, de cultura bien inspirada en las mejores tradiciones de la república. La victoria alcanzada en Providencia es muy simbólica: doña Josefa nos tenía hasta la coronilla. Valió la pena ir a la misa de las doce. Hasta los árboles y prados están contentos: serán podados con ternura y acuciosidad. Y el mundo de los artistas no tiene nada que temer. La Evelyn es una mujer de sensibilidad artística y no ajena al espíritu de las bellas letras. No permitirá la mediocridad y la avalancha de la lesera vociferante y fastidiosa. La nueva alcaldesa tiene verdadera sensibilidad social con los desposeídos. No juega con las cartas marcadas del red set, esos malvados se dieron un gustito: hablaron cínicamente de ser transversales, de poner los pies en las calles, de logros y sueños, de servicio público. Puras mentiras despiadadas. Y la derrota les dolió. Se nota mucho.

El sufragio de Providencia es de Dios, la familia, la propiedad privada y de la verdadera poesía. Ahora los vecinos de Provi marcharemos con la frente en alto sin odios paridos. La Evelyn, visionaria, llena de brío, voluntariosa a no poder, no le temblará la mano para recuperar la mística que caracterizó a Provi. La Evelyn nos devuelve la fe. Lo suyo es un triunfazo de marca mayor y auspicia un porvenir inimaginable. Ella es una mujer entretenida, buena moza, de buen humor, comprensiva, un poco impulsiva, garabatera cuando se para en la hilacha y le gusta echar la foca, pero su corazón es humilde y, por lo que yo sé, no arruga en el bailoteo, lanzada en la vida se las jugará por una muni moderna y eficiente.

En Providencia ha ganado la vida, el amor, la buena onda, la justicia. El domingo 23, el buen Dios nos ha bendecido y, en lo particular, pagaré la manda hecha a la Inmaculada Concepción con honda emoción, con el rosario de mi madre y la mejor disposición de dar lo mejor de uno. La Divina Providencia es inmaculada y siempre será nuestra.