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Sebastián Madrid es un sociólogo de la Universidad Católica y Doctor en Sociología de la Universidad de Sídney, Australia, que se ha dedicado a estudiar sobre tipos de masculinidades y, a la par, la estructura de los colegios privados de elite en Santiago.

Dos temas entrelazados que superaron la frontera de la academia con la publicación de “’Diversidad sin diversidad’: Los colegios particulares pagados de elite y la formación de la clase dominante en una sociedad de mercado”, un capítulo del libro “Mercado escolar y oportunidad escolar: libertad, diversidad y desigualdad”, editado por el CEPPE de la Pontificia Universidad Católica y lanzado en septiembre pasado, donde se revelan las estructuras, fragmentaciones y prácticas sexuales de hombres y mujeres de la clase dominante de este país.

Un artículo donde ocupó el material de sus tesis de doctorado que se titula “La formación de hombres de la clase dominante. Colegios privados de elite y relaciones de clase y género en Chile contemporáneo” y que revela cómo se enseñaba sobre sexualidad en estos establecimientos, con prácticas como el “chaneo” y el neomachismo posero.

¿Cómo nació la idea de estudiar a los colegios privados de elite?
Cuando realizaba mi tesis de doctorado en Australia me di cuenta que había un vacío importante en la relación entre educación, clases y género. El foco de mi tesis fueron las masculinidades y relaciones de género que se estaban produciendo en la clase dominante. Los colegios privados de elite siempre han sido no solo organizadores de clase, sino que productores de esta clase. Por eso me fijé en ellos. En este contexto, la idea surge como una inquietud académica. A diferencia de lo que sucede en otros países, en Chile no había prácticamente nada de este tipo de colegios ni desde la investigación social ni desde la política educativa. Por otro lado, como un tema relevante desde el punto de vista de justicia social. Para entender las tremendas asimetrías, la inequidad, la desigualdad, no podemos contentarnos con estudiar a quienes están en posiciones subordinadas, algo muy importante, sino que tenemos que estudiar también a quienes están en posiciones de poder y privilegio, de manera de entender la estructura social en su conjunto.

Tu trabajo es previo al estallido del 2011, cuando se comienza a hablar más abiertamente de estos temas.
Sí, fue el 2009, donde mis referentes para estudiar esto eran pocos en Chile. Y en esto yo noto como un “boom” desde finales de 2011, particularmente en Ciencia Política. Curiosamente puede tener que ver con lógicas medio neoliberales en la academia. Por un lado, quienes estudian elites estudian posiciones de poder. Se puede construir una base de datos con quiénes son los gerentes generales de las empresas, los políticos, cuáles son sus características demográficas, y hacer una caracterización, mapas de redes y tienes un paper, tenis cinco papers. Lo cual va en línea con las demandas académicas de hoy en día. También se puede relacionar con la primacía de lo cuantitativo como saber válido y objetivo, el número como el referente de la realidad. Además, en Chile la academia ha evitado de hablar de clases sociales, mucho menos de clases dominantes, optando por el concepto de elites.

¿Cómo es eso?
Es como que las clases sociales existieran cuando conviene. Se pone una serie de problemas teóricos para hablar de la parte alta de la estructura social en términos de clase, pero de la clase media todo el mundo habla. Creo que tiene que ver con la historia reciente, donde hablar de clases sociales se asociaba a conflicto de clases. Un concepto de clase asociado al marxismo, que era peligroso porque te podían perseguir, torturar y matar. Al hablar sobre la elite se puede evitar el conflicto, se puede evitar hablar de relaciones de poder, de dominación, e incluso, de explotación. Es un concepto medio neutro, casi descriptivo. Como el hecho de hablar sociológicamente de clase baja, media y alta, como si fuera una escalera, casi sin consecuencias sociales concretas. Pero efectivamente el 2009 había un interés mucho menor por estos temas. Creo que es por lo que pasó el 2011 y como Chile ha cambiado en los últimos años.

¿Cómo elegiste los colegios que estudiaste?
Utilicé distintas fuentes. Cuando Thumala estudia la religiosidad de la elite económica chilena, ella tiene una parte sobre educación y lista los colegios a los que la elite económica manda a sus hijos. Después había un estudio de una consultora que había hecho la pega de ver dónde habían estudiado los grandes gerentes. Había otros trabajos sobre educación de los políticos. Combiné estas cosas y me dieron un pool de establecimientos. Sobre eso empecé a buscar a través de contactos personales, gente que conociera, con la que había estado, que tenía hermanos ahí y a través de ellos les pedía que me ayudaran. Me costó harto. Me demoré seis meses en hacer 40 entrevistas. En la universidad me dijeron que estaba loco porque la tesis con 16 estaba bien. Fui aplicando el método “bola de nieve”, que una vez que tenía uno me contactaba con otro. Entonces, evidentemente no es una muestra que tenga una representatividad estadística, pero sí de carácter estructural, cualitativo. Complementariamente, entrevisté a 10 rectores de estos establecimientos y analicé un conjunto de información secundaria, como anuarios de estos colegios o estadísticas del Mineduc.

En el estudio identificas tres secciones de ese grupo “unificado” que uno piensa que es la elite.
Sí, a medida que iba avanzando empecé a identificar tres orígenes sociales y económicos, a partir del relato que los entrevistados hacían de sus propias familias. Primero, gente cuyo origen se remontaba a la oligarquía tradicional, cuya riqueza tiene varios siglos atrás. Otro grupo donde el origen de la riqueza y privilegio familiar se remonta a su vinculación con el Estado en el siglo XX, y tiene dos variantes: quienes empezaron su riqueza entre el Frente Popular y principios de los 70′, y otros que forjaron durante el proceso de privatización durante la dictadura. Y, por último, un grupo relacionado que son aquellos que son o tienen familiares que son profesionales exitosos, gerentes de grandes y medianas empresas sin pertenecer a los dos grupos anteriores. Ahora, uno puede problematizar ese corte, porque siempre hay casos que quedan en los bordes, pero son relevantes esos casos, quizás los más productivos. En Chile somos bien eufemistas y ocupamos lo de clase media alta. Yo nunca he entendido bien qué es. Evidentemente son concepciones diferentes, pero tiene que ver con la idea neoliberal que hay de las clases sociales que es invisibilizar estas condiciones de privilegio. Hasta las grandes fortunas de este país te van a decir eso.

¿Qué cosa?
Que ‘bueno, sí, yo tengo una excelente situación, pero este otro señor tiene una situación mucho mejor que yo’. Como que siempre la elite está hacia el otro lado. Que otros tienen más y allá parte la elite, no conmigo. Todos se tiran la pelota. Ahí hay un tema. Y estos colegios responden a esta misma lógica porque van buscando cosas distintas. Evidentemente algunos de estos colegios son más liberales y otros más conservadores; algunos practican un tipo de catolicismo, unos a otro tipo; unos tienen prácticas de género más equitativas y otros menos equitativas. Entonces, hay diferencias y eso muestra que no son una unidad homogénea y siempre ha sido así. Pero sí son una unidad, que se va moviendo, va cambiando y va mutando. Por ejemplo, es cosa de ver como los colegios particulares pagados de elite se han ido moviendo dentro de Santiago, adaptando a nuevas condiciones de mercado. Antes estaban en el centro, después en Providencia, después en Vitacura y ahora en Lo Barnechea o La Reina. Se van moviendo a medida que las preferencias residenciales de ese grupo van cambiando y la ciudad se va segregando. Los colegios privados de elite van mutando acorde de cómo van mutando las clases sociales. En este proceso se van diferenciado del resto. En este país el problema es con la falta de integración, hay una clausura en la parte alta de la estructura social. Ahora, dentro de las personas que yo entrevisté, el tema de las clases sociales fue emergiendo durante el desarrollo de la investigación. Una de las preguntas que les hice era cómo se describían a sí mismos y a sus compañeros. Y todos, todos, todos partían con categorías de clases sin que yo lo tuviese que preguntar explícitamente.

¿Cómo así?
Algunos partían con categorías de clase directamente. ‘No, nosotros somos de clase alta’. O ‘nosotros somos de la elite, o somos de clase media alta’. También señalaban que “mis padres son empresarios, los padres de mis compañeros eran connotados políticos” o cosas así. Otros ocupaban categorías de mercado, como ‘somos ABC1’. Eso era como la más bajo que llegaban, que es la visión socioeconómica de las clases sociales. Pero distintas vertientes del feminismo siempre han tenido una crítica respecto de esta idea marxista ortodoxa de que las clases sociales sólo se vinculan a la esfera productiva, al trabajo. Hay toda una dimensión que tiene que ver con la reproducción de las esferas de vida, con el trabajo doméstico que hacen las personas y con ámbitos que son más bien culturales que también están a la base de la formación de las clases sociales. Algo similar sucede cuando se estudia a la elite, quienes están en las máximas posiciones de poder, son puros hombres, por lo que dejas afuera a las mujeres, que cumplen un papel fundamental en la formación de la clase dominante y sus relaciones de género. Muchos de los entrevistados junto con identificarse con estas categorías ortodoxas de clase, también referían a esta dimensión más cultural, vinculada también a la educación y al género: hablaban de ‘familias con valores’, ‘somos de familias con papás que tienen una educación similar a la nuestra, que han ido a colegios como los nuestros, donde también fueron mis abuelos y los abuelos de mis abuelos’. Donde en las casas había un tipo de división sexual del trabajo y generalmente las mamás se quedaban en la casa, no siempre habían tenido estudios superiores, que es algo súper diferente a lo que pasa con las hijas de esas mujeres, con la generación que yo entrevisté.

¿Quiénes son?
Yo hablé con una generación que es dentro de todo joven, que no tienen en conjunto las máximas posiciones de poder, pero que estaban vinculados a ellas. Hombres y mujeres entre 19 y 45 ex estudiantes de estos colegios entre mediados de los 80s y el 2000s. Entonces, son las futuras generaciones y lo que viene de recambio. ¿Por qué? Los estudios de opinión muestran que estos hombres tienen mayor disposición a la equidad de género, al menos en lo discursivo. Y entré a través de sus colegios, no a través de su posición. Entrevisté a varios gerentes de corporaciones transnacionales, de grandes empresas estatales, de grandes empresas privadas, un par de políticos que habían tenido altos cargos de responsabilidad, y profesionales a los que les iba bien y otros a los que no les iba tan bien. Entonces, la entrada a través del colegio me facilitó eso porque hablábamos desde la cotidianidad. Es un estudio de carácter retrospectivo en lo que refiere a los colegios, pero que tiene absoluta vigencia.

Hablar del colegio en Chile es un tema. Todo el mundo tiene esa mala costumbre de preguntar dónde estudiaste, que coincidentemente permite saber cómo te va a ir después en la vida.
Eso en sociología se llama capital social; generar las redes correctas que te permitirán desenvolverte social y laboralmente desde una posición de privilegio. Muchos padres apuntan a eso al momento de elegir estos colegios. A ellos los pusieron en tal colegio no solamente por una tradición familiar sino que con este objetivo social. Es bien endogámico esto. Hay un estudio donde se estudian las estrategias matrimoniales de la elite chilena y como hay una práctica de que se casan entre iguales. En mi estudio, de los 40 que yo entrevisté, solamente uno no se había casado con alguien de un colegio particular pagado del sector oriente de Santiago. Eso me empezó a llevar a hablar de clase. La misma evidencia que me daban los datos, que me reportaban otros estudios, me decía que esto no era solamente la elite. Claro, acá a veces hablamos de la elite cuando queremos decir clase. No hablamos de clase por lo que te decía al principio: es mal visto y es cosa de ver cómo reacciona la gente con este tipo de términos.

¿Cuáles son las conclusiones con las que te encontraste en este estudio?
Que existe un correlato entre la fragmentación de la clase dominante -en términos ideológicos, económicos, etc.‑ y cómo se estructuran los colegios privados de elite a través de distintas prácticas institucionales. Estas prácticas producen una unidad diferenciada del resto del sistema escolar, pero a la vez esta unidad inicial se disuelve a través de un proceso de diferenciación entre este tipo de establecimientos que termina diluyendo la unidad inicial, y presentando el poder y el privilegio como algo individual y, por ende, invisibilizando la categoría misma de clase social. Es decir, estos establecimientos son funcionales a la configuración de la estructura de la social chilena clausurada en la parte alta.

¿Eso es lo que tú señalas como ‘diversidad sin diversidad’?
Claro. Yo estudié a exestudiantes de 18 de estos colegios de tres tipos distintos según como lo agrupaba la literatura. Los colegios de nuevos movimientos religiosos (los del Opus Dei, los de los Legionarios, etc.), lo católicos tradicionales (Jesuitas, del Verbo Divino, Holly Cross, etc). Además, tienes estos colegios no católicos, porque sí son confesionales, pero no católicos, formados por extranjeros, principalmente de carácter anglosajón. Estos tres tipos son bastante diferentes entre sí, pero apuntan a lo mismo en su conjunto. Los mismos entrevistados te dicen que sus colegios eran súper distinto de otros similares. Incluso te definen y diferencian en perfiles tipo. Y eso retrospectivamente, cuando ellos contrastan cómo ven a otros, cómo se ven a sí mismos. Pero cuando tú preguntas: tú qué haces, ‘¿cuáles son tus posiciones laborales, cómo organizas tu trabajo doméstico cuando ves la vida actual de las personas?’ ves múltiples elementos en común. En las historias de vida ellos te hablan del pasado, en otras del presente y en otras del futuro. Entonces, cuando ves esa temporalidad tú ves esa cosa más estructural, que estos colegios son funcionales a la estructura social que tenemos hoy día en Chile. En definitiva, esta diversidad sin diversidad les permite reducir el conflicto interno de esta clase, cada uno tiene su nicho.

¿En ese ámbito se refleja el resultado de los métodos de selección de estos colegios?
Entre otras cosas. Esta funcionalidad que tienen en términos más estructurales se basa en una serie de prácticas institucionales de estos colegios, algunas son explícitas y otras no tan explícitas. La selección es la más conocida, la que ha sido más debatida, las barreras de entrada, como los altos costos. Y eso es explícito. Pero hay otras cosas que son implícitas que en estudios de género y educación se llama el currículum oculto; es decir, las prácticas que existen, que no están en el currículum explícito, pero que condicionan la formación desde el punto de vista de las relaciones sociales que se van generando en términos de clase y género. Ahí es donde aparece este concepto del currículum gerencial, que es una idea que tomo de la literatura especializada sobre el tema de clases y educación estudiado en todas partes del mundo, menos en Chile.

¿Es un currículum hecho para que todos sean gerentes?
No. De hecho, lo pongo en el capítulo, que es evidente y obvio que no todos los que estudien en esos colegios van a terminar en posiciones de poder, eso está claro. Lo que sí comparten este tipo de establecimientos son algunos elementos que en su conjunto dan forma a este currículum gerencial como la competencia académica y deportiva, el cosmopolitanismo, el disciplinamiento de los cuerpos y como resuelven la tensión racionalidad / creatividad. Sin embargo, este currículum gerencial se despliega de manera distinta en estos tres tipos de colegios. Es diferente en un colegio católico anglosajón que exacerba más la competencia que en un colegio católico tradicional de tipo social, que en los colegios de nuevos movimientos católicos, donde se enfatizan mayoritariamente las matemáticas y las ciencias por sobre las artes. Son proyectos educacionales que en lo pedagógico apuntan a formar a personas distintas, pero que en lo social son muy similares.

Está también el tema del deporte y su competencia.
Hay todo un disciplinamiento de los cuerpos. Qué cosas pueden hacer los hombres y qué la mujeres. En los deportes es súper claro eso. Hay múltiples relatos de la centralidad de la competencia para estar en el equipo como entre equipos de otros colegios, en tornes en Chile o el extranjero. Una forma de vida bien especial. Y también en las mismas estructuras del colegio, en que la mayoría son solo de hombres o solo de mujeres. Los menos, en esa época, eran mixtos, especialmente aquellos vinculados al mundo anglosajón. Y esta idea de que el paisaje que ha ido cambiando, bueno, tú tienes algunos que eran de mujeres y que ahora son mixtos o al revés. O algunos que son coeducacionales, donde hombres y mujeres sólo se encuentran en el patio. Y los relatos de mujeres en los ochentas, de colegios privados de elite solo de mujeres, hablan de cursos de economía doméstica, de bordado, cocina. Unas cosas anacrónicas, terribles. Había una visión de la mujer bastante centrado en lo doméstico, que sigue perdurando en muchos de estos grupos. E incluso en algunos que se dicen más progresistas, con relaciones más equitativas, tú ves que en las prácticas de los hombres con compañeras hay prácticas bastante sexistas. Y un tercer componente es cómo se relacionan con los otros, con la sociedad.

Cuando salen de la burbuja.
Exactamente. Ahí hay dos grandes imaginarios: la idea de la burbuja, donde todos son iguales y donde esta igualdad está dada en cómo se definen ellos socioeconómicamente y culturalmente, pero también hay un imaginario de la diversidad. O sea, sobre todo en algunos colegios tradicionales católicos y no católicos hay una idea de que son diversos porque hay algunos padres que no son del gran empresariado o porque hay diversidad religiosa, o porque hay diversidad política. Pero eso no quiere decir que haya una diversidad de personas con condiciones y oportunidades económicas distintas a las de ellos. Todo lo contrario. Como decía un entrevistado, “diversidad en el 2% de la pirámide social”

Me recordó una teleserie en Chile donde la trama era que se volvía colegio mixto con una reja al medio.
Eso es gráfico, tal cual. Hay un colegio en el sector oriente de Santiago que es exactamente así y los alumnos tienen un nombre para eso. Hay un pasillo que está enrejado por los dos lados y por arriba donde se tienen que gritar y casi que tirar cosas de un lado a otro, la sección de mujeres con la de hombres. Hay un relato de un entrevistado de ese mismo establecimiento en la cual él cuenta cómo fue cuando les fueron a hacer educación sexual -un ámbito que todos los entrevistados y entrevistadas coinciden en señalar como deficitario- una pincelada centrada en lo genital biológico reproductivo y ligado al matrimonio, sin tocar temas como el deseo, el placer, los métodos anticonceptivos modernos, casi medieval en los albores del siglo XXI. Bueno, este entrevistado me contaba que fue una mujer a hacerles clases de educación sexual y él dice ‘por suerte salió todo bien y no pasó nada malo’. Y yo le pregunto ‘¿y por qué podría haber salido mal?’, y me dice ‘porque nosotros, imagínate, encerrados, puros animales podría haber quedado la cagá, porque tenían 200 monos y una mujer ahí’, dando a entender que podría haber pasado cualquier cosa porque ellos -y esto es reiterado en estudios de masculinidad- dicen que no se pueden contener, que hay como una animalidad dentro de ellos.

¿Un deseo incontrolable?
Como que hay un deseo que ellos no pueden controlar, que justifica cuando son violentos, que justifica por qué los hombres agreden sexualmente a las mujeres. Entonces estaban en un espacio que no solamente era una burbuja de clase sino que también de género. Ahí se vuelve a cruzar el género con la clase como dos estructuras que se producen en conjunto, simultáneamente.

¿Tú estudio no incluye sólo a hombres?
No, incluye también a mujeres, algo raro en los estudios de masculinidades. El objetivo inicial era entrevistar a parejas y eso fue extremadamente difícil. Tengo dos parejas y son súper relevantes los casos. Pero me fue súper difícil porque los hombres no querían que entrevistara a sus parejas.

¿Por qué?
Porque habíamos hablado de sexualidad, de intimidad. Uno una vez me dijo ‘sí, yo te podía hacer el contacto, pero ¿tú le vas a preguntar lo mismo de sexualidad que me estay preguntando a mi? ¿Y le vay a contar lo que yo te conté?’ Existía ese resquemor. Y entre algunas mujeres, pasaba lo contrario. Ellas eran como la portera y le cuidaban un poco la agenda al marido gerente, el director de empresa o político que tenían. ‘No, es que él está muy ocupado, no va a tener tiempo para atenderte, pero te puedo derivar con una amiga’. Así completé otras siete entrevistas con mujeres no relacionadas con estos hombres.

“LA ‘CHANA’ ES LA MUJER-OBJETO A CONQUISTAR”

Cuéntame sobre este tema del “chaneo”. ¿De qué se trata?
Hay que contextualizar un poco. La relación con los otros diferentes, con personas de otras clases sociales, se da a través de dos dimensiones en los colegios privado de elite. La primera es de carácter institucional: los establecimientos organizan una serie de actividades para relacionarse con el resto de la sociedad. Por ejemplo, de carácter religioso (misiones, evangelización en zonas rurales pobres) o de carácter social (trabajos de verano en poblaciones) donde en distinto grado, profundidad y tiempo alumnos de esos establecimientos pueden relacionarse en un tiempo variable con personas de otras clases sociales. Esto también es bastante raro porque nunca es una relación como iguales y eso se va a reproducir en la segunda dimensión, a la cual hace referencia el concepto del “chaneo”. La segunda forma de relación con la sociedad, tiene un carácter informal, pero que se desprende indirectamente de esta burbuja de género. Se produce desde la cultura juvenil de la clase dominante y contravenía la idea de establecimientos conservadores y de familia, esta imagen que proyectan estos establecimientos. El “chaneo”, concepto utilizado tal cuál por casi la mitad de los entrevistados hombres, consiste en relacionarse con mujeres de clases subalternas con un objetivo de realizar una conquista sexual, de diversión, pero sin tener que responsabilizarse de las consecuencias de esto. La “chana”, como la llaman, ‑así de despectivo, clasista y sexista en el relato de varios entrevistados‑ es la mujer-objeto a conquistar. Es una mujer que es considerada diferente, con la cual no se va a tener una relación emocional, no se va a pololear con ella. Es una especie de trofeo para alardear de su masculinidad heterosexual. Esta práctica sucede en el contexto de viajes de estudios, en fiestas fuera del sector oriente donde viven y estudian, e incluso, con el propio servicio doméstico de sus hogares. El “chaneo” simultáneamente produce un límite de género y de clase hacia los diferentes, pero también entre iguales, entre otras fracciones. En algunos casos, se narraba que era mal visto realizar este tipo de prácticas sexuales, en cuanto demostraba una moral cuestionable y además la “chana” podía constituir un peligro, de infecciones, de un embarazo no deseado.

Y a las mujeres de su misma clase las tratan con respeto y cuidan versus lo que van a buscar superando esa barrera imaginaria.
Sí, efectivamente hay un trato diferente. No es que también traten a todas las mujeres de la clase dominante de la misma forma, también hacen distinciones. Pero en su conjunto claramente hay dos tipos de mujeres divididas por un tema de clase. Efectivamente hay algunas referencias que las mujeres que no encarnaban el ideal de la femineidad eran sujetos potenciales de bullying y esa relación no era igual con la mujer que sí encarnaba esta idea de mujer bonita, que era de la barra, que hacía deporte, y era más ‘popular’, o con las mujeres de su propia familia. A través de la práctica del “chaneo” existe una doble subordinación por ser mujeres y de otra clase social. Ahora, no es que las mujeres de sectores populares no tengan “agencia” o capacidad de decir que no. No es que vaya un pelotudo en su auto y todas digan sí. Sería interesante la mirada desde abajo, el contrapunto. Yo no lo hice.

¿Podemos hacer un link entre los temas que discute la sociedad chilena como la violencia de género, el machismo, con la manera en que se educan los hombres en estos colegios privados de elite?
Los estudios muestran que la violencia de género es transversal a todas las clases sociales. Se visibiliza menos en los sectores altos porque hasta hace poco se tendía a ocultar. Esto también ocurre porque muchas veces la violencia psicológica (los gritos, insultos) o la violencia económica (control autoritario sobre las condiciones materiales como el presupuesto familiar) tienden a no considerarse como violencia de género. Esta violencia se da en conjunto con la violencia física y sexual. A la vez, en los sectores privilegiados, hay una menor propensión a la denuncia, aunque ahora eso está disminuyendo. Indirectamente, sí se puede relacionar porque los grupos dirigentes, donde salen los grandes líderes y que reciben supuestamente “educación académica mejor que el resto”, hay un problema porque por un lado se declara en las encuestas que son más género equitativo, pero no necesariamente hacen lo que dicen. Entonces hay un neomachismo.

¿Un posero?
Un poco. Está muy de moda la idea del nuevo padre, de pasear a la guagua en cochecito, en la plaza, donde todos me vean. Me saco la selfie, la subo a instagram, pero en verdad cuántos de esos preparan la comida, cuántos de esos mudan a las guaguas, cuántos de esos limpian los baños. El trabajo que cansa y te desgasta, poco. Poco, porque en la clase alta incluso lo hace otra mujer, lo hacen las nanas. En algunos casos a mí me hablaban de ‘servicios’, que en las casas vivían siete personas y había dos nanas, una cocinera, un comadre que limpiaba los vidrios y un jardinero. A veces la mujer de estos hombres termina siendo un gerente hogareño.

Ahí se repite esta respuesta del machismo de decir “porque me enseñaron de esta forma, vengo de una cultura”. Que es una justificación del hombre para sacarse los pillos.
Ahí también hay diferencias. Es artificial decir que hay una causal entre la formación que tienen estos hombres en los colegios privados de elite y la violencia de género. Está relacionado, pero no es una relación casual. Este estudio no está diseñado para probar o desmentir eso. Pero efectivamente hay elementos de cómo se relacionan estos hombres y mujeres en espacios privilegiados. A través de estas prácticas institucionales los colegios va condicionando, estableciendo los ideales de cómo tiene que ser una mujer o un hombre. Porque la diferencia sexual ni siquiera es considerada. Hay algunos relatos de personas no heterosexuales y de cómo tuvieron que ocultar esto para no ser discriminados. La homosexualidad era un tema ultra tabú.

portada libro uc
Mercado escolar y oportunidad educacional:Libertad, diversidad y desigualdad
Javier Corvalán, Alejandro Carrasco y J.E. García-Huidobro (editores)
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