En uno de los clásicos llamados al Rumpy, que data de hace unos años atrás, una mujer contó cómo incursionó con un alumno que no dejaba de jotearla.

De acuerdo a lo que relata, pasaron varios meses, hasta que ella se decidió por invitarlo a su casa, esto después de insistentes ruegos.

“Ya, una vez, pero si no lo haces bien, chao”, le dijo ella.

Tras conversar largo rato y tomar sólo juguitos, la mujer afirma que “como a las dos de la mañana me lo tiré, le hice de todo, no sé poh, todo lo que te imaginí, quedó loco”.

“Empecé con una conferencia, terminó a las 2 minutos, como a la tercera vez que lo hicimos fue mortal, fue muy bueno, porque es un cabro grandote, enorme, al final estuvimos toda la noche dándole”.

“Al final, me siguió gustando la tontera de tirarme al cabro, todos los fines de semana”.