prostitucion

Sarah es una scort y bloguera de 22 años, a la que el sitio Vice le quiso preguntar por el tipo de clientes que la frecuenta. Entre el ramillete de hombres que la solicitan se encuentran desde magnates, culposos, los que  todavía no resuelven su orientación sexual, entre otros. 

El de las lucas

La trabajadora lo describe como poderoso y seguro de sí mismo. Abogados, famosos, gente del mundo de la economía, que le gusta hablar de todo lo que tiene. “Normalmente esos clientes quieren que los dominen. Son personas con un estilo de vida influyente y el poder de controlar a los demás. Por eso, a puertas cerradas, quieren que los regañen y los insulten”, confiesa la chiquilla.

Sarah agrega que la mayoría le pide sexo anal o le exigen que pida regalos caros o se aproveche de ellos. “Tengo muchos zapatos caros que ni siquiera me gustan pero son regalos de mis clientes con fetiche de pies”, dice.

El último día de soltero

El que se casa mañana tiene su táctica: Siempre reserva una pieza en un hotel. Llega con el padrino y le cuentan que es la despedida para dedicarse a la fidelidad eterna con la futura mujer. “A veces me enseñan las fotos de sus futuras esposas en sus teléfonos. Algunos son muy atractivos”, cuenta.

El complejo Richard Geere en Pretty Woman

Sarah cuenta que hay clientes que sueñan con reformar a una prostituta y darle una mejor vida. “El último de esta especie me dijo que me iba a enseñar el negocio de las bienes raíces para “ya no tener que hacer esto” “, dice la profesional, quien agrega que está bastante a gusto con su pega actual y no la cambiaría por vender casas. 

Al que no le funciona el amigo

Algunos se congelan cuando ven a una trabajadora sexual. Parece que el pensar en la experiencia con la que cuenta la mujer los disminuye y simplemente no se les para. “Algunos se ríen y se van y otros tratan de recuperar su dinero. Pero obviamente así no funciona. No somos de esos abogados que si no ganan el caso, no cobran”, cuenta Sarah.

La primera vez

Muchos clientes llegan presionados por la sociedad, pues al llegar a cierta edad y seguir castos sienten el juicio del otro, como si algo estuviera mal con ellos. Sarah dice que aveces llegan gallos con amigos y pagan para que les quite la virginidad. “Todas las prostitutas han vivido algo así. A veces me pregunto cuántos hombres han perdido así su virginidad”

El gay que lo intenta igual 

“No son muy comunes pero aparecen de vez en cuando. A veces se dan cuenta de que sí son bisexuales. Otras veces confirman que no”, dice la profesional.

El cliente oscuro 

Todos tienen fetiches y obsesiones, pero algunas veces, hay hombres que llegan hasta Sarah con tendencias sexuales perversas.  “Hay hombres que disfrutan hacerlo con chicas mayores de edad y pedirles se vistan como niñas. También se esfuerzan para hacer que la habitación parezca la recámara de una niña. La mayoría de las trabajadoras sexuales nunca aceptaría algo así pero es más común de lo que crees”.

El que quiere compañía: Un abrazo y un chocolate caliente

La scort cuenta que la visitaba con frecuencia un cliente cincuentón. La primera vez que lo vio, el hombre se acercó para pedirle un abrazo, nada más. “Sólo quiero acostarme y abrazarte ¿se puede? Y tal vez platicar de cómo estuvo nuestro día”, le dijo.

Se trataba de un viudo que echaba de menos el contacto emocional con una mujer. “Este tipo de cliente es de los más difíciles porque quieres satisfacer esa necesidad pero al mismo tiempo quieres encontrar algo así para ti en el mundo real”, cuenta la chiquilla.

El arrepentido

A algunos les baja un ataque de culpa en plena relación sexual.”El último que tuve fue un cliente, de alrededor de 35 años de edad, que llegó con un sombrero enorme puesto. Ya adentro, revisó dos veces que la puerta estuviera bien cerrada. Era la definición de paranoico. Luego, a media chupada, gritó “¡ESPERA! No puedo”. Le pregunté si tenía algo que ver conmigo y dijo “No, tengo esposa; no puedo dejar de pensar en ella”.