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La actriz chilena, Mariana Loyola, es la protagonista de la tradicional sección del manifiesto de La Tercera. En esta oportunidad, la protagonista de “Rara” habló del feminismo, las diferencias monetarias en el mundo de la actuación dependiendo del género y de la forma en que educa a sus hijas.

Sobre esto último, la actriz de “Amores de Mercado” soltó que “en mi casa les prohibí a mis hijas escuchar reggaetón por las letras. Llegó un minuto en que me pareció ridículo ver las noticias sobre femicidios y al mismo tiempo escuchar esas canciones que denigran a la mujer”.

Añadió que “mi hija menor alegó un poco. Soy súper estricta en esos temas. A ellas les digo que ningún amigo las puede tratar mal, a la primera, chao. Porque después del garabato viene el combo y después la violación. Las educo para que tengan tolerancia cero al machismo”.

Por su parte, Loyola criticó que “en televisión las actrices ganamos la mitad de lo que gana un actor. Si un rostro hombre gana 20, la mujer gana 10. Aunque los papeles sean igual de protagónicos. Eso pasa a todo nivel, acá en Chile y también en Hollywood. Lo encuentro insólito”.

Respecto a sus motivos para dejar la TV, indicó que “me resultaba muy fácil. Me aburrí de hacer siempre lo mismo, sentí que no había profundidad. Me empecé a angustiar, porque necesitaba hacer algo más. Me aburro rápido de las cosas y para hacer teleseries tienes que estar ocho meses en lo mismo. No sé cómo hay actores con 25 teleseries en el cuerpo, yo no podría”.

Profundizó que “lo que más me gusta es el cine, es lo máximo. Intento no actuar, es decir, que el personaje esté tan dentro que al momento de rodar solo fluya la verdad. Ahí no se puede corregir nada y esa adrenalina me encanta”.

En otros pasajes de su manifiesto, Mariana recordó los problemas que tuvo en su etapa escolar, pese a que siempre obtuvo buenas notas: “En el colegio era bien rebelde y pasaba suspendida. El inspector tenía en su oficina una fotografía de Pinochet y yo le decía que no le iba a hacer caso a alguien que tuviera un retrato del dictador en la espalda. Mi mamá estaba cansada, a la cuarta vez que la llamaron al colegio me dijo que no iba a ir más, que me las arreglara sola. Tenía buenas notas y, a la vez, era una alumna bien política”.