Gigolo por accidente

Se sabe mucho sobre el negocio sexual femenino, pero poco se ha escrito sobre los prostitutos hombres. El sitio Vice conversó con Michael, un hombre de 58 años que trabajó por más de una década en el comercio sexual.

El súper fetichista

Michael tuvo un cliente adicto a la repostería y la crema. El trabajador sexual tenía que cubrir su cama con tres frazadas antes de empavonar a su cliente en leche batida.  “Otro tenía el fetiche de una manguera de alta potencia: recuerdo haberlo rociado una noche a las 2 AM. Realmente se excitó mucho. Hubo dos que amaban las ortigas, así que siempre me aseguraba de tener unas en el jardín trasero. Las frotaba sobre sus cuerpos”, cuenta.

Otro del catálogo amaba los calcetines sucios, así que durante el encuentro sexual, el hombre olía las prendas de Michael y se los ponía en la cara. “Ahora me preparo bien; tengo un par de calcetines especiales en mi casa y todas las mañanas, antes de tomar una ducha, los froto debajo de mi brazo y los meto en una bolsa zip-lock para cuando lo vea. El cliente también me ha comprado dos pares de calcetines”

Los primerizos 

“Soy muy profesional; siempre me tomo mi tiempo y les ofrezco poppers de fórmula original”, dice el trabajador.  Sabe que muchos llegan temblorosos a su primer encuentro, que tienen expectativas y temores. El profesional sexual lo compara con la primera vez de hacerse un tatuajes: El sujeto llega a reunirse con un extraño y  sólo ha visto información web.

Los alocados 

Michael se jacta de hacer movimientos particulares, sobre todo el que él mismo llama “cogida de helicóptero”. “El cliente está en cuatro patas viendo a la pared y yo estoy viendo hacia el otro lado mientras me lo cojo de reversa. Puedo penetrarlos por atrás, con sus nalgas presionadas contra las mías, y puedo girar 360 grados mientras lo hago. No está mal para una persona de 50 años. Muchos clientes han leído sobre esto en mis reseñas y lo solicitan específicamente”, cuenta, agregando que es capaz de performear cosas que no se han visto en ninguna porno.

Los que quieren hacerlo en lugares demasiado particulares

Algunos quieren tirar en un cementerio o que el trabajador sexual los humille en la vía pública. Algunos piden sexo grupal y le preguntan a Michael si puede conseguir otros muchachos. “Si quieres eso tendrás que pagar el 50 por ciento por adelantado”, exige el profesional.

Los discapacitados 

Hasta hace un tiempo Michael atendía a un hombre en silla de ruedas, que le contó que en algunas ocasiones los scorts le cortaban el teléfono cuando se enteraban de su discapacidad.  “”¿Cómo se atreven?” Si un escort tiene un problema con alguien porque tiene una discapacidad, no es apto para trabajar en este negocio”, reflexiona el profesional.

Entre su lista de clientes ha contado con un sordo mudo, al que algunas veces le tenía que escribir las cosas, pero con el que se “comunicaba bastante bien”.

“Tuve una experiencia extraordinaria una vez en la cual tuve que conocer a los padres de un cliente. A este cliente, que estaba conectado a varios monitores debido a su discapacidad, lo habían estafado varios escorts. Me quedé muy impresionado con los padres; querían conocerme para que pudieran sentirse cómodos primero. Así que almorcé con ellos antes de la acción, y incluso me ofrecieron una cama para que pasara la noche”, cuenta Michael.

Los paltones

El profesional ya no se sorprende cuando lo quieren reservar por 22 horas. Se lo llevan de viaje y hasta lo hacen presenciar firmas de contratos.

Los indecisos 

Hay algunos clientes que dicen “no” en último momento. No llegan, cancelan a última hora, “no puedo hacer que funcione el GPS en mi auto”, “mi hermana tuvo un accidente” y “me dijeron que necesito operarme”, son algunas de las excusas que ha escuchado en el último tiempo.

Ellas

“Alrededor del 99 por ciento de mis clientes son hombres; es raro que me toquen clientas. Pero de vez en cuando me toca una chica joven y elegante que trae una botella de vino blanco”, cuenta el scort.