carta navidad A1

“Son días de campanas de Belén y jingle bells y la homilía de un papa y los gritos del pavo y los chasquidos del turrón y los chillidos de la felicidad recién comprada”, dice el periodista y escritor argentino, Martín Caparrós, en la columna en The New York Times en donde se refiere a la Navidad.

“Vivimos una vez por año nuestro Momento Dios; de pronto, todos le hacemos caso”, apunta Caparrós, quien aclara que “no suele suceder. Yo no termino de creerme que si me porto bien y fornico mal y voy cada domingo a un galpón lleno de cruces y le cuento mi vida a un señor y cumplo con sus purgas, después voy a vivir unos milenios en el barrio cerrado de Paraíso con angelitos que me toquen el arpa. Tampoco consigo estar seguro de que los amigos Hitler y Stalin y Videla vayan a pasarse los siglos de los siglos quemándose en un asado de sí mismos alimentado por diablitos”.

Del mismo modo, sostiene que tampoco le parece “que un señor nacido de una virgen caminara sobre las aguas los días que no producía peces o revivía difuntos y que después se martirizara para salvarnos de la condena eterna y que, por último, se hiciera resucitar por su papá, aprovechando que era un dios”.

De todos formas, reconoce que “el sábado voy a cenar con una ristra de parientes y nos vamos a querer y sonreír y regalar y atiborrar porque la Iglesia católica apostólica romana ha establecido esta costumbre a partir de aquellos cuentos”, pues “si hay algo que triunfó en este mundo es la Iglesia católica y su mitología. La Navidad es el monumento a ese éxito: el tributo que pagamos cada año a la potencia de una ideología”.

El catolicismo, como buena religión -dice- ” está basada en la fe ciega: es una escuela de acatamiento y sumisión para enseñar a millones a creer cosas imposibles porque alguien que dice que sabe más les dice que así son”.

“Es una escuela de renuncia al pensamiento propio que los gobiernos en general –y los tiranos en particular— agradecen y usan”, advierte.

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