Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

Es marzo de 1972 y un grupo de muchachos de hogares pobres son seleccionados para estudiar medicina en Cuba. Cinco meses antes, Fidel Castro visitaba el país y prometía 500 becas universitarias a las familias más vulnerables, puesto que durante su venida en el gobierno de Salvador Allende, estaba en huelga el colegio de médicos que era opositor a éste. La finalidad de entregar estos beneficios era que los jóvenes, una vez graduados, pudieran regresar a Chile y ejercer como médicos en el sistema público.
Los futuros alumnos de la Universidad de La Habana son despedidos en una ceremonia en el Palacio de La Moneda. En un viejo recorte de la época se observa al grupo compuesto por jóvenes que tenían cerca de 18 años. Se observan las chascas y los pantalones estilo pata de elefante de los becados. Sus caras irradian felicidad. El primer grupo de 100 estudiantes se preparaba para vivir un sueño.

María Carmona le entrega a su hijo José Miguel un recorte de diario que informaba sobre la beca universitaria. Es mayo de 1973 se preparaba un segundo grupo para viajar a la isla. María soñaba con que su hijo se recibiera de doctor. La familia Carrera, de siete hijos, vivía en la población Joao Goulart, en el paradero 18 de Santa Rosa, así que José Miguel partió al edificio Gabriela Mistral a postularse. Tenía solo 18 años. Finalmente queda seleccionado y ganó la beca.

Con un permiso notarial de su padre, Alejandro, el muchacho logra viajar el 25 de agosto. El día de su partida, José Miguel pasea arriba de un bus por las calles de la población. Luego, en una ceremonia emotiva en el edificio Gabriela Mistral, el cantautor Víctor Jara despide al segundo grupo. Alcanzaron a viajar alrededor de 200 estudiantes. 17 días después ocurriría el golpe de Estado y el Presidente Salvador Allende murió en La Moneda.

Primeros años en Cuba

Una vez instalado en la isla José Miguel, junto a sus compañeros de carrera, participaba de un voluntariado en un centro de plantación de bananos en la ciudad de Matanza. A través de “Radio Reloj” se enteraron del golpe de estado conjurado en contra del gobierno constitucional de Salvador Allende. Carrera temía que le pasara algo a su madre, quien era integrante de las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP). La comunicación de los becados con sus familiares en Chile se vuelve casi nula. Evitaban enviar correspondencia desde Cuba en un afán de proteger a sus seres queridos de cualquier sospecha. En el caso de José Miguel el reencuentro con su familia se produjo 15 años después.

Entre los estudiantes de medicina habían militantes socialistas, miristas, comunistas, radicales y mapucistas. La noticia del golpe impactó a todos por igual, sin distinguir filiación política. José Miguel militaba en las Juventudes Comunistas –conocidas como “La Jota”– desde que iba al liceo 22 de la comuna de San Miguel, del cual llegó a ser presidente del centro de alumnos.
Pasaron dos años del golpe, y a pesar que José Miguel y los demás seguían estudiando, siempre estuvo presente la idea de dejar la universidad y tomar el fusil, por volver a Chile en algún momento y luchar contra la dictadura de Augusto Pinochet.

José Miguel era un estudiante con buenas notas. En el primer año le tocaron tareas de aseo. Limpiaba los baños y servía la comida en el casino de la escuela. Incluso trabajó en la morgue ayudando a las clases para hacer incisiones a los cadáveres. En el segundo año trabajó en un policlínico de La Habana vacunando y realizando test de Papanicolaou.

La tarea

La formación militar de los chilenos obedecía a factores políticos, principalmente por la incapacidad de haber defendido la revolución. Esto lo afirmaba Boris Ponomariov, un teórico de la desaparecida Unión Soviética. Con ello se buscaba argumentar la necesidad de crear cuadros militares. Según el historiador Cristián Pérez, “el PC llegaba a la conclusión de que tiene una materia pendiente y esa materia pendiente es la que ellos denominaban como el ‘vacío histórico’ o la falta de una política militar que le permitiría al partido hacer frente a intentonas golpistas”.

Frente a eso entonces, Fidel Castro le otorga al PC la posibilidad de formar militares profesionales y, cuando las condiciones en Chile abran la posibilidad de una recuperación democrática, éstos oficiales pudieran ser parte de un ejército distinto, opositor. Los comunistas visualizan la construcción de unas nuevas Fuerzas Armadas, un ejército que no sea prusiano, cuyos integrantes sean capaces de defender a los oprimidos.

Hasta su “bautismo de fuego” que significó la guerra de Nicaragua, donde la participación de los chilenos fue muy importante, recién el PC va a pensar en cambiar la estrategia del camino pacífico a “todas las formas de lucha”. Y ahí es cuando va a cambiar la percepción de que estos oficiales también podrían venir a combatir a Chile. Al respecto Francisco Vicencio, Cientista Político de la Universidad Católica, afirma que “hay que tener presente que el Frente (Patriótico Manuel Rodríguez) surge en 1983, período en que la Revolución Sandinista está en pleno proceso de consolidación en Nicaragua. Los sandinistas dieron la esperanza de poder derrotar la dictadura de Pinochet por la vía armada”.

Los chilenos serían tratados como un cubano más dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). El 15 de abril de 1975, en el aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos, 28 comunistas chilenos ingresaron a la Escuela Militar Camilo Cienfuegos en La Habana para prepararse como especialistas en artillería terrestre, mientras que otros 29 iniciaron especialización en tropas generales en la Escuela General Antonio Maceo. Así lo relata Pascale Bonnefoy, Claudio Pérez y Ángel Spotorno en el libro “Internacionalistas Chilenos en la Revolución Popular Sandinista”.

Carrera ingresó a la Escuela Antonio Maceo, donde se preparó como infante porque siempre “iría adelante en la pelea”, graduándose en julio de 1976 de Oficial de Operaciones Generales, con el grado de subteniente. Aprendió en su curso el uso del mapa, la brújula y los binoculares, además de la temible disciplina donde mantener la cama sin ningún pliegue era un completo desafío.

Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel
Carrera

Durante su formación, José Miguel se reencuentra con Galvarino Apablaza, a quien conocía cuando este último organizaba el preuniversitario del pedagógico de la Universidad de Chile. Durante la Unidad Popular, Apablaza fue dirigente estudiantil de “La Jota”. En mayo de 1974 fue torturado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y expulsado del país, llegando a Panamá para luego aterrizar en Cuba. Él destacaría por dirigir al Frente Patriótico cuando se desligó del Frente original, denominándose Frente Autónomo.

Combatientes chilenos en Nicaragua. De izquierda a derecha: José Miguel Carrera, Roberto Nordenflycht y Galvarino Apablaza. Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

Combatientes chilenos en Nicaragua. De izquierda a derecha: José Miguel Carrera, Roberto Nordenflycht y Galvarino Apablaza. Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

Otro destacado miembro del FPMR que pasó por el entrenamiento cubano y posteriormente luchó por la causa sandinista fue Raúl Pellegrin, quien ingresa a las FAR en 1976. En Nicaragua es conocido con la chapa de “Benjamín”. En el combate contra la Guardia Nacional, Pellegrin alcanza estatura de leyenda por liderar un batallón solo con una ametralladora, desafiando a la muerte.

Los chilenos quedaron como jefes de pelotón al mando de pequeñas unidades militares y las mujeres se especializaron como médicos en la Academia Superior de Guerra, hasta que los llamaron a presentarse a la escuela de formación militar irregular bautizada como Punto Cero, donde realizaron prácticas de tiro al blanco y aprendieron a usar el mortero simulando una guerra irregular. Su viaje era inminente.

Nicaragua

El comandante Humberto Ortega Saavedra del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) diseña una estrategia cuyo fuerte es el Frente Sur. El plan era empantanar allí a las mejores tropas del ejército de Somoza. Los adversarios eran de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) o denominados coloquialmente como “los gansos salvajes”, cuya doctrina se inspiraba en el ejército chileno. Un decálogo de ese tiempo señala: “Para el Comando no existe palabra ‘imposible’”, “Al chocar con el enemigo ‘MATE’ no vacile, la LEY es ‘MATAR’ o ‘morir’”, “Muévase en la noche, asalte en la penumbra y escóndase en el día”. Según un ex suboficial e instructor nacional de montaña, los códigos militares son ciertos y que era efectivo lo de matar o morir, todo “a sangre fría”.

Para derrocar a Somoza deberán contar con artillería. Sin artillería no pueden realizar una guerra irregular. Cuando se diseña y se implementa el plan se dan cuenta que se necesitan militares que sepan manejar morteros y cañones ¿Y quién tiene oficiales capacitados para ese tipo de tarea? La Cuba del Comandante Castro.
En palabras de Cristián Pérez, “Cuba no va a intervenir directamente en un conflicto. Probablemente porque la Unión Soviética lo impide, por las relaciones con Estados Unidos. pero en eso advierten que hay un grupo de militares chilenos que puede ir a combatir allí y los primeros que van son socialistas”.

La misión internacionalista

Con un futuro todavía incierto, las dudas se disiparon en junio de 1979, cuando los revolucionarios chilenos son citados a una reunión en el centro de entrenamiento de Punto Cero. Se había apersonado en el lugar el mismísimo Fidel Castro.

En una sala, un general del Ministerio del Interior de Cuba pintaba en una pizarra el mapa de Nicaragua, mientras Castro empezaba a revelar el misterio. Lo que sigue es el relato de José Miguel Carrera de su libro “Misión Internacionalista” con las palabras dichas por Castro: “El pueblo nicaragüense está dando una dura y sacrificada contienda en contra de la tiranía somocista, y el Frente Sandinista de Liberación Nacional está a la vanguardia de esa lucha”.

En esa misma reunión, el fallecido líder agregó: “El triunfo popular es inminente. El FSLN tiene armamento de artillería, pero no cuenta con especialistas. Han solicitado apoyo a Cuba, y de acuerdo a nuestros principios, se lo daremos”. El destino de los voluntarios chilenos parecía sellado. Pero antes del viaje, Cuba debía pedir la autorización de los dirigentes comunistas exiliados en la Unión Soviética. Esa noche, Castro reaparece con su comitiva entregando la noticia: el secretario general del partido, Luis Corvalán, aprobaba el viaje de los efectivos chilenos.

El escenario donde serían enviados los revolucionarios era el Frente Sur “Benjamín Zeledón”, en la frontera de Nicaragua y Costa Rica. Su objetivo era controlar Peñas Blancas, el territorio que funcionaba como un pasillo que conectaba ambos países. Era un punto clave para determinar el resultado de la batalla. Era la posición a vencer.

La ofensiva final

En 1960 Carlos Fonseca funda el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que toma el nombre de Augusto Sandino, un héroe guerrillero mandado a asesinar por el patriarca de la dinastía, Anastasio “El Tacho” Somoza.
19 años después los comunistas chilenos son llamados a cooperar en el último asalto conocido como “La Ofensiva Final” que ya se libraba en los frentes sandinistas. Sus nombres eran el Frente Norte “Carlos Fonseca”, el Frente “Pablo Úbeda”, el Frente Occidental “Rigoberto López Pérez”, el Frente Central “Camilo Ortega”, y los Frentes Orientales “Ulises Tapia” y Sur Oriental “Roberto Huembes”, y el mencionado Frente Sur “Benjamín Zeledón”. Desde marzo que se había intensificado la guerra entre las fuerzas de la Guardia Nacional y la guerrilla sandinista. En el intertanto, Cuba había mandado a los socialistas con seis cañones de 75 mm chinos sin retroceso y seis morteros checos de 82 mm para tomar Peñas Blancas.

En 1979 la sociedad también participaba activamente, ya que en plena revolución sandinista, los hermanos Carlos y Luis Mejía Godoy sacaron el disco “Guitarra Armada”, donde se le enseñaba a la gente a usar distintos tipos de armas. Una de ellas es la canción que homenajea las propiedades del fusil Fal, donde uno de sus versos dice: “Hasta cinco cuadras llega su tremendo proyectil, pesa diez libras completas, ocho tiros tiene el clic”. La composición, que tiene un ritmo pegajoso, servía como un mecanismo de propaganda para sortear la censura. Incluso, se podría considerar como un útil manual para las personas que eran analfabetas y no podían aprender con facilidad la idiosincrasia militar.

El documental de la televisión mexicana “Revolución Sandinista. La Ofensiva Final” rescata el testimonio de Edén Pastora, o el “Comandante Cero”, el jefe del Frente Benjamín Zeledón. En la entrevista -fechada el 11 de junio- el guerrillero afirmó que “estamos gobernados por delincuentes”. Junto a otros compañeros de armas que sostienen la bandera rojinegra del Frente Sandinista, Pastora remata con convicción al periodista del equipo siete días “cuando un pueblo le pierde el temor a la muerte, no hay tiranía en el mundo que pueda someterlo”. El 14 de junio de 1979 las tropas del comandante Cero pasan a atacar, logrando capturar Peñas Blancas, donde los sandinistas instalan su centro de operaciones.

La presión de las tropas somocistas disminuyó cuando el 15 de junio de 1979 los oficiales del PC se integraban a las filas del Frente Sur. La historia iba a cambiar. El destacamento de combatientes internacionalistas –provenientes de Guatemala, El Salvador y Uruguay- vuela desde Cuba a Ciudad de Panamá. José Miguel se dirigía hasta Peñas Blancas. En ese lugar estuvo bajo la tutela de Apablaza, quien tenía la chapa de “Salvador”. Ahí señala Carrera que “tuvimos que entender rápidamente como era la guerra. Ya no era una guerrilla donde se atacan y se esconden, sino que en el Frente Sur ya era una guerra de posiciones, el objetivo de los jefes sandinistas era que había que mantener ese sector que ellos habían tomado, para que el resto de las fuerzas sandinistas en los otros frentes pudiera terminar la revolución”.

Las condiciones de la guerra eran extremas. En una misión, José Miguel penetró la línea enemiga mientras subía una loma. En aquel sitio vivió un infierno. Junto a su grupo, se toparon con soldados de la Guardia Nacional. La balacera era interminable. El fuego cruzado incluyó bombardeo de morteros. Apenas pudieron salir con vida. El clima era inclemente. La lluvia era intensa y el calor y la humedad era un terrible castigo a sus cuerpos. José Miguel también participó activamente en la formación de una escuela de guerrilleros. La razón era entrenar a los voluntarios que se sumaban a las filas, muchos de ellos muy jóvenes. Querían evitar las deserciones en plena lucha pues el asedio era continuo y debían preparar a los mejores soldados.

La batalla tuvo bajas, como la muerte de Edgardo Lagos o simplemente el “Payo”. La esquirla de una granada le perfora el pulmón. Sus restos descansan en el mausoleo de los internacionalistas caídos de Nicaragua y El Salvador, en el “Patio 38” (entre Sazie con Dávila) del Cementerio General de la comuna de Recoleta.
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Fotografía: Francisco Zúñiga

Fotografías: Francisco Zúñiga

Otra muerte que enluta a los soldados chilenos es la de Days Huerta, “el chico Days” como lo conocían. Murió el 15 de Julio de 1979 por el impacto de una granada en el intento de tomar Sebaco, en Sapoá (Rivas). “Lo más terrible es ver a un compañero tuyo asesinado que hace cinco minutos estabas con él y ahora está muerto”, comenta con pesar José Miguel sobre quien había sido su compañero en los estudios de Medicina y en la Jota. Huerta muere solo cuatro días antes de terminar la guerra.

Entierro de Days Huerta, Julio 1979. Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

Entierro de Days Huerta, Julio 1979. Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

La victoria

Los revolucionarios de la “Benjamín Zeledón” se preparaban para dar su asalto final: la noche del 17 de julio de 1979 tomaron posiciones cerca de la línea enemiga con la artillería preparada. Había tensión entre los guerrilleros. El amanecer se distingue por un silencio abisal. No había bombazos de napalm y ruido de metralla. Un sol brillante sale después de varios días de lluvia. En la radio se escuchó que Anastasio Somoza había huido a Estados Unidos. Los cantos de “le ganamos al hijo de puta” según cuenta Carrera en “Misión Internacionalista” eran la tónica del momento. “Los compitas”, como se hacían llamar los sandinistas, habían derrocado a la dictadura de Somoza. La historia se había reescrito.

José Miguel vivió de lejos la alegría de Managua. Sus superiores le encargaron la tarea de cazar vacas. Ya en una fogata junto a sus “compitas” entonaron canciones para pasar el tiempo. Una de ellas era “La tumba del guerrillero”. La letra de Carlos Mejía Godoy dice así: “La tumba del guerrillero dónde, dónde, dónde está/ su madre está preguntando/ nadie le responderá”. Al final termina con una emotiva estrofa inspirada en el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal. “Como dijo el poeta trapense de Solentiname/ no quisieron decirnos el sitio donde te encontrás y por eso tu tumba es todito nuestro territorio/ en cada palmo de mi Nicaragua ahí vos estás”.

Los revolucionarios chilenos asumen nuevas tareas en el gobierno del FSLN. Cuando termina la guerra comienzan a trabajar en la construcción del Ejército Popular Sandinista (EPS). Para la misión, se suman los ex oficiales de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) Iván Figueroa y Enrique Villanueva, quienes serán los futuros integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Ya en Chile, Raúl Pellegrin sería el número uno, Villanueva es el número dos y Figueroa el número tres de la Dirección Nacional del Frente.

Una parte importante de ellos vuelve a Cuba, pero otros se quedan en Nicaragua. En los años posteriores el enemigo que tratará de desestabilizar el gobierno de los sandinistas serán los grupos insurgentes conocidos como “La Contra”, que contarán con el apoyo directo de Estados Unidos. El EPS crea los Batallones de Lucha Irregular y las Tropas Especiales de contraespionaje Pablo Úbeda.

El Retorno

¿Cómo fue su retorno a Chile y qué expectativas tenía?

-Nosotros éramos parte de una organización, allá se decidió quiénes son los que iban entrando, los dirigentes decidieron, y a mí me correspondió entrar en el año 85′. O sea, a unos les correspondió antes a otros después, y el ingreso era para incorporarse aquí a la lucha porque todos llegamos clandestinamente, uno tenía que dar una tremenda vuelta por Europa, con pasaportes falsos, entrar con documentación falsa al país, como lo hicieron muchos compañeros, yo fui uno más que hizo eso, y llegué a Chile y me incorporé a las estructuras que habían aquí del Frente.

Carrera es categórico en su libro al momento de asumir la responsabilidad por las decisiones personales que tomó durante su experiencia en Cuba ya que, según dice, existe una minoría de militares chilenos formados en el extranjero que culpan a los líderes revolucionarios por “cambiar el rumbo de sus vidas”, induciéndoles a participar en la guerrilla. “Siempre he sostenido que mis proyectos de vida son de mi exclusiva responsabilidad y en correspondencia exacta a las decisiones que fui tomando en cada momento de mi vida. No fui obligado por nadie a dejar la carrera de medicina, ni a hacer lo que la lucha revolucionaria me hizo hacer”, afirma.
Actualmente, José Miguel tiene 62 años. Es una persona de carácter “liviano”, abierto a hablar sobre su pasado revolucionario. Sin embargo, prefiere no adentrarse en temas familiares, ya que dice que no quiere que sus hijos queden marcados por su pasado.

¿Qué pasó al reencontrarse con su madre después de 15 años?

-Para mi mamá, que esperaba que fuera médico, fue terrible. No cumplir con las expectativas de mi familia, es algo que llevaré dentro siempre. Pero yo creo que uno, los jóvenes sobre todo, cuando hay momentos históricos y son sensibles a lo que pasa en el país y reniegan de las injusticias, tienen que jugársela, entonces yo me la jugué. Fue duro para mí pero para otro debe haber sido peor, otros sus familiares sólo se enteraron que estaban muertos, que habían muerto en Nicaragua. Y claro que fue doloroso para mi familia que no haya cumplido el objetivo que se propusieron al ayudarme a ir a Cuba, pero es un costo que uno tiene que pagar.

Una vez en Chile, el hermano menor de José Miguel le hace entrega de una copia de la foto de pasaporte con la que dejó el país en el año 73’. A su reversa, había una carta que su madre le había escrito el día que partió a Cuba.

Carta de la madre de José Miguel Carrera

“Hoy viernes 24 de agosto de 1973, te fuiste a Cuba hijo mío. Partiste en Aerolíneas Cubanas de Aviación, en el vuelo 462, a las 12:25 de la noche. Fuiste hijo al encuentro con tu destino. Dios ha de permitir que seas feliz allá, que se cumplan tus deseos de ser un médico, lo cual será el más grande orgullo para tu padre, hermanos y mamá. Pero a Dios le pediré cada día que nadie te cambie los sentimientos hacia tu hogar”.

 Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera


Foto extraída del libro “Misión Internacionalista” de José Miguel Carrera

Entrevista a Javier Ortega

Javier Ortega es periodista e investigador en el Centro de Investigación y Publicaciones CIP de la UDP. Autor del especial de La Tercera “La historia inédita de los años verde olivo” año 2001.