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¿Qué significa ser latino en Estados Unidos?
-Hay muchas definiciones de ser latino en Estados Unidos. Pero la industria y el mundo, fuera de Latinoamérica, no entiende la mezcla, que ser latino es desde el más indígena al más blanco. Yo me crié en distintos lugares, Texas, en California y luego en Nueva York, donde llegué a los 18. Ahí hay puertorriqueños, cubanos, dominicanos, pero lo que sucede con los chilenos es que hay muy pocos en el mundo. Yo no crecí con una comunidad chilena, crecí en una cultura gringa, en colegio gringo, viendo cine y tele gringa, pero en la casa había dinámica chilena y eso era raro. No había más chilenos. Éramos solos.

Habiendo sido criado en la cultura gringa, de adolescente, cuando uno quiere encajar en el entorno y ser igual a todos, ¿no te molestaba ser considerado latino?
-A los 11 años mi familia se mudó a California y a mí me dio miedo que me dijeran Pedro. Impulsado por ese miedo, mis amigos me empezaron a decir Peter y yo los dejé, aunque los más cercanos que iban a la casa, me llamaban Pedro. Pero lo que me impactó y sí me dio rabia fue en los casting. Yo empecé muy joven a hacer casting, a los 18, 19 años y este tema siempre salía. Mi nombre es Pedro, pero mi stereotype de casting de latino no tenía nada que ver como ellos conocen a un Pedro y eso hizo que fuera muy difícil para mí encontrar trabajo. Imagínate, todos los roles de programas como La Ley y el Orden, de delincuentes, proxenetas, todos working class latino y yo nada que ver, un flaco gringo. Y sigue siendo un tema, pero claro, el rol de Javier Peña en Narcos hace una diferencia ahora. Pero en los casting estoy en una pieza con latinos o negros, porque necesitan en ese rol a brown person.

¿Solo por el hecho de llamarte Pedro? ¿Jamás podrías haber estado en la pieza para roles de gringo?
-A veces, pero las oportunidades eran menos.

¿De verdad estás en una pieza con los latinos?
-Es que tú tienes un mánager, al que le dicen que buscan a un latino o le dicen, ‘this rol is ethnic’ y ahí tiran nombres y preguntan, ‘qué tal es este Pedro: He is not brown, but he is fluenty in Spanish’… Ese tipo de conversaciones. Y cuando llego al casting, con puros latinos o afroamericanos y tengo esa conversación, que me ha pasado no sé cuántas veces, en la que me dicen, ‘¿Por qué te llamas Pedro?’

¿Quién te pregunta eso?
-Una directora de casting blanca que no entiende por qué me llamo Pedro. Es verdad que ahora ha cambiado un poco, pero al comienzo pasaba todo el tiempo.

Pero el rol de Oberyn Martell en Game of Thrones, que te hace súper famoso, no es de latino.
-No, pero era como el latino de Game of Thrones. Era un afuerino, de un mundo que no existía y si ese mundo existiera, sería latino. Esa fue mi intención.

Terrible que tu personaje en Game of Thrones se muera. ¿Cuándo te contaron en qué capítulo ibas a morir en la serie?
-Yo sabía desde el casting, porque hay una descripción de lo que le pasa al personaje y además estaba escrito en el libro.

¿Y sabías cómo te ibas a morir?
-Eso no.

Fuerte como te mueres, “La Montaña” te revienta con sus manos tus ojos y la cabeza…
-Cuando me contaron cómo iba a morir, les dije: ‘Ustedes son muy perversos’. Porque el personaje es muy lindo y la razón por la que él está luchando es muy personal, que es por el honor de su hermana, y la manera que muere es lo peor posible. Lo primero que pensé fue, ‘puta, mi familia va a tener que ver mi cabeza crash, qué perturbador’.

¿Te dio miedo hacer la escena de tu muerte?
-Me dio miedo hacerlo mal, solo eso.

Fuiste a un programa de televisión que se llama The Late Show with Seth Meyers y contaste que el rol de Game of Thrones lo conseguiste porque mientras ayudabas a un joven estudiante a ensayar para ese casting, grabaste esa escena en tu Iphone y la mandaste a una amiga que te ayudó a llegar al productor de la serie. ¿Por qué contaste eso?
-Porque es chistoso, jajaja…

Es genial, pero tal vez alguien se lo pudo haber tomado en serio, como que le quitaste el rol a otra persona o leseras así. ¿No te diste cuenta cuando lo contaste?
-Me di cuenta, me dio miedo, pero es muy grande el nervio de ir a uno de eso shows y además tener un cuento interesante. El presentador era muy amigo de una íntima amiga mía, era súper fan de la serie y, puta, pensé, tengo hablar de algo que sea genuino e interesante para sobrevivir estos seis minutos.

¿De verdad te daba miedo estar en el show?
-Pánico. Para no pasar la vergüenza, de ‘puta este hueón aburrío que no hace na con su vida’. ¡Es espantoso! Porque uno se tiene que ver bien, relajao, conversar, tener personalidad, ser chistoso, no muy profundo, todas esas cosas. Estás como en un microscope y son minutos muy intensos. En ese show lo pasé muy bien, pero fui a otro con Stephen Colbert mucho más espantoso.

¿Lo hiciste pésimo?
-Me fue bien, pero el susto era otro nivel, como stage panic total. Y, además, me veo verde.

¿Y por qué te da pánico?
-Es visceral. Ser actor no significa que eres capaz de estar en esa situación, no tiene nada que ver. Una obra es con un texto, hay ensayo, pero también me da pánico cuando hago teatro, pero uno se acostumbra. El cine y la tele es un laburo muy específico, pero hablar en público, puta, es horrible.

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LA FAMA

Después de Game of Thrones, ¿la fama fue explosiva?
-Fue rápido. Sentí el impacto y claro no era una sorpresa, porque yo era fan del show y uno sabía cómo la gente se lo tomaba y cuando leí los guiones supe que la cuarta temporada era excepcional, pero también muy pronto tuve que irme a Colombia a rodar Narcos y ahí me reconocían también. Es fuerte el cambio.

Y siendo honesto, cómo es eso de la fama, ¿uno la busca, importa que llegue o no?
-Yo creo que de chico esto empieza con una fantasía de fama, después estudias y se vuelve un arte y luego, en el tercer acto de la experiencia, es trabajo…

Comer.
-Comer, realmente. Y la lógica o la matemática de encontrar éxito en cualquier carrera y específicamente en la de actor, para mí se había pasado el tiempo. Me estaba manteniendo, ganaba más plata porque estaba haciendo más televisión y pensaba que uno de esos pilotos que no compraron puede que alguna vez lo compren, y puedo ser el número siete de un elenco, de una mierda de doctores drogadictos de un hospital de no sé qué cosa, en un network tv show y pagar mi arriendo y trabajar y guardar plata… Y llegué a eso sin mucho dolor porque desarrollé mi carrera en teatro en Nueva York. Siempre sabía que podía volver al teatro, que esa era mi casa. Soy miembro de la LAByrnth, una compañía que comenzó con actores latinos y ahí he trabajado como actor y director, es una comunidad y eso me llenó mucho realmente. Si pudiera me quedaría en Nueva York haciendo roles en Broadway, pero como no canto profesionalmente, te pagan una mierda. De hecho con el sindicato hicimos una campaña para que los actores de off Broadway -que son teatros con menos de 800 asientos- fueran mejor pagados. Por seis días a la semana te pagan entre 1.000 y 400 dólares a la semana, no se puede vivir con eso.

Pero durante mucho tiempo tu viviste con esos 400 dólares a la semana, ¿cómo lo hacías?
-Hasta el 2002 vivía con otra gente hasta que me encontré un hoyo en Brooklyn y me quedé ahí, lo devolví hace un mes. El 2005 más o menos dejé de ser mesero y comencé a trabajar, pero en momentos difíciles le pedía plata a mis amigos, a mi papá, a mi hermana, me hicieron las compras…

Y nunca dijiste, “Chucha, ya estoy viejo para esto”…
-Sí, totalmente. Estaba pasando que si no podía sobrevivir tenía que dejarlo y me empecé a ir a Los Ángeles para hacer casting allá y trabajar en lo que me llegara de televisión y empezó a llegar.

Si no hubiese resultado, ¿qué habrías hecho?
-No sé, volver a estudiar… Nursing school, no sé…

¿Enfermero?
-Sí. Estudiar para doctor eran muchos años.

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ESCOBAR VERSIÓN GRINGA

En Narcos de Netflix estás haciendo el rol de Javier Peña, un agente de la DEA en Colombia, que estuvo tras Pablo Escobar ¿Te informaste algo de la vida de Escobar además de lo que te dieron en la serie?
-Leí ese libro Killing Pablo y otras cosas, claro, pero después paré porque me empezó a ahogar tanta información y los cuentos tan violentos.

Para mí la serie es una visión gringa y maquillada de la historia, es más bien un show de acción la verdad y con un actor brasilero en el rol de Pablo Escobar…
-Pero ellos no lo ven así. Esa es la ironía. Ellos creen que esta es una visión súper auténtica y el resto del mundo, que no es Latinoamérica, lo ve como una versión real. Y lo más auténtico es que estamos en Colombia, que el 90% de las escenas son en locaciones y apenas un 10% en estudio, que el equipo es colombiano y que hay personas de todo el mundo. Y es verdad que el actor principal es brasileño, pero es un muy buen actor y su interpretación pesa más que su acento. Cuando estamos contando historias a ese nivel, el acento me preocupa menos…

No quiero criticar al actor, la verdad, sino más bien la visión de la historia.
– El elenco se llenó de actores latinos famosos en México, Colombia, Chile, pero no conocidos en Norteamérica y es muy poderoso lo que Netflix está haciendo, con directores latinos y yo abracé esa experiencia y para mí fue más fácil luchar porque las cosas fueran un poco menos versión gringa en términos de la actuación y del texto. Y me han dejado hacer mi personaje de una manera más silenciosa de lo que era. Yo encuentro mucho más interesante la ambigüedad, que es mi política. Fuck you con el blanco y negro. Les digo que esto es muy gringo, muy de derecha, y ta, ta, ta… Y en Narcos me dieron la posibilidad de hacerlo.

TRUMP Y EL RAVOTRIL

¿Estabas en Estados Unidos cuando ganó Donald Trump?
-Estaba subiendo a un avión en Miami yendo de vuelta a Colombia y cuando prendí el teléfono vi que estaba explotando con textos de amigos en pánico y me tomé un ravotril porque me estaba llegando una despair tan grande como que dije: ‘No, no puedo’. No podía ver cómo la balanza iba cada vez más para Trump. ‘Esto no me lo voy a sufrir toda la noche’, me dije.

¿Qué te pasó cuando al día siguiente supiste que sería el presidente de Estados Unidos?
-…(respira profundo)

¿Por qué es tan angustioso?
-… No hay una sola manera de ponerlo. Puras cosas malas. Tengo amigos que podrían decir que el sistema es una mierda, que no se puede confiar en nadie y por un lado tienen razón. Pero despertarte todos los días y saber que la persona más poderosa del mundo puede ganar esa posición siendo un mentiroso, uno que se caga contando cuentos de atacar a mujeres, profundamente corrupto y que todas esas cosas no importen, es ¡depressing! Aunque puede que pase los cuatro años y a mí me siga yendo bien y no me afecte de una manera directa, pero es más allá. Porque la realidad es que yo tengo puros privilegios, pero esa wea Rich, White, Christian, Puritan… Ese no es el mundo donde yo quiero vivir y eso no es algo totalmente emocional es una ideología que, puta, da miedo. ¡Da mucho miedo!

¿Qué pasó que salió Trump?
-Mi versión optimista es que esto es el fin de esta generación que se está muriendo. Y fue una reacción a haber tenido un presidente negro por ocho años en un país complejo en temas del color de la piel. Y también la manipulación de la tensión de la white working class que está totalmente acostumbrada a tener todo el poder. Esta es la última manera de retener el poder.

En tu visión positiva, Trump es el último coletazo de ese mundo.
– Sí y por eso es el más feo.

¿Y tu visión más negativa?
-Es que estamos cayendo al hoyo de un mundo totalmente fascista y de terror.

¿Votaste por Hillary Clinton?
-Yo no tenía problema con que ella fuera Presidenta de los Estados Unidos, con todas las contradicciones, claro, pero yo creo que la gente la odiaba porque era mujer y podía hacer política al mismo nivel o mejor que el de un hombre.

¿Crees que le gente la odiaba por ser mujer?
-Sí. Los de izquierda también.

Ser de izquierda no existe en Estados Unidos ¿o si? Los Clinton no son de izquierda.
-No. Bueno, Obama tampoco es de izquierda, pero lo aman y eso no es ser conservador, no son radicales, claro, pero lo aman, en cambio a ella la odian. La odian.

Por su género.
-Es un elemento muy fuerte. No están listos para que una mujer pueda jugar el juego tan bien como lo hacía ella.

¿Crees que tu experiencia, ser parte de una familia de exiliados de Pinochet, tiene que ver con cómo te has tomado el triunfo de Trump?
-Puede estar conectado. Pero lo que estoy sintiendo yo, lo está sintiendo la mayoría del país. Y hay que investigar más para conectar la historia de mis papás con esto que está pasando ahora, pero se conecta de una manera que da un poquito de susto, por el lado de la CIA y de cómo se metió en Chile y ahora con los rusos, como se metieron en esta elección. Todos se están volviendo locos con este tema de la intervención de los rusos en las elecciones de Estados Unidos y uno puede decirles: ‘Mira, ahora sabes cómo se sintió Chile, weón’.

¿Qué es Pinochet para ti?
-Pinochet es el villano de nuestra historia, de niño chico era en mi imaginación, y no ha cambiado mucho eso, un ultra bad guy. Un Trump.

Peor Pinochet que Trump ¿no?
-Bueno, no sabemos.