En el prólogo del libro, Pablo Vergara, ex editor general de nuestro pasquín, advierte una diferencia entre el antes y después de la reforma procesal penal. ¿Cuánto influyó este episodio en el reporteo policial?
Creo que el periodismo ganó mucho en transparencia. Ahora tenemos más acceso a cosas que antes eran impensables. Pero también trajo vicios comunicacionales como el total desconocimiento de cómo funciona el sistema judicial. Además, ahora hay una preponderancia en el rol de los voceros. Mucho del trabajo que antes era con las víctimas y victimarios ahora pasa por el cedazo de la fiscalía, la defensoría o el poder judicial. Por eso una de las ideas del libro es rescatar el género como se hacía antes, donde había contacto real. Hace años que vemos portonazos en la tele y no tenemos idea lo que piensan estos cabros. Y cuando hablas con ellos te das cuenta de que no se ven a sí mismos como víctimas del sistema, ni quieren que alguien venga a salvarlos.

Una crónica sin paternalismos ni periodistas superhéroes…
Me siento fuera de tiempo en una era en la que todos quieren opinar y ser influyentes; eso no me interesa. Entre los periodistas jóvenes hay ese afán de dar mucha opinión y poca información. Creo que para llegar a un tema se debe hacer sin prejuicios y no a base de ideas preconcebidas. Salir de los ejes clásicos con los que se cubre la delincuencia juvenil: por un lado todos los quieren meter presos y por el otro los retratan como víctimas del sistema.

Con información tan abundante y compleja de procesar, ¿cómo jerarquizas todo el material recopilado?
El relato tiene que transformarse en una experiencia, por eso uso lenguaje de ficción pero con material de no ficción. Antes uno pensaba que la competencia estaba en otros medios cuando, en realidad, estamos peleando con Netflix. Por eso me preocupo de generar tensión dramática, dosificar los datos y unir bien las historias. En el fondo, no subestimar al lector que puede estar acostumbrado a consumir series policiales y sabe esos códigos.

¿Qué series te han gustado que cumplan esta doble función: ser fiel a un buen texto policial y generar un producto televisivo de calidad?
A mí me gustó mucho “The Wire”, por ejemplo, una serie gringa sobre cabros de las esquinas, pero que al mismo tiempo muestra todas las fallas del sistema. Sus creadores trabajaron en el Baltimore Sun, diario que publicó los reportajes en los que se basa la historia, poniendo énfasis en la tensión del poder judicial. Eso me parece interesante y es como debiera escribirse la crónica roja.

Regla número uno: Atrapar al lector…
Sí, la gente está un poco aburrida de escuchar historias de crímenes mal relatados. Por eso les atraen estos personajes de la crónica roja, ya que por un lado tienen buenas historias y por el otro son personas que viven al límite donde el sistema está crujiendo. Y pasa en todas partes. Los delitos económicos también son parte de eso. Tienes gente como Victorino Arrepol en el caso Caval, o Jorge Valdivia en el caso Penta, usados por la elite para hacer el trabajo sucio. Los delincuentes no están solo en la periferia.

En tus historias incluso hay espacio para un perro policial que es dado de baja tras olfatear erróneamente a un juez de garantía. Ahí también se notan las fisuras de un sistema.
La imagen del perro sumariado es bien chilena. Al final no tiene la culpa nadie y se la echan al perro que termina dado de baja. Como anécdota es interesante, pero más importante es ver lo frágil del sistema. El libro te permite hacer esas comparaciones. Tienes al vendedor de cedés piratas, que murió en el incendio de la cárcel de San Miguel, y al dealer de cocaína de Vitacura arrestado en su casa. En el primer caso nadie hizo ninguna gestión para sacarlo, y en el otro su tío senador escribe una carta defendiendo su buena conducta. ¿Cuánto duró la prisión preventiva de uno y de otro? ¿Cómo terminaron sus historias?

CONTRA LA PARED

¿Qué piensas de la emergencia de personajes juveniles en la narrativa policial y cómo éstos son mostrados?
Es raro, porque algunos viven vidas de hombres y son cabros. Enrique, uno de los personajes del libro, tiene nueve balazos en su cuerpo y recién cumplió 18 años. Habla con dureza, pero al final te das cuenta que es un niño. Nosotros los vemos más adultos porque la mayoría de la gente quiere meterlos presos. Los cabros que delinquen aprendieron que uno es lo que consume, y que mientras más lo haces, mejor eres. Pero, en paralelo, no tienen herramientas para conseguir la plata que les permita hacerlo, y están contra la pared.

¿Crees que se ha sobreexplotado la imagen de los niños como jefes de pandillas?
Es algo bien mediático y no les hace bien. Muchos de ellos se ufanan de salir en los medios, pero es un incentivo negativo porque se ven validados y les encanta. Son difíciles de reportear porque tienden a exagerar sus historias, aunque a veces sean reales. En el caso de Enrique, ni la abogada le creía, pero se comprobó que unos traficantes habían matado a su mamá, que sí fue baleado 9 veces y que incluso le hizo mexicanas a su papá, que también es narco.

¿Qué te parece que algunos de tus reportajes hayan sido utilizados en juicios? Está el caso de la muerte de Viviane Haeger, el abuso a Erika Olivera y el de la chica basquetbolista que habría sido violada por miembros del plantel adulto.
A veces no ocurre lo que uno espera. En el caso de la basquetbolista, a ella no le sirvió mucho ser tan elocuente en la entrevista porque los defensores se cerraron al argumento de que ella no se acordaba de nada, lo que fue una tontera absoluta. De hecho el artículo prueba todo lo contrario, que sí estaba muy curada. En el caso del marido de Viviane, la idea original era reflejar cómo es vivir en una ciudad en la que todos piensan que eres el asesino de tu esposa, después salió lo del sicario. Pero no escribo pensando en eso.

El juicio público es otro problema que enfrentan los personajes. ¿Crees que estos reportajes ayudan a disminuir ciertos prejuicios?
La idea es tender puentes y mostrarle al lector no las cosas que cree, sino que darle datos nuevos. Respecto al caso Hijitus, para el protagonista fue lo peor: su cara salió en los matinales y se acusó a su madre de poner un jardín para violar niños chicos. Una de las denunciantes decía en televisión que los exámenes demostraban que su hija había sido abusada y era mentira. Creo que en general sí ayuda. Ojalá la gente pudiera tomarse el tiempo de informarse antes de hacer opiniones tan tajantes. Pero no soy tan optimista.

Crónica Roja
Rodrigo Fluxá
2016
Editorial Catalonia – UDP (Escuela de Periodismo)
Colección “Tal Cual”
340 páginas