“Ella no solo confundió, mostrando una crasa ignorancia, la transexualidad con la homosexualidad, sino que además dijo haber descubierto que en los reclamos por igualdad se escondía el propósito de hacer que la sociedad entera fuera homosexual”.

De esta forma inicia su nueva columna de opinión el abogado y actual rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña. La temática central del espacio está dedicada a los polémicos dichos entregados por Alejandra Bravo en una entrevista con El Dínamo, el pasado miércoles 15 de febrero.

En su intervención, Bravo abordó variados temas de carácter político, aunque las críticas se han centrado en su particular visión valórica, específicamente aquella que guarda relación con las minorías sexuales: “por qué nosotros los heterosexuales tenemos que ceder y no podemos defender algo que es nuestro. Así como ellos defienden sus espacios y sus derechos, que yo los respeto, por qué nosotros tenemos que ceder en entregarles todo, por qué tendría que convertirse la sociedad en homosexual y dejar de ser heterosexual si nosotros ganamos el espacio”.

Haciendo eco de sus palabras, Peña aseguró que la timonel del PRI es una fiel representación del “sentimiento que anida en el fondo de gran parte del electorado de la derecha que sigue creyendo que cualquier abandono de la heterosexualidad (…) es un camino torcido, una transgresión a la ley natural, un paso más hacia el completo derrumbe moral, un pecado irredimible, un acontecimiento apocalíptico”.

El columnista recordó otro episodio similar protagonizado por Carlos Larraín, cuando el expresidente de RN se preguntara “¿Por qué tenemos que apoyar la comunidad homosexual? Tendríamos que luego apoyar a los grupos que proponen relaciones anómalas con niños o a los grupos que proponen eutanasia”.

Según Peña, “ese mismo sentimiento atávico fue el que hizo a la derecha poner obstáculos a la igualdad de los hijos, luego oponerse al divorcio, más tarde quejarse por la unión civil que logró imponer Piñera y hoy día imponerse a la legalización del aborto en tres situaciones trágicas”.

“Ese espíritu de barbarie, opuesto al más básico deber de civilidad que es el respeto por las vidas ajenas -y que se permite defender sandeces como las que con toda seriedad han dicho Alejandra Bravo o Carlos Larraín-, equivale a un esfuerzo inconsciente por sujetar los cambios culturales que la modernización capitalista, que la misma derecha impulsó, ha producido en la sociedad chilena”, continúa Peña.

Este punto, según el abogado, significa una contradicción que hasta el momento la derecha no ha sabido resolver: “sostener la modernización capitalista, pero rechazar sus consecuencias culturales; promover las premisas del capitalismo, pero negarse a sus inevitables conclusiones”.