El 30 de noviembre del año pasado a Gonzalo Moya Ordoñez (28) le salió el tiro por la culata. Más bien el disparador de su cámara, para ser más preciso. Desde hace más de un año que se dedicaba a fotografiar parejas en distintos moteles de La Reina, Las Condes y Vitacura, para luego conseguirse sus datos y terminar chantajeándolos con exponer sus infidelidades. “Cuando lo caché in fraganti lo primero que pensé fue: puta el hueón vaca, ¿delatar gente en moteles? Muy mala leche”, comenta el administrador de uno de los recintos sapeados en La Reina.

La estafa de Moya estaba cuidadosamente planeada. Primero tomaba fotos y grababa videos desde su auto, luego, se conseguía los celulares y mails de sus víctimas para enviarles mensajes afirmando que el material recopilado por él, tenía su origen en la contratación de sus servicios como detective privado.

“Me mandó un correo donde aseguraba que los videos que yo le había encargado estaban listos y que él cumplía con hacer su trabajo”, cuenta uno de los afectados. Una fuente ligada a la investigación detalla: “es inteligente, porque se ponía el parche antes de la herida. Si alguien lo denunciaba, le iba a costar comprobarlo con ese mail, y como la gente tiene pudor, le funcionaba”.

La treta, sin embargo, no funcionó. El 30 de noviembre trató de hacerle el mismo truco a Ramiro Pérez, administrador de uno de los moteles ubicados en la calle Alcalde Castillo Velasco en La Reina. Hace meses que Ramiro lo tenía identificado. No eran pocos los clientes que habían advertido su presencia, pero hasta ese día, no tenía pruebas para denunciarlo.

Gonzalo bajó la guardia. No solo ignoraba que Ramiro ya lo conocía, sino que además, era el administrador. Varios días a la semana lo veía llegar en el mismo horario, con una mujer –su esposa, con quién manejaba el negocio- y salir juntos varias horas después. Para él, Ramiro era un cliente premium. Gonzalo, el frustrado paparazzi, averiguó que estaba casado y tenía hijas pequeñas que podía usar para estafarlo.

Luego de intercambiar varios correos extorsionándolo, le ofreció $1.890.000 por todo el material. Para concretarlo, quedaron de reunirse el 1 de diciembre en la Notaría Gonzalo Hurtado Morales, en Las Condes. ¿La razón? No dejar cabos sueltos. Moya, al igual que a sus víctimas anteriores, iba a obligar a Pérez a firmar un contrato de prestación de servicios para cubrirse las espaldas. Si había contrato, no existía delito.

Pero ese exceso de meticulosidad le costó caro. Ramiro Pérez se había coordinado con la Brigada de Robos Metropolitana Oriente (Biro Oriente) de la PDI, y Gonzalo fue detenido justo cuando recibió el cheque en sus manos. Irónicamente, en el Día Nacional del Motel. Sus días de fisgoneo impune habían llegado a su fin.

OJO DELATOR

Gonzalo Moya es un tipo misterioso. Se sabe que creció en Puente Alto, pero no hay certeza de sus estudios superiores. Según los antecedentes que maneja la PDI, Moya aseguró ser un ex funcionario de Carabineros tratando de ganarse la vida, pero aún no han podido comprobarlo. Es soltero y no tiene hijos. Y según involucrados en la investigación, es un mitómano de tomo y lomo: “Con todas las pruebas en contra, sigue insistiendo que es investigador privado y que no ha hecho nada malo. Insiste que era contratado en secreto y que la gente, por vergüenza, no querían aceptarlo y se estaban vengando de él”.

El paparazzi motelero no era un personaje desconocido para la PDI. El primer encuentro lo tuvieron en septiembre del 2015, cuando Cristián Vásquez, hoy jefe de la Biro Oriente, trabajaba para la Brigada del Crimen (Bicrim) en La Reina. “Un día llegó una denuncia asegurando que un fotógrafo estaba acosando moteleros con una cámara de fotos y después pedía plata por las imágenes, pero no había pruebas”, cuenta Vásquez.

A pesar de eso, decidieron hacerle un control de identidad. Ahí, por primera vez, dijo que era ex carabinero y se ganaba el pan como investigador privado de infidelidades. Negó las extorsiones y como figuraba sin antecedentes, lo dejaron ir.

Un año después, una mujer afligida llegó a la brigada de la PDI. “Estaba muerta de vergüenza, pero finalmente aceptó que estaba casada, pero que era infiel y un tipo llevaba semanas extorsionándola”, relata el Jefe de la Biro Oriente. Poco tiempo después, recibieron otra denuncia más y luego, el llamado de Ramiro Pérez, administrador de uno de los moteles.

El perfil de las víctimas de Gonzalo Moya era acotado: hombres y mujeres profesionales, casados, con domicilio en el sector oriente y ojalá, con hijos. La PDI logró acumular cuatro denuncias en su contra, pero según fuentes cercanas a la investigación, el total serían más de 15. “Hoy es materia de indagación si Moya tenía acceso a información privilegiada o si trabajaba junto a más personas”, afirman. The Clinic consultó a Carabineros si manejaban antecedentes de Gonzalo Moya, pero no recibimos respuesta.

El modus operandi del curioso fotógrafo también era siempre el mismo. Aseguraba que su nombre era Daniel Valenzuela –sí, como el gorreado ex animador de Extra Jóvenes-, les mandaba fotos incriminadoras y les pedía casi dos millones de pesos a cambio. “Después ya me daba risa, porque Moya es en realidad un gran emprendedor chilensis. No tenía pega así que te obligaba a contratarlo mediante chantaje. Un genio para evadir la crisis”, bromea el administrador del motel.

Gonzalo Moya fue formalizado un día después de ser detenido y quedó libre con firma quincenal, arraigo nacional y prohibición de acercarse al motel y a sus víctimas, mientras dure la investigación. El fiscal Metropolitano Oriente de Flagrancia, Ernesto Navarro, es el encargado de dirigir la indagatoria por el delito de amenazas simples contra personas y propiedades. A finales de enero, la Brigada de Investigación Criminal de Buin detuvo gracias al testimonio de una secretaria de Moya, a dos involucrados más en los chantajes. Según la declaración de la ex empleada del paparazzi amateur, Moya seguía cometiendo el mismo delito en Buin junto a sus dos cómplices a pesar de que ya había sido formalizado. Hoy, Gonzalo Moya se encuentra prófugo y la PDI lo busca en todo el país, mientras acumula al menos tres querellas en tribunales por amenazas y extorsión. Por estos días, Moya acumula tres querellas en tribunales por parte de algunos valientes que decidieron denunciarlo.

-Hay que funarlo no más, porque más allá del pollito al velador, le robó plata a mucha gente. A mí ya me da lo mismo. Hay que dar la cara porque yo quiero mi plata de vuelta, cueste lo que cueste- alega una de las víctimas.