El escritor y analista político David Rieff estudia en su último libro el culto a la memoria histórica y considera que, a veces, lo correcto es olvidar porque el exceso de recuerdo tiene más riesgos y “puede ser grave durante las guerras o las crisis sociales”.

“Elogio del olvido” editado por Debate, es el título de esta obra de Rieff (Boston, EE.UU., 1952) en la que analiza varios conflictos de la historia contemporánea -el de Irlanda del Norte, la Guerra Civil española o las guerras de los Balcanes-, así como el Holocausto o los atentados el 11S, y concluye que la memoria colectiva no es tanto un imperativo moral como una opción.

La Transición española es uno de los episodios que aborda en su libro, donde pone como ejemplo el “pacto de olvido” entre la izquierda y la derecha que, aunque nunca se formalizó, cree que resultó esencial para el acuerdo que restauró la democracia.

“En gran medida, la transición democrática llegó sobre las alas de la reescritura y del olvido”, sostiene David Rieff.

Según el autor, países como España o Francia ya no se enfrentan a grandes guerras y crímenes, salvo el terrorismo, y por eso, “los riesgos derivados de la rememoración pueden ser manejables”.

Pero en otras partes del mundo “la cuestión sobre si se debe dejar de elogiar el recuerdo y comenzar a elogiar el olvido es más acuciante”.

Los Balcanes o Israel son algunas de estas zonas, en opinión del autor, que cree que en países como Sri Lanka, Colombia y Ucrania “no es tanto una cuestión de olvidar ahora como darse cuenta de que en algún momento del futuro (…) será mejor abandonar las victorias, las derrotas, las heridas y los rencores que se conmemoran”.

Cerca de los primeros puestos de este grupo, Rieff sostiene que colocaría “a Estados Unidos y el recuerdo de los atentados del 11 de septiembre de 2001”.

Aunque asegura que no intenta prescribir un “alzheimer moral” ni discute la decisión de los colectivos que quieren recordar a sus propios muertos o exigir el reconocimiento de los sufrimientos causados, Rieff considera que el exceso de olvido “no es con mucho el único riesgo”.

También lo es el exceso de recuerdo en unos tiempos, comienzos del siglo XXI, en los que la gente está obsesionada con un culto nuevo, el de la memoria, dice.

“La conmemoración podrá ser aliada de la justicia pero, contra la opinión general del movimiento pro derechos humanos, pocas veces es amiga de la paz”. Y el olvido puede desempeñar esa función y a menudo así ha sido, sostiene el escritor.