Una mujer desesperada escribe al doctor Cariño de la Cuarta para contar la historia en la que se encuentra envuelta, acaso por esas casualidades de la existencia.

Relata Manena que todo partió cuando un pariente sanguíneo llegó del norte hace dos meses. Al principio- dice- no quería acogerlo, pero tanto insistió su propio marido que terminó por darle techo.

Explica la mujer -que ya advertía las consecuencias- que su negativa pasaba porque con sólo mirarlo, el primo en cuestión denotaba que era un semental.

“Lo traté re mal, lo basureaba y agachaba la cabeza hasta que un día lo humillé tanto, que se bajó los pantalones y vi la cosa más impresionante de mi vida. Terminé de rodillas rendida a sus pies. Ahora es mi amante puertas adentro. Él no me busca, soy yo, no lo puedo evitar. Pero no quiero más. La otra vez quiso irse, pero no lo dejé, le imploré de rodillas y se quedó. ¿Cómo lo saco?” se pregunta angustiada.

En respuesta, el doctor de la Ventanita Sentimental señala lo extraño de la situación, esto en cuanto a que el venado del marido no se dé cuenta. “Mire, si sigue con la sinverguenzura de hacerse tira con el trípode nortino la van a pillar en pleno galope y ahí va a quedar la escoba”, sugiere.

“Mírese al espejo, pregúntese si ama a su marido o si ama al machote que le hace crujir los huesitos. Si lo suyo es ser hembra del sátiro, busque su destino con él, porque estoy seguro que al pobre gil que tiene de marido no lo ama para nada. Menos mal que no tienen críos, sino la cosa sería peluda. Ya. corte por lo sano y decídase de una vez”, cierra el consejero.