El papa Francisco se reconoce como “pecador” y “no infalible” en una entrevista con el semanario alemán “Die Zeit”, en la que se muestra preocupado por los populismos en las democracias occidentales y especialmente en Europa.

“El populismo es malo y acaba mal, como ha mostrado el pasado siglo”, afirma Francisco, quien considera que esas tendencias se basan en la utilización de las personas, para lo que se recurre a mesías con el argumento de que hay que proteger la identidad del pueblo.

El papa vuelve a hablar de una tercera guerra mundial y pide dirigir la mirada, por ejemplo, a Ucrania, Asia o Irak.

Preguntado por si atraviesa momentos en los que duda de la existencia de Dios, responde que él también conoce “los momentos de vacío” y de oscuridad.

Tales crisis son, sin embargo, a su juicio, una oportunidad para crecer: “No quiero decir que la crisis sea el pan de cada día de la fe, pero una fe que no atraviesa crisis para crecer, se mantiene infantil”.

Francisco, según “Die Zeit”, se ve como un creyente normal: “No me veo como alguien extraordinario”, apunta.

“Soy pecador y no soy infalible”, añade para rechazar el culto a la persona del papa.

“No debemos olvidar que la idealización de una persona es también una especie de agresión subliminal. Cuando soy idealizado, me siento agredido”, señala en la entrevista, celebrada en el Vaticano a finales de febrero.

El papa considera problemática la escasez de vocaciones sacerdotales en muchos países, como Alemania, y cree que es un desafío que la Iglesia debe afrontar sin miedo.

A su juicio, “falta oración”, trabajar con los jóvenes que buscan orientación y servir al prójimo.

Francisco hace hincapié en la necesidad de acercarse a los jóvenes a pesar de las dificultades porque son “los grandes perdedores de la sociedad moderna” y denuncia el “gran problema” que suponen las elevadas tasas de paro en muchos países.

Las bajas tasas de natalidad, añade, son también un “serio problema”, porque “donde no hay hombres jóvenes, no hay sacerdotes”

Reconoce que, al analizar la falta de vocaciones, se habla también de celibato voluntario, pero sostiene que esa no es “ninguna solución”.

Sí admite la posibilidad de, por ejemplo, reflexionar sobre los “Viri probati”, hombres casados que podrían asumir determinadas tareas en comunidades lejanas, y recuerda que una comisión analiza el papel de las mujeres diáconas en la iglesia antigua, pero precisa que se creó para “investigar el tema, no para abrir una puerta”.

La teología, sostiene, debe investigar: “Los miedos cierran puertas. La libertad las abre. Y cuando la libertad es pequeña, por lo menos se abre una ventanita”, añade.