Stade Vélodrome 2015, Francia.

Sábado 22 de octubre del 2016. Son alrededor de las 4 de la tarde en el Estadio Chacabuco, Recoleta. El calor es intenso y la cancha de pasto sintético sólo empeora las cosas. Hay poco menos de 100 personas sentadas en la galería de madera que está en el lugar. Están las pololas, amigos del barrio y familiares de los jugadores que, partido tras partido, les van a dar su apoyo.

En el camarín de Deportes Recoleta nadie habla. El silencio es total. En vez del entusiasmo por entrar a una cancha de fútbol, pareciera que el equipo se dirige a un funeral. O lo que es peor: Al entierro de sus propias aspiraciones. El club viene de perder dos partidos seguidos, y si no ganan, el sueño de alcanzar el profesionalismo se les escapa de las manos. Un sueño que atesoran desde hace un año, cuando subieron a Tercera A siendo apenas unos debutantes. Los nervios parecen traicionar al equipo: Si pierden contra Provincial Talagante dejarán de ser líderes del torneo.

Fabián Marzuca, el entrenador del equipo, olisquea el ambiente. Si hay algo que aprendió durante su estadía en el Olympique de Marsella, junto a Marcelo Bielsa, es que en ocasiones como esta la motivación es fundamental. El DT les pide un minuto de atención a sus dirigidos, luego saca unas camisetas azul marino de una bolsa y se las muestra al equipo.

-¡Este proyecto lo comenzamos de cero y todos nosotros somos parte de él!– les dice con voz firme.
Los jugadores observan sorprendidos la primera camiseta del club. Una polera azul marino, que entonces ni siquiera tenía el logo del club, con la que habían debutado hacía un año atrás. Aún la usan a veces, especialmente durante la pretemporada, y pese a que a la mayoría del equipo no le gusta, le tienen un cariño especial. El cuerpo técnico las había mandado a hacer a un sastre y el dinero había salido de sus propios bolsillos.

-Lo único que les pido es que defiendan estos colores con el mismo cariño que nosotros compramos estas camisetas para ustedes. ¡Tienen que empaparse con la historia de Recoleta! – gritó eufórico el técnico.
Deportes Recoleta terminó ganando cuatro a tres, revirtiendo el marcador al final del encuentro. “Verlo con esas ganas, con ese nivel de emoción antes de salir, me llegó harto. Yo soy criado acá y le he ido tomando cariño a estos colores”, recuerda Álvaro Meneses (24), defensa central del equipo.
Fabián Marzuca resume el momento con aire profético: “Nuestra profesión es de mucha intuición y sentí que ese momento era para preparar algo especial”. No se equivocó. Seis fechas después el equipo daría la vuelta olímpica en la misma cancha.

PELOTERO DESORDENADO
A Fabián siempre le gustó el futbol. Y Rubén, su papá, lo ayudaba en eso. Le daba permiso, lo dejaba salir, todo lo contrario a su esposa Mercedes, preocupada por las bajas notas de su hijo. “En el colegio siempre se conformaba con los puros cuatros”, comenta. Tanto así, que luego de descubrir que escondía las malas calificaciones, lo castigó con lo que más le dolía: el Play y la pelota.

Su padre, que jugó en los cadetes del Audax Italiano, en las juveniles de Colo Colo y a prueba en el primer equipo de Unión Española, era más relajado. Lo llevó por primera vez a una cancha cuando tenía sólo 6 años. “Fuimos cerca de la casa para que chuteara con los hijos de mis amigos”, recuerda. Se juntaban todos los fines de semana a pelotear en la liga del barrio. Ahí comenzó la trayectoria deportiva de Fabián, que por un momento pensó en ser futbolista profesional, pero terminó en la banca siendo DT.

El entonces futuro entrenador de Recoleta comenzó a jugar en un pequeño club de barrio llamado Intimo. Pasó por varias posiciones, nunca una fija. Jugó de lateral, central, de puntero y terminó siendo “nueve” anotando unos 14 goles, recuerda Rubén. “No es una mala cifra, pero puede que me traicione la memoria”, agrega.

Padre e hijo coinciden en algo: Fabián era ahí no más para la pelota. Nunca destacó. Cuando le preguntan por qué quiso ser DT y no jugador de fútbol responde con una honestidad pasmosa. “Era malo”, dice. Pero lo intentó.
A los 13 años estuvo en una escuela formativa de la Universidad de Chile al arco, pero se fue al poco tiempo. Después estuvo en las divisiones menores de Cobresal, pero alcanzó a estar tres meses. “Me echaron por malo”, recuerda entre risas. “Tenía hartas ganas de ser futbolista, pero a los 17 años me di cuenta que no tenía formación y decidí que estudiaría algo relacionado al deporte”.

Luego de egresar del colegio, en el año 2008, ingresó a la Universidad Andrés Bello. Cuatro años más tarde se recibió de Profesor de Educación Física. Tenía 21 años y soñaba con crear una escuela de fútbol en Recoleta. Fueron tantas sus ganas que se armó de valor junto a su amigo Matías Núñez, actual preparador físico del equipo, y acudieron a presentar el proyecto al municipio. La Corporación de Deportes encontró buena la idea, pero tenían otro plan en mente: crear un equipo de fútbol. Una idea que parecía una locura, con varios técnicos que habían rechazado el proyecto, y que terminaron ofreciéndosela al par de novatos que habían llegado a presentarse. “Cuando nos dieron esta posibilidad no teníamos pega, así que aceptamos nomás”, comenta Matías.

Fue así como Fabián y su padre comenzaron a recorrer la comuna en busca de talentos. Recorrieron barrios, calles, pasajes y peladeros, cualquier lugar que pudiera convertirse en una improvisada cancha. No importaba la lluvia o el sol asfixiante.
-¿Viste a ese cabro? Tiene buen chute –le comentaba Rubén Marzuca, mientras observaban un partido en la cancha La Obra en Recoleta.
-Lo noté al principio –le respondía su hijo Fabián, atento al juego.

Antes de conformar el plantel, Fabián hizo un trabajo de hormiga. Se tomó 8 meses del 2013 sólo para buscar jugadores. Paralelamente se puso a estudiar la carrera de Técnico en el Instituto Nacional del Fútbol, INAF. Mezclar sus estudios y la búsqueda de talentos fue su gran desafío antes de comenzar a dirigir oficalmente el club.
De Recoleta han salido grandes jugadores y Fabián estaba seguro que podía encontrar a los jóvenes valores que necesitaba. No estaba dispuesto a que se perdieran sin una oportunidad para desarrollar sus habilidades. De la comuna han surgido nombres como Branco Provoste de Colo Colo, Pablo Aránguiz de la Unión Española y Jeisson Vargas de Estudiantes de la Plata (Argentina). “Fue la única manera que encontramos para que esto surgiera, porque acá en las poblaciones se pierden muchos cabros, ya nadie hace ese trabajo”, comenta Fabián.

Sábados y domingos veían casi cuatro partidos por día y anotaban nombres, charlaban con ellos un rato y luego los invitaban a los entrenamientos. “No creían que estábamos creando un club, pero de a poco fueron llegando. Lo acompañé todo el tiempo, íbamos a las poblaciones, al estadio municipal, a donde estuvieran jugando cabros”, comenta Rubén.

Stefan Pino (21) recuerda cuando fue a probarse. Iba con la esperanza de quedar y comenzar su carrera futbolística. Siempre había jugado de contención y Fabián lo convenció de jugar de nueve. Le decía que tenía las cualidades. “Algo vio en mí que me puso en ese puesto”. Estuvo dos años siendo una de las figuras del equipo hasta que lo fichó Temuco, equipo de primera división, que luego lo mandó a préstamo a La Pintana, futuro rival de Deportes Recoleta en Segunda División. “Me ayudó mucho como jugador, dándome confianza y diciéndome que si me sacaba la mierda podía llegar lejos”, recuerda.
Rubén Marzuca y Fabián Marzuca.

RECOLETA POR EL MUNDO
Fabián no quedó contento con su formación en el Instituto Nacional del Futbol (INAF) y apenas se tituló de entrenador, a comienzos de 2015, decidió realizar un viaje en busca de conocimientos reales, no los que atesoraba en sus cuadernos de estudiante. “Eran puros conocimientos básicos que no te hacen competitivo y esto depende mucho de uno”, comenta recordando aquellos tiempos.

Su idea era empaparse de nuevas experiencias y replicarlas en Deportes Recoleta. Su primera intención era llegar a Uruguay. Pensaba que ahí encontraría el ambiente que le interesaba, uno de carácter más aguerrido, pero un amigo que trabajaba con Bielsa en el Olympique de Marsella le consiguió una pasantía junto al rosarino cuando recién llevaba un año de carrera como director técnico.

En enero de aquel año partió a Francia, alojando en pequeñas habitaciones de hotel cerca de los lugares de entrenamientos. Comía lo que pillaba y estaba todo el día en la cancha. Allá se empapó del estilo Bielsa. “Él era muy serio, sólo se limitaba a lo profesional. No hablaba nada que no fuera el trabajo”. Fabián recuerda que sus charlas en los camarines eran con gritos, abrazos y arengas, como si siempre jugara la final del mundo. Esas imágenes le quedaron tan grabadas, que luego intentó replicarlas con los jugadores jóvenes en Recoleta que esperaban con ansias el retorno de su DT.

Hay algo que le llamó la atención en el viejo mundo: Todo funcionaba como reloj y el deporte se sentía a flor de piel. Partiendo por el mismo Bielsa. La única vez que el trasandino le habló durante los entrenamientos fue para preguntarle su opinión respecto a Martín Lasarte. Fue un dialogo corto, de un par de minutos. “Yo le dije que me parecía que le funcionaba su trabajo, pero se conformaba con muy poco y a mí no me gustaba eso”. Bielsa lo miró y le respondió, sin ahondar mucho, que compartía su opinión.

Fabián siguió su viaje y llego al Atlético de Madrid. Conocía a los jefes técnicos del fútbol formativo de la Universidad de Chile, que eran españoles, y le consiguieron otras pasantías en España. Ahí ayudó en el primer equipo del club y después se fue al Rayo Vallecano. “Fue una experiencia súper enriquecedora, llegué súper cargado de ideas para afrontar otro año que se nos venía duro”, dice.

Ese año Deportes Recoleta salió campeón de la Tercera B logrando el ascenso a la Tercera A. Al año siguiente no salieron campeones pero lograron ascender a Segunda División, transformandose en el club que más rápido ha ascendido al profesionalismo en la historia.

En febrero de este año, Fabián y parte de su cuerpo técnico realizaron una nueva gira por Europa. Primero llegaron al Dinamo de Kiev, luego visitaron el Rubin Kazán (ruso) y finalmente el Hebei Fortune (chino), equipo dirigido por Manuel Pellegrini, que se encontraban entrenando en España por la ola de frío que azotó este verano a Asia. Pellegrini les comentó que tenía bonitos recuerdos de cuando entrenaba con la U en Recoleta, pero nunca pudieron ahondar más por la escasez de tiempo del DT.

Algo similar les pasó cuando fueron en busca de Sampaoli en el Sevilla y tuvieron que conformarse con una breve conversación con Jorge Desio, preparador físico del club, quien les permitió ver los entrenamientos del club. “Nos felicitó por las ganas y el entusiasmo, fue muy expedito”, recuerda.

Sus rutinas eran casi calcadas. Se levantaban alrededor de las 7 de la mañana y terminaban el día a las 5, dependiendo de donde estuvieran. Generalmente se quedaban una semana en cada club. Fabián anotaba todos los detalles del entrenamiento para luego reproducirlos con sus jugadores en Chile.
El momento más emotivo de la gira técnica fue cuando llegaron al Deportivo Leganés, equipo que en cuatro años logró ascender de la tercera a la primera división del fútbol español, guiados por su entrenador Asier Garitano. Una historia que Fabián espera replicar en los próximos años. “Es bonito ver que esta historia se puede repetir en otros lados del mundo. Nada es imposible”.

EL CAMARÍN
Aunque se permite el reguetón en el camarín, los jugadores no pueden festejar tanto. Tienen apenas unos minutos para cambiarse porque Fabián es de temer. Serio. No deja pasar una. Los atrasos los condena, dejando sin jugar a aquellos que se atrasan o se demoran demasiado equipándose. La hora de llegada es a las 9:45, y el que llega un minuto tarde, debe pagar 5 lucas que van a un fondo común para comprar pelotas, implementos para el kinesiólogo o, como en algunas ocasiones, para asados después de los partidos.

Claudio Riveros (23), integrante del club, en más de alguna ocasión llegó tarde. Comenta que tuvo que pagar varias veces la plata, pero por suerte nunca quedó sin jugar. Otra suerte vivió Nicolás Astete que este año fue reclutado por Palestino. “Una vez me demoré unos minutos más y cuando salí me dijo que me fuera para la casa, que no iba a jugar”. Fabián no lo perdonó. Esa vez se fue para la casa y no lo dejó jugar el fin de semana. “Me dijo que un atraso significaba poca seriedad”, recuerda Nicolás, elegido como el mejor jugador del futbol amateur el año pasado.

Incluso en las celebraciones el DT es más bien austero. Las pocas veces que hicieron asados, Fabián siempre participó un rato y luego se retiró a su casa. Tal como lo hizo, en diciembre del año 2015, cuando Deportes Recoleta se transformó en el flamante campeón de Tercera B, superando a AC Colina por tres goles a cero. Fabián, aquella vez, dejó a los muchachos celebrar en el camarín. Ellos lo invitaron a festejar el triunfo a una disco. Pese a tener 23 años, al igual que gran parte del equipo, no quiso aceptar la invitación. “Me vine a mi casa a comer una sandía. Esa fue mi celebración”, cuenta.